Editorial

Draghi se toma más tiempo

Mario Draghi se sabe bien su papel, y difícilmente se va a salir del guión. Los siempre hambrientos mercados esperaban ayer novedades en la política del BCE y la respuesta de la autoridad monetaria, muy en su línea, fue no darlas o, lo que es lo mismo, dejar las cosas como están: los tipos de interés siguen en el mínimo histórico y el programa de compra de deuda mantiene su esquema y calendario, hasta marzo de 2017 y, aquí está la clave, “más allá si es necesario”. En realidad, lo que hace el BCE es ganar unas semanas, consciente de que la inflación en la zona euro parece repuntar –aunque siga muy lejos del deseado entorno del 2%–. Ahora se trata de esperar a que en diciembre se pronuncie sobre la más probable ampliación de la política de compra de activos para ayudar a la recuperación, o bien ceda a las presiones de Berlín contra lo que ve como “respiración asistida”. Hay, sin embargo, dos cosas que sí ha dejado claras Draghi: es poco probable un final abrupto del plan de estímulos y el BCE no ve la formación de burbujas en el horizonte. A nadie se le escapa que la política del BCE mira de reojo a una Reserva Federal que también espera a diciembre, en su caso para retomar las subidas de tipos, mientras esta mira a su vez a las elecciones presidenciales en EE UU.

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