Digitalización a marcha forzada

¿Qué consecuencias tendrá la nueva reestructuración bancaria?

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El anuncio de que el FROB, principal accionista de las entidades financieras Bankia y Banco Mare Nostrum (BMN) del encargo a la primera de estudiar la fusión de ambas entidades puede haber pillado por sorpresa a algunos, pero era más que un rumor en el sector. Lo que sí significa es un pistoletazo de salida a un próximo trienio, el 2017-2019 que consolidará y acelerará la reestructuración bancaria con una drástica reducción de oficinas que sólo espera una estabilidad en el Gobierno para acelerar un proceso irremediable.

A pesar de los cierres pasados y presentes la situación de la banca comercial en España sigue estando sobredimensionada en un entorno que cada vez empuja más a la reducción de tamaño. De hecho, países con muchas menos sucursales como Reino Unido u Holanda están reduciendo el tamaño para adaptarlos a una coyuntura complicada para la banca tradicional en Europa y agravada en España. Los reducidísimos márgenes de intermediación afectan a toda la banca de la zona euro y hacen muy difícil rentabilizar una oficina que necesita por tanto una ratio de clientes por empleado mucho más alto.

En España, la situación es peor. Los costes de comercialización son más elevados, el número de oficinas no rentables, especialmente en zonas rurales es mucho mayor y la comercialización de productos con mejores márgenes (planes de pensiones, fondos de inversión o todo tipo de seguros) sigue siendo minoritaria. De hecho, el impulso en la contratación de hipotecas, que tanto vemos en los medios es insuficiente desde el punto de vista de la banca comercial.

  • ¿Oficinas especializadas?

Por todo ello, no sólo nos dirigiremos a tener menos oficinas, sino a especializar las mismas. Tendremos menos oficinas pequeñas, de barrio o pueblo, para operaciones del día a día o como intermediaria para operaciones más complejas que serán gestionadas por oficinas especializadas. Uno de los casos más importantes lo tendremos en las hipotecas. La tendencia está en que, aunque nos dirijamos a nuestra oficina a solicitar un préstamo de este tipo, este será transferido a un gestor que aglutinará todas las operaciones de la zona. Con ello, se aminoran costes y sobre el papel, el cliente tampoco pierde ya que tendrá un trato más profesionalizado.

Esta tendencia de oficinas principales y oficinas satélite irá creciendo con el tiempo, tanto por especialización en productos como en segmentos de clientes (por ejemplo, autónomos y pymes) será cada vez mayor. Todo ello como una etapa puente, ya con el paso del tiempo también estas oficinas pequeñas tenderán a reducir su tamaño.

  • Digitalización a marcha forzada

La duración de esta etapa transitoria o puente dependerá de cómo se consigan los objetivos de digitalización. El cierre de oficinas es un componente de ahorro de coste que tiene que complementarse e ir a la par con un mejor y más universal acceso a la gestión bancaria de forma online. No sólo se tiende a realizar operaciones cotidianas o contratación de productos desde el ordenador, se debe buscar cubrir todos los aspectos que podemos hacer desde la oficina, desde la atención al cliente a la personalización de servicios. Todo ello ayudará a reducir el tamaño de la red comercial básica, pero con un importante riesgo, el de marginar o expulsar a una clientela que no se puede adaptar a estos cambios.

Con expulsión no estamos hablando que se le impida operar en su banco, sino que se le pondrán más trabas o más costes en su relación con el banco. Ya lo vemos en muchas entidades cuando, por ejemplo, la gratuidad a la hora de realizar transferencias es si se hacen por Internet o cuando se imponen mínimos muy altos a la hora de disponer efectivo en ventanilla, obligando a hacerlo por el cajero.

  • Nuevos operadores de banca

Los cambios se realizan en el corto plazo y con urgencia para abordar el otro gran problema con el que se enfrentará la banca en el medio plazo, la entrada de nuevos operadores en el negocio financiero.

De la mano de la revolución tecnológica que estamos viviendo están surgiendo decenas de monedas virtuales, wallets, sistemas de pago por móvil o nuevas fórmulas de préstamos, supermercados de fondos y financiación entre particulares. Aunque todas estas están en una fase aún inicial su potencial de crecimiento es enorme y puede llevar a desbancar a buena parte del negocio tradicional bancario. Aunque la banca se adapte innovando y lanzando aplicaciones propias que replican estas soluciones la libertad que te ofrecen los operadores independientes a una generación cada vez más unida a la tecnología es un reto muy complicado de solventar para unas entidades financieras que se preocuparán más de no perder clientes que de captar nuevos.

Todo ello lo veremos en un futuro nada lejano. Comenzaremos ya, con un trienio duro en el que endurecerán los cierres de oficina y fusiones. Seguiremos con una adaptación por parte de los bancos buscando una mayor eficiencia y control de costes y acabaremos con la llegada de nuevos operadores especializados muy relacionados con las nuevas tecnologías. Ante todo, ello, el cliente debe tener un papel muy activo. Debe comparar más que nunca, ver que es lo que más le conviene y huir de vinculaciones que coarten su libertad de elección para siempre optar por lo que más le convenga.

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