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Ámsterdam aspira a ser la nueva City

El tope a los bonus de los directivos, del 20% del salario, es el gran obstáculo para su candidatura

Brexit
Euronext, la Bolsa de Ámsterdam.

Ámsterdam ha atraído históricamente a empresarios extranjeros con incentivos financieros. A comienzos de su edad de oro en el siglo XVII, la ciudad utilizó fondos públicos para traer sopladores de vidrio de Venecia, artesanos de tapices de cuero dorado de Amberes y sombrereros de Francia.

Es probable que el brexit obligue a decenas de empresas y bancos internacionales a mover su sede europea a otro lugar del continente. Dublín o París están cortejando de forma abierta a empresas como Goldman Sachs, Morgan Stanley y Mitsubishi. Fráncfort se anuncia como Un lugar para los banqueros, para los hipsters y para ti.

Pero como me dijo recientemente el jefe europeo con sede en Londres de uno de los principales bancos de inversión de Wall Street, “el mejor lugar de todos sería Ámsterdam. Mi única duda es si los holandeses nos quieren”.

Es fácil ver por qué los dueños modernos de las finanzas tienen debilidad por Ámsterdam, más allá de sus encantadores canales y la fácil disponibilidad de cannabis. “Las finanzas están en el ADN de su gente”, dice Karl Guha, presidente de Van Lanschot, un grupo bancario mercantil y de gestión patrimonial.

“Sería el mejor lugar. Mi única duda es si los holandeses nos quieren”, dice el jefe europeo de un banco de inversión de EE UU

No es una hipérbole. En 1602, cinco años después de que una flota de marineros holandeses estableciera una ruta comercial a la India, los comerciantes de Ámsterdam crearon la Compañía Holandesa de las Indias Orientales (VOC), la primera sociedad anónima multinacional del mundo en la práctica. Para negociar las acciones y bonos de VOC y promover la distribución de riesgos, la ciudad fundó lo que era, en esencia, la primera bolsa de valores.

La SA, que consiguió el monopolio de las operaciones con Asia, fue financiada por más de 1.800 inversores, que eligieron a 17 directivos para supervisar sus asuntos. El City Exchange Bank, básicamente el primer banco central del mundo, abrió en 1609 para manejar la moneda extranjera que llegaba a Ámsterdam. El éxito de VOC dio lugar a la Compañía de las Indias Occidentales, que estableció la colonia de Nueva Ámsterdam, la actual Nueva York. Quizás fue la startup de más éxito de la historia.

“Ámsterdam es historia viva, con todas las comodidades de una metrópolis moderna”, dice Jan Paternotte, líder del partido D66 en el Ayuntamiento de Ámsterdam. “Añádase a esto su reputación como semillero de innovaciones liberales. Es un lugar especial.”

Paternotte también sostiene que es más segura que otras grandes ciudades europeas, está cargada de cultura y opciones de ocio, y casi todo el mundo habla inglés. En términos más prácticos, cuenta con la infraestructura de transporte que necesitan los banqueros: un aeropuerto internacional con conexiones con toda Europa, Asia y América, a 20 minutos en tren del centro de la ciudad.

Proporcionar alojamiento adecuado a una gran afluencia de trabajadores de cuello blanco no será fácil. Y no hay sitio suficiente en las escuelas internacionales. Pero, como señala Paternotte, a los holandeses se les da bien encontrar soluciones creativas a los problemas: solo hay que mirar la tierra que han ganado al mar a lo largo de los siglos.

¿Desventajas? La primera de la lista es la Ley Neerlandesa de Políticas de Remuneración de Entidades Financieras, que entró en vigor en febrero de 2015. Fija un tope del 20% sobre los bonus pagados a personal de la industria financiera. En el resto de Europa se limitan las bonificaciones al 100% del salario –o al 200% si lo aprueban los accionistas.

Es cierto que la norma, que fue adoptada tras los fracasos de bancos holandeses, principalmente, ABN Amro, en la crisis financiera, tiene algunos matices. El tope no se aplica de forma individual, sino a la bonificación media de este tipo de personal en conjunto. Y algunos empleados de empresas extranjeras pueden evitar las restricciones por completo.

Al igual que en gran parte de Occidente, hay poco interés por relajar las normas que restringen el sueldo de los banqueros ricos. Si acaso, es más probable que los legisladores holandeses la extiendan a otros ámbitos de las finanzas, como los seguros o la gestión de activos.

Ese puede ser el mayor obstáculo para que Ámsterdam sea centro financiero: se corre el riesgo de convertir a los ciudadanos locales en gente de segunda clase. Es difícil imaginar una manera peor de reavivar las fortunas de la clase bancaria.

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