El Foco

El ‘Brexit’ y la rebelión de los parias

Polonia o Hungría reclaman la vuelta a la soberanía nacional. Otros rechazan la idea de crear un ejército europeo

Manifestantes en Downing Street tras la decisión de Reino Unido de abandonar la Unión Europea.
Manifestantes en Downing Street tras la decisión de Reino Unido de abandonar la Unión Europea.

No hay que preocuparse; las aguas vuelven a sus cauces. Quienes estaban coqueteando hace apenas unos meses con la idea de abandonar la Unión Europea, siguiendo el ejemplo de Londres, parecen haber recapacitado. Los ánimos se han sosegado. Los detractores de la Unión se habrán dado cuenta de que el peligro es real. Cuando se trata de perder algo tan valioso (como la pertenencia a la UE), se sopesan los pros y los contras y se llega fácilmente a la conclusión de que el precio que hay que pagar es demasiado elevado”.

Las palabras conciliadoras de Thierry de Montbrial, presidente del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI), sorprendieron a los telespectadores de la lejana Rumanía, único país de Europa oriental cuyos gobernantes aceptan y defienden a ultranza la política comunitaria del tándem Merkel–Hollande, rechazada por los miembros del llamado grupo de Visegrad (República Checa, Eslovaquia, Hungría y Polonia).

Hace ya algún tiempo que los miembros de esta agrupación tratan de poner en tela de juicio las decisiones tomadas por Bruselas o, mejor dicho, por las dos locomotoras que rigen los destinos de la Unión: Alemania y Francia. Si bien hasta la crisis de los refugiados, las críticas parecían más veladas, el ukase de Berlín sobre el reparto de la inesperada marea humana tropezó con la negativa de los países más necesitados de la UE, poco propensos a compartir su pobreza con seres de otra confesión (léase musulmanes) procedentes de Asia o de África. En este caso concreto, rumanos y búlgaros, auténticos parias de la Unión, cuyo nivel de vida no es comparable con el de los vecinos centroeuropeos, se sumaron al frente del rechazo. Mas la osadía les valió un buen tirón de orejas; Frau Merkel no bromea.

Los Gobiernos conservadores de Polonia y Hungría alegaron motivos meramente culturales (¡religiosos!) para rechazar la presencia en su suelo de refugiados musulmanes. El enfado de la canciller de hierro coincidió, sin embargo, con los primeros incidentes raciales registrados en Alemania y Suecia. La aplicación de la política de dispersión de los inmigrantes quedó relegada a un segundo plano. Pero el no de Visegrad sigue vigente. ¿Mero capricho? No, en absoluto. Los Estados periféricos, marginales y/o marginados no se revelan solo contra la actuación autoritaria de Angela Merkel. Algunos, como Polonia o Hungría, por ejemplo, reclaman la vuelta a la soberanía nacional, diluida en el amplio concepto de más Europa. Otros rechazan la idea de crear un ejército europeo, confiando sin duda en el paraguas de la OTAN.

"El reparto de refugiados tropezó con la negativa de los países más necesitados de la Unión Europea"

¿Seguir el ejemplo de Londres y abandonar la UE? No, en absoluto. Lo que pretenden los polacos (y también los húngaros) es la renegociación del Tratado de la Unión, una nueva percepción de la realidad comunitaria, la introducción de nuevos conceptos, como la amplia participación ciudadana en la gobernanza del Viejo Continente. Solo una Europa fuerte, una Unión renovada, será capaz de hacer frente a los avances de Vladimir Putin, estima el polaco Jaroslaw Kaczynski, líder del partido Verdad y Justicia.

No se trata, pues, de derribar el edificio comunitario, sino de lograr que los Estados de Europa oriental adquieran más peso en Bruselas y Estrasburgo. Algunos analistas especializados en la política de los países ex miembros del Pacto de Varsovia y el Comecon, estiman que los integrantes del grupo de Visegrad quieren poner en jaque la hegemonía alemana, maniobra inimaginable hace apenas un par de años.

¿Se puede contemplar una renovación profunda de las estructuras comunitarias sin tocar los cimientos del edificio europeo? Los optimistas no dudan en la capacidad de los 27 de sacar adelante el proyecto sin tropezar con obstáculos mayores. De hecho, el terremoto provocado por el brexit reitera la fortaleza del entramado de la Unión. Sin embargo, los pesimistas hacen hincapié en la convulsa situación internacional, que recuerda extrañamente al período interbélico. Crisis, paro, nacionalismos, populismo, xenofobia: todos los ingredientes están presentes.

Analizando el posible impacto de la retirada británica de la Unión, hallamos una serie de amenazas reales para los países de Europa oriental. Basta con citar tres: la libre circulación, los intercambios comerciales con las islas británicas y la reducción de los fondos de desarrollo.

"El reparto de refugiados tropezó con la negativa de los países más necesitados de la Unión Europea"

Actualmente, en el Reino Unido residen un millón y medio de ciudadanos comunitarios procedentes del este europeo: húngaros, letones, lituanos, polacos, búlgaros y rumanos. Las remesas enviadas por los polacos ascienden a 1.200 millones de dólares anuales, lo que no representa un porcentaje muy elevado para los ingresos del país. Más dramática es, sin embargo, la situación de Letonia, que depende en mayor medida de las remesas de los emigrantes.

Para los polacos, rumanos, búlgaros y estonios, el problema de la libre circulación y derecho de residencia en el Reino Unido se convierte en un asunto de vida o muerte. En efecto, la vuelta masiva de los inmigrantes podría provocar graves conflictos sociales, ya que ninguno de los países antes mencionados está en condiciones de absorber a la hipotética masa de retornados.

La sustanciosa reducción de los fondos de desarrollo de la UE tras la retirada del Reino Unido, estimada entre 800 y 1.000 millones de euros, supone otro quebradero de cabeza para las economías de Europa oriental, que tendrán que asumir, tarde o temprano, los costes de la retirada de Inglaterra.

Para contrarrestar las críticas de las autoridades polacas, húngaras, checas o rumanas, partidarias de bloquear la negociación sobre el abandono británico de la Unión, el Foreign Office lanzó recientemente una importante campaña mediática, destinada a tranquilizar a los rebeldes. La salida, señalan los ingleses, se efectuará de manera escalonada, sin perjudicar los intereses de los países y ciudadanos de Europa oriental.

Este ha sido el tranquilizador mensaje lanzado por los diplomáticos británicos en un encuentro con los titulares de Asuntos Exteriores de Austria, Bulgaria, Grecia, Polonia, Eslovaquia, Eslovenia, Hungría y España, celebrado recientemente en Varsovia, como preámbulo al Consejo Europeo que tendrá lugar los próximos días 20 y 21 de octubre en Bruselas.

Adrián Mac Liman es analista político.

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