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Retransmisión del debate entre Donald Trump y Hillary Clinton en un establecimiento de Seul (Corea del Sur).

Las controvertidas finanzas de Hillary Clinton y Donald Trump

Trump es mal perdedor. Hay consenso en que Hillary ganó el debate de la semana pasada. Sin embargo, Trump, no solo no lo reconoce, sino que distorsiona la realidad y dice que “todas las encuestas online me dan la victoria”: se refiere a los sondeos que hacen medios de comunicación en su web, en los que cualquiera puede votar. De todos es sabido, no son realmente encuestas y no tienen rigor científico. Pero, el mal perdedor se agarra a un clavo ardiendo.

La segunda reacción de Trump ha sido atacar a los Clinton con un eslogan que está resonando en Norteamérica: “Follow the money” (sigue al dinero). Trump está acusando -sin decirlo abiertamente- a los Clinton, de enriquecerse ilegalmente gracias a sus conferencias, libros y, sobre todo, las actividades de Global Clinton Foundation, o “Fundación Clinton”. Por supuesto, Trump no presenta pruebas, pero debe creer en el refrán que dice “calumnia, que algo queda”. La realidad es que la Fundación Clinton ha ayudado a cien millones de personas. Dos tercios de sus “inversiones” van destinadas a la lucha contra el sida. En palabras de James Carville, “si la Fundación desaparece, muchas personas morirán”.

Hillary generó 40 millones de dólares en conferencias cuando era secretaria de Estado

Está la cuestión de la financiación de los Clinton y de su Fundación. Ahí las cosas se ponen grises, por lo que hay que entrar en detalle. ¿Qué tiene de malo que, entre 2001 y 2014 Bill Clinton haya dado 728 discursos y haya generado 154 millones de dólares de ingresos? Ya no era presidente y es ético y legal. La controversia aparece ante los casi 40 millones de dólares que generó Hillary en conferencias dadas entre 2009 y 2013, cuando era secretaria de Estado, a través de la Fundación. Ni es delito ni éticamente reprochable, pero Trump deja caer la especie de que Clinton se aprovechó de su condición de secretaria de estado -y no de la Fundación que lleva el apellido de su marido- para dar las conferencias. Cierto, “puede parecer feo”, pero, de nuevo, es ético y legal.

La financiación de la Fundación -que partió de 10 millones de dólares de ingresos y ahora tiene casi 500- es más compleja. Por un lado, tiene a filántropos como Bill Gates y Bono, el cantante. Por otro, estados de mala fama, como Arabia Saudí y Kuwait. Y lo mismo sucede con las conferencias de Hillary: ¿A quién se las dio? A bancos como Goldman Sachs y UBS en plena tormenta económica y cuando el origen de la crisis era financiera, debido al irresponsable comportamiento de los bancos. Tanto la financiación de la Fundación -o algunos financiadores- como a quién dio las conferencias Hillary, podrían pintar mal, pero, por última vez digo, que ni legal ni éticamente plantean ningún problema.

Trump no ha hecho públicas sus declaraciones de Hacienda desde 2012

Si Trump ataca a Clinton con estos menesteres es porque, tras el debate, Hillary le saca un 3% de estimación de voto en toda la nación y gana en casi todos los estados. Le adelanta con clara ventaja en el número de delegados en el Colegio electoral y, todo ello junto, pone a Trump nervioso. Tras sus ataques, viene un bombardeo publicitario de Trump, por el que se va a gastar 150 millones de dólares en publicidad negativa contra Hillary en lo que queda de campaña. Esto sí es peligroso, porque aún quedan dos debates presidenciales y The Donald no cometerá de nuevo el error de no ir preparado.

Los ataques a las finanzas de Clinton son una pantalla de humo que pretende alejar la atención de la opinión publicada y la opinión pública de sus seis bancarrotas y cinco suspensiones de pagos, del hecho de no hacer públicas sus declaraciones de impuestos desde 2012, que el IRS -o Hacienda americana- le está auditando y, llevan tanto tiempo haciéndolo, que la resultante final no puede ser buena. La realidad es que los inspectores de Hacienda se están volviendo locos con Trump, dada la cantidad de sociedades que tiene, dentro y fuera de Estados Unidos y muchas en paraísos fiscales; cuando no en países que, en el caso de que él fuera presidente, causarían serios conflictos de interés con la política exterior norteamericana: ¿qué tendría más peso para Trump, a la hora de tomar decisiones en el Despacho Oval: los intereses de Estados Unidos o sus propios intereses financieros? Porque, si bien los Clinton han dicho que dejarán la Fundación -y cerrarán varios departamentos-, dejando como vicepresidenta a su hija Chelsea, para evitar conflictos de interés, no puede decirse lo mismo de Trump, cuya familia ingresa cada año -de manera opaca al fisco- cientos de millones de dólares (The Donald dice billones, pero todo el mundo sabe que miente, toda vez que hemos demostrado que su fortuna no es de 10,7 billones de dólares, sino de 3,7 billones) de la “Trump Organization”; entidad que tiene vínculos con financieros internacionales y genios del mercado inmobiliario, vinculados a negocios turbios o abiertamente ilegales. En algunos casos, incluso con la mafia, en Nueva York. Por supuesto, no se ha probado que Trump, su familia o sus empresas estén implicadas en actividades ilícitas o ilegales, pero, puestos a utilizar refranes, saco a colación el “dime con quién andas y te diré quién eres”.

Trump es accionista y beneficiario de organizaciones internacionales (Excell Venture LLC en The French West Indies y en Caribusiness Investments SRL, con sede en la República Dominicana, que es un paraíso fiscal). Trump se alió con el conglomerado surcoreano Daewoo, que acabó en la bancarrota debido a un fraude contable por un importe de 43 billones de dólares. Su presidente, Kim Woo Choong, se fugó a otro tipo de paraíso, Corea del Norte, para retornar al Sur en 2005 y acabar en la cárcel. Daewoo se recuperó y continuó su alianza con Trump, quien tiene tratos comerciales en India, Dubai, Turquía, Libia, Azerbaiján y, cómo no, por supuesto, en Rusia y, en todos los casos, con tipos de dudosa reputación. Pero, como le gusta repetir a Hillary, parafraseando el Evangelio: “no hay nada oculto que no llegue a ser descubierto”.

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