Editorial

Más madera monetaria contra el ‘brexit’

Vista de un billete de cinco libras en Londres.
Vista de un billete de cinco libras en Londres. EFE

Cuarenta días ha tardado el Banco de Inglaterra en lanzar una ambiciosa batería de medidas monetarias para amortiguar los efectos que el brexit pueda tener en la actividad económica de Gran Bretaña. Nada más conocer los resultados del referéndum no vinculante en el que los británicos decidieron abandonar la Unión Europea, algo que no ocurrirá antes de dos años desde que oficialmente así se solicite a la Unión, el Banco de Inglaterra activó un programa de asistencia de liquidez a la banca y rebajó las exigencias de capital puestas en marcha en la crisis para liberar recursos para la inversión y el crédito. Pero se tomó un tiempo para observar los primeros efectos sobre las decisiones económicas del brexit e impulsar, si era preciso, un nuevo programa de impulso monetario. Las herramientas puestas ahora a disposición de la economía son una nueva bajada de los tipos de interés, hasta el 0,25% (estaba en el 0,5% desde 2009); la ampliación del programa de compra de deuda, que afectará también a emisiones privadas, y una nueva inyección de liquidez ligada al crédito, para asegurarse de que termina en manos de empresas y particulares. Ni más ni menos que lo que otros bancos centrales han ensayado para combatir la recesión con suerte distinta.

Aunque no cree que la economía británica entre en recesión, sí cree que hay una amenaza cierta, y que algún trimestre registre descenso de la producción agregada; en todo caso, sí prevé la autoridad monetaria una contracción en la inversión de dos años y una bajada tanto de la entrada de capitales destinados a la actividad industrial y de servicios como a la actividad inmobiliaria. Para contribuir a atenuar sus efectos está dispuesta a soportar un periodo de dos o tres años con inflaciones por encima del óptimo (2%), como consecuencia del tirón de la actividad vía tipos de interés, como por la persistente caída de la libra esterlina, que provocará una importación obligada de inflación.

La cautela del Banco de Inglaterra estaba también condicionada por el cambio de Gobierno que provocó el referéndum, con la salida de Cameron y la llegada de Theresa May, para mantener una exquisita neutralidad en sus decisiones. Finalmente, constatado que May ha puesto en marcha un equipo abiertamente antieuropeísta, el gobernador Mark Carney ha aplicado un plan ambicioso que neutralice el efecto de la salida de la Unión, y que podría intensificarse si fuere necesario con nuevas bajadas de tipos a finales de año. Tenga marcha atrás o no la decisión de los británicos, la lleven adelante o la revisen sus políticos, las medidas del Banco de Inglaterra son la primera prueba de que el brexit tiene más perjuicios que beneficios, tanto para los británicos como para el resto de europeos. Otra cuestión es si lo expresado en una consulta no vinculante, y con un resultado ventilado por décimas, es o no reversible.

Normas