Editorial
Vista de la entrada de una oficina de empleo en Madrid.
Vista de la entrada de una oficina de empleo en Madrid. EFE

La España en funciones y la España que funciona

Siete meses y medio después de las elecciones generales del 20 de diciembre de 2015, 220 días después de que los españoles expresasen en las urnas sus preferencias políticas para los próximos cuatro años, y tras haber pedido una segunda opinión a la ciudadanía con el resultado de todos conocido, España sigue sin Gobierno de jure. En el mismo periodo, en esos mismos siete y pico meses de tiempo, la economía española ha generado nada menos que 536.592 nuevos empleos, según el registro de la Seguridad Social; nada menos que 2.555 personas cada día han encontrado trabajo, mientras que los partidos políticos no han encontrado desde enero el consenso necesario para darle un Gobierno al país, y cada vez más asaltan las dudas sobre si verdaderamente lo han buscado. La España en funciones, de espaldas a la España que funciona.

Mientras la España oficial y política no ha hecho su trabajo, porque más allá de las palabras y las intenciones con ellas expresadas u ocultadas hay que atenerse a los hechos, a los acontecimientos contantes y sonantes, las empresas, los agentes económicos, el engranaje sociolaboral, sí ha hecho el suyo. Es cierto que el sector privado ha aprovechado el marco normativo y el público se ha servido de un presupuesto de ingresos y pagos que el Ejecutivo ahora en funciones dejó aprobado y en vigor, y que ambos han buscado la mejor manera de sacar partido a la demanda interna y externa de bienes y servicios, hasta poner la economía y el empleo a crecer a velocidad de crucero. Con tan probado desempeño, que puede considerarse que nadie ha echado en falta la existencia de un Gobierno de jure, y que era suficiente con que uno en funciones se limitase a mantener y dirigir el tráfico de la economía.

En julio la ocupación ha recobrado fortaleza, tras haberla moderado en mayo y junio, y vuelve a crecer a tasas superiores al 3%, con un reparto más equilibrado entre los distintos sectores de actividad, pero con presencia notable en la industria manufacturera, en las actividades inmobiliarias y en los servicios turísticos. El desempleo no bajaba con tanta fuerza en julio desde 1997. Todo ello no es sino consecuencia de un repunte similar en el crecimiento de la actividad agregada, que se manifiesta tanto en datos de consumo del comercio o de ventas de coches como en el repunte del crédito por la continua rebaja de los tipos de financiación, y que augura una recuperación de la inversión que debe complementar los buenos datos de demanda externa y de consumo doméstico que ha tenido la economía en los dos o tres últimos años.

Pero toda la recuperación puede resentirse si la crisis política se prolonga, si la España oficial sigue en funciones. La confianza externa en España puede debilitarse si sus políticos son incapaces de lograr un Gobierno que aplique los acuerdos financieros pactados con Bruselas para esquivar la sanción por el desvío del déficit; que apruebe un nuevo presupuesto que no paralice ingresos y pagos públicos; que reforme cuantos mercados siguen dominados por las rigideces corporativas que menguan el crecimiento potencial de la economía, y que arregle el sistema de pensiones, que se acerca a paso ligero hacia la quiebra. Nadie entiende ya la incapacidad de los partidos para el consenso; todo el mundo sabe que no hay acuerdo porque no se intenta, que no hay un Gobierno con un pacto programático que le dé consistencia porque no se quiere, porque alguien no quiere. Si se quiere, se puede.

La opción ofrecida ayer por Mariano Rajoy al líder del PSOE, una gran coalición que culmine las reformas económicas, luche contra el desempleo y seque de raíz las pretensiones soberanistas catalanas, sería la que más solvencia tendría y más confianza generaría entre la ciudadanía. Pero si los gestores del PSOE no acaban de verla, por entender que dejaría campo abierto en la oposición a Podemos, deberían permitir con su abstención un Gobierno de quien ha obtenido la minoría más mayoritaria en las elecciones. Nadie entiende en la España que funciona que el PSOE, pero menos aún que Ciudadanos si hoy concluye lo mismo, ni siquiera acceda a negociar sobre las bases concretas y flexibles ofrecidas ayer por Rajoy, entre las que estaba participar en la gobernabilidad en la fórmula que ellos elijan. La España que funciona no puede esperar mucho más tiempo a la España en funciones.

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