Perfil: Theresa May

Perfil de Theresa May: ¿otra Dama de Hierro?

May ha ganado la segunda votación con 199 apoyos

La decisión final será el 9 de septiembre y se enfrentará a Andrea Leadsom

Theresa May, actual ministra de Interior de Reino Unido.
Theresa May, actual ministra de Interior de Reino Unido.

Cerca de un cuarto de siglo después de que Margaret Thatcher dejara su cargo de primera ministra en Reino Unido, las islas podrían tener una nueva Dama de Hierro. La segunda votación de los 330 diputados del Partido Conservador británico ha dado una nueva marcada victoria (199 votos) para Theresa May (Eastbourne, 1958), que podría convertirse el próximo 9 de septiembre en la sucesora de David Cameron al frente de los tories y del Gobierno inglés. Su firmeza y templanza recuerdan a muchos a Thatcher y, como esta, puede protagonizar una nueva fase clave en la relación de Gran Bretaña con la Unión Europea.

Entre los primeros asuntos que tendrá que tratar la actual ministra de Interior, que ostenta el cargo desde 2010, figura la salida de Reino Unido de la zona comunitaria. Pese a haberse posicionado a favor de la permanencia durante la campaña previa al referéndum –aunque siempre ligeramente distanciada del asunto– May ha asegurado que cumplirá con la voluntad expresada por los ciudadanos ingleses el pasado 23 de junio. Pese a ello, no activará al menos hasta finales de este año el artículo 50 del Tratado de Lisboa, que da inicio al periodo de dos años para la salida definitiva del país de la UE.

Licenciada en Geografía por la Universidad de Oxford, donde conoció al que lleva siendo su marido desde hace 36 años, el banquero Philip May, la británica se adentró en el mundo de la política en 1986 –aunque asegura que su pasión venía desde la adolescencia–, como concejala en el distrito londinense de Merton. Por entonces ya había abandonado el Banco de Inglaterra, donde ocupó su primer empleo tras finalizar la carrera, y se encontraba trabajando en la Association for Payment Clearing Services (Asociación de Servicios de compensación de pagos), donde permaneció siete años, primero como jefa de asuntos europeos y después como asesora principal de asuntos internacionales.

En 1997, ya fuera de la asociación, dio el salto completo a la política y fue elegida miembro del Parlamento por Maidenhead, y hasta 2005 fue secretaria en la sombra de varios departamentos: Educación y Empleo; Transporte, Gobierno Local y Regiones; Familia; Cultura, Medios de Comunicación y Deporte. Además, en 2002, se convirtió en la primera mujer en presidir el Partido Conservador británico. De hecho, durante toda su carrera ha tratado de reivindicar el papel de la mujer en la política y en 2006 fundó la asociación Women2win, cuyo objetivo es defender la llegada de estas al Parlamento.

Sin embargo, de aquellos años se la recuerda por un discurso que levantó ampollas. May afirmó que el Partido Conservador era visto como el “nasty party” (el partido desagradable). Estas declaraciones causaron un gran revuelo, al igual que las que protagonizó en 2014, cuando llamó a los policías “vagos” y “corruptos”.

Asegura que cumplirá con la voluntad de los ingleses de salir de la UE, pero no activará el artículo 50 hasta finales de año

Por encima de palabras como estas, si hay algo que los medios británicos han destacado de ella en estas décadas ha sido su estilismo, caracterizado por los trajes sobrios y elegantes acompañados de complementos llamativos, entre ellos, zapatos de tacón con estampado de piel de leopardo.

El Daily Mail llegó a llamarla la nueva Cara Delevingne (una actriz, modelo y cantante británica), un comentario al que la política respondió con una sonrisa, pese a que el sentido del humor no es una de sus principales cualidades, afirman los que la conocen. Pese a todos los comentarios, May es una amante de la moda y ha dejado claro que no le importan las opiniones de los demás acerca de su aspecto.

Además de compararla con Delevingne o Thatcher, también se la considera la nueva Angela Merkel, con la que, además de su firmeza y resolución, comparte el ser hija de un vicario. Los padres de May, el pastor anglicano Hubert Brasier y Zaidee, murieron muy jóvenes: primero él, en 1981, en un accidente de tráfico, y 12 meses después, ella. Dos sucesos que fueron un duro golpe para la británica, pero cuyo dolor, esta, celosa de su intimidad, no dejó entrever.

Este secretismo respecto a su vida privada fue una de las claves del discurso que pronunció al anunciar su candidatura para suceder a Cameron: “No soy una política vistosa. No hago tours por las televisiones. No cotilleo sobre la gente en almuerzos. No bebo en los bares del Parlamento. Simplemente hago el trabajo que tengo delante”, afirmó, tras asegurar que cree ser “la mejor persona para dirigir este país”.

Los 150.000 miembros del Partido Conservador elegirán el próximo 9 de septiembre si ella es la nueva primera ministra británica. Su única contrincante –después de la eliminación de Michael Gove y Liam Fox en las votaciones de los parlamentarios y el abandono de Stephen Crabb– es otra mujer, la secretaria de Estado Andrea Leadsom, que en la votación del jueves obtuvo 84 apoyos.

Pese a la diferencia que las separa, más de 100 votos, la baza de Leadsom es la defensa que ha mostrado del brexit y su promesa de reducir el elevado número de inmigrantes que llegan al Reino Unido (cuestión determinante en el resultado del referéndum). May falló en este compromiso como ministra de Interior. Sin embargo, en su puesto también se ha ganado el favor de los euroescépticos con medidas como la aprobada en 2012 y recientemente entrada en vigor, por la que los extranjeros extracomunitarios que trabajan en el país y cobran menos de 35.000 libras anuales deben abandonar Reino Unido después de cinco años.

A día de hoy, la decisión parece clara, pero May tendrá que seguir luchando por mantener el apoyo de sus compañeros de partido. Su herramienta será la que más le ha funcionado hasta ahora: el caracter reservado y discreto propio de los británicos.

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