Tribuna

La hora de la verdad

 Llegada la hora de la verdad, el sentido común prevalecerá, decíamos. Pero no ha sido así. Ayer los británicos optaron por salir de la Unión Europea después de 43 años como uno de sus socios claves, con el Remain ganando con fuerza sólo en Londres, Escocia e Irlanda del Norte.

Por supuesto, la noticia es demoledora para la economía británica. A primera hora ya sabíamos que sus bonos podrían perder la calificación AAA, que la libra había sufrido su peor caída en 31 años, y que la bolsa había perdido casi un 9%.

Pero lo peor está por venir. Los británicos no pueden confiar en una salida suave de la UE, que les garantice acceso al mercado europeo y buenas condiciones para sus ciudadanos residentes en otros países (sólo en España viven más de 300.000 británicos). Europa puede percibir que tiene que demostrar que un Exit tiene consecuencias. De no ser así, se formaría rápidamente la fila de países que quieren votar por su propio Frexit (Francia) o Nexit (Holanda)...

Y si la salida de la UE no es suave, la economía real británica podría entrar en recesión. Según algunos expertos, el brexit podría contraer el sector financiero británico entre un 6% y un 9% de aquí al 2020. JP Morgan y HSBC han avisado que podrían trasladar sus operaciones de Londres al continente. El sector agrario recibe un 55% de sus rentas de la PAC europea. ¿Cómo afectará brexit a los costes laborales si se corta el flujo de inmigrantes europeos? ¿y a los vuelos al continente? ¿y a las exportaciones? Y tantas preguntas más.

¿Qué han hecho los gobiernos para rectificar esta situación? La respuesta es clara: NADA

El brexit introduce además un nuevo elemento de incertidumbre a un mundo ya de por sí muy asustadizo. Las bolsas en todo el mundo desarrollado cayeron tras la noticia, y los tipos de interés en los países europeos periféricos han subido. ¿Cómo reaccionarán en las semanas entrantes la inversión, o los tipos de interés? Hoy es el viernes negro. La semana que viene empezaremos a ver cómo se desenvuelve el impacto de lo que Lawrence Summers ha llamado “la peor herida auto-inflingida de un país G7” desde que se formó hace 40 años.

Pero las repercusiones del referéndum de ayer van mucho más allá. La crisis financiera y la difícil recuperación posterior, que han perjudicado a las clases medias y populares, han provocado reacciones populistas en contra de la globalización que se han hecho cada vez más fuertes. En casi todos los países desarrollados se está reaccionando en contra de los partidos tradicionales. Típicamente (como ha ocurrido con el brexit) esta reacción incorpora el rechazo a la inmigración y al libre comercio internacional. Los populistas nacionalistas han subido en Austria, Alemania, Francia y otros países; y más allá del Atlántico está Donald Trump, la pesadilla de la clase pensante americana. El sí al brexit podría ser la primera den una serie de derrotas al orden mundial que ha reinado desde la Segunda Guerra Mundial.

Pero lo peor está por venir: los británicos no pueden confiar en una salida suave de la Unión Europea

¿Por qué han ganado tanta fuerza estos movimientos? La primera respuesta es sencilla: porque la crisis ha sido muy dura y ha golpeado las rentas de la clase media y trabajadora. Donde mires hay nuevas estadísticas sobre cómo la desigualdad crece y la clase media se contrae en nuestros países. Las causas son muchas: la tecnología, la llegada de China al comercio internacional, la inmigración, la crisis financiera y su posterior recesión. No puede haber debate: el ciudadano medio se ha quedado atrás mientras que los privilegiados han seguido ganando.

¿Y qué han hecho los gobiernos para rectificar esta situación? La respuesta es corta y sencilla: NADA. Los bancos se han rescatado, las eléctricas se han fortalecido, el sector automovilístico se ha protegido, las empresas han vuelto a los beneficios, los gobiernos tapan la corrupción y protegen a los grupos de interés, mientras la clase media aprieta su cinturón cada vez más. Nuestros gobiernos nos han fallado. Y en una democracia, cuando te falla el gobierno, el riesgo es que recurramos a soluciones extremas, y acabamos perdiendo todos.

La prosperidad del gran período de paz posguerra se ha construido sobre un sistema político y económico inclusivo, donde la clase media crecía y cosechaba los frutos del crecimiento. Tanto los ricos como los pobres ganaban. Si no sabemos proteger este modelo inclusivo, tanto los ricos como los pobres van a salir perdiendo. No hacen falta políticas radicales. Pero sí hacen falta valores y solidaridad, y una vuelta a los principios.

Si no, tal vez la historia verá a brexit como el primer paso que marcó el ocaso del largo período de paz y la prosperidad que Occidente viene disfrutando tras la Segunda Guerra Mundial.

Gayle Allard es economista de IE Business School