El rompecabezas de Siria cumple 100 años

El rompecabezas de Siria cumple 100 años

Hoy se cumplen 100 años de la firma de los acuerdos secretos entre Londres y París para repartirse los despojos orientales del imperio otomano. Un hito histórico conocido como Sykes-Picot (por el apellido de sus firmantes) que influye en el actual rompecabezas de Oriente Medio, hasta el punto de que uno de los primeros vídeos del Daech se titulaba "El final de Sykes-Picot" (here).

Gran Bretaña y Francia empezaron a negociar el reparto de Oriente Medio durante la I Guerra Mundial (1914-1918) en previsión de la derrota de los imperios alemán, austro-húngaro y otomano. El 16 de mayo de 1916, dos años antes del final de la contienda, el diplomático británico Mark Sykes (a la izquierda) y el francés François Georges-Picot (derecha) sellaron el acuerdo secreto sobre las futuras zona se influencia de Reino Unido (Irak y Palestina) y Francia (Siria y Líbano).

En aquel entonces no existía Wikileaks. Pero poco después de la Revolución de Octubre, los bolcheviques se apresuraron a hacer públicos los términos del pacto (que había reservado una parte de territorio para la Rusia del Zar), para estupor de unos pueblos árabes que contemplaron la sustitución de una metrópoli (Constantinopla) por otras dos (Londres y París).

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"A pesar de sus diferencias, británicos y franceses veían Oriente como una entidad geográfica sobre cuyo destino creían tener títulos tradicionales", señalaba Edward Said en su obra Orientalismo en relación con la actitud de París y Londres a principios del siglo XX. "Gran Bretaña y Francia examinaron el Imperio otomano para desmembrarlo", dice Said: "Ahí, tumbado en la mesa de operaciones estaba el enfermo de Europa, revelándose con toda su debilidad, sus características y sus líneas topográficas".

En parte, la prepotencia de los poderes europeos podría atribuirse a la ausencia sobre el terreno de unidades políticas desarrolladas. "A diferencia de Turquía e Irán, los países árabes situados entre el Mediterráneo y la meseta iraní tenían poco significado antes del siglo XX. Palestina, Líbano, Siria e Irak no eran más que expresiones geográficas", apunta Robert Kaplan en La venganza de la geografía.

Pero los acuerdos Sykes-Picot se fraguan en un momento en que el nacionalismo árabe da sus primeros balbuceos, entre otras cosas, gracias al apoyo de Londres, que lo fomentó como caballo de Troya para debilitar al imperio otomano en su flanco oriental.

El gobierno británico, según la correspondencia de la época, alentaba la revuelta y prometía territorio al líder árabe y jerife de La Meca, Husayn ibn Alí, al tiempo que negociaba en secreto con París las futuras zonas de influencia para Francia y Reino Unido. El reparto entre Londres y París, según los historiadores, ignoró las demandas de la población o las fallas históricas, religiosas o culturales que atraviesan el terreno.

El pacto (recogido en gran parte en los Tratados posteriores a la Gran Guerra) permitió a las dos potencias europeas que habían quedado en pie (tras la derrota de Alemania y Austria, y la revolución en Rusia) asentarse firmemente sobre una zona muy disputada. "Reino Unido y Francia fueron capaces entre 1918 y 1939 de expandir su control sobre el comercio y la producción de la región", señala Albert Hourani en su obra La historia de los árabes. Pero el período también sembró la semilla de unos sangrientos conflictos cuya crueldad se prolonga hasta hoy.

Los líderes árabes se sintieron traicionados por Londres. Y la cólera aumentó tras conocerse la llamada Declaración Balfour (1917), una carta del ministro británico de Exteriores a la poderosa familia judía de los Rothschild (here) en la que Londres se muestra a favor de establecer en Palestina "una patria para el pueblo judío (...) siempre y cuando se haga sin perjuicio de los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías en Palestina".

Al conflicto árabe-israelí se añadió "la poca atención que las potencias coloniales pusieron en construir verdaderos Estados", apunta la investigadora Itxaso Domínguez en un artículo publicado el viernes en el digital esglobal (aquí). "El único pegamento que parece haber mantenido unidos los países", añade Domínguez, "fueron líderes autocráticos y paternalistas, gobiernos represivos y cirujanos de hierro".

El blindaje parece ya incapaz de resistir a las revueltas populares por la falta de recursos económicos o a la rebelión armada de diferentes grupos, con el Estado Islámico como la amenaza más poderosa de momento. La desmembración de Irak se antoja irreversible. Kaplan augura la descentralización de Siria, como mínimo. Y Domínguez señala que incluso podría estar en peligro la unidad de Arabia Saudí.

Para el profano, el rompecabezas puede resultar desconcertante. Pero los conocedores de la zona saben dónde se encuentran las piezas que no encajan.

"Siria siempre fue una sociedad menos cohesionada de lo que podía parecer desde fuera y sus divisiones no eran sólo religiosas", señala el periodista británico Patrick Cockburn en The rise of Islamic State. Y recuerda que la división entre una élite corrupta y una masa empobrecida se agravó durante los cuatro años de sequía previos al estallido de la guerra civil en 2011. Hasta tres millones de agricultores sirios huyeron del hambre rural para acabar en la miseria de las chabolas urbanas. Muchos de ellos han muerto atrapados entre un régimen despótico y grupos armados alentados y financiados por potencias extranjeras, desde EE UU a Arabia Saudí.

"La geografía y la historia", escribía Kaplan en 2012, "nos enseña que Siria seguirá siendo el epicentro de las turbulencias en el mundo árabe. Alepo, en el norte del país, es una ciudad-bazar que tiene más lazos históricos con Mosul y Bagdad en Irak que con Damasco, la capital del país". Sykes y Picot hicieron caso omiso de esos vínculos. Pero 100 años más tarde parecen mucho más fuertes que el acuerdo suscrito aquel 16 de mayo de 1916. "El orden post-otomano que surgió del final de la I Guerra Mundial", concluye Kaplan, "está bajo mayor presión que nunca (...) La supervivencia de ese orden no debe darse por segura".

Imágenes: Sykes y Picot y mapa de los acuerdos, tomadas de aquí.

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