Fusiones en telecomunicaciones

El veto a la venta de O2 amenaza el ‘statu quo’ de las telecos europeas

Europa se dividiría en países con cuatro o tres operadores móviles de red

Un smartphone con el logotipo de O2.
Un smartphone con el logotipo de O2.
Bruselas / Madrid

La Comisión Europea (CE) tiene previsto vetar la venta de O2, filial británica de Telefónica, a Hutchison y su posterior fusión con su división Three. Fuentes comunitarias indican que la prohibición se hará oficial hoy mismo, en lo que marcará el primer veto a una fusión por parte de la comisaria europea de Competencia, Margrethe Vestager.

Otras fuentes, sin embargo, no descartan que el veredicto se aplace unos días y aseguran que la empresa china sigue maniobrando para evitar un veto que frena su expansión en el mercado británico y sentará un peligroso precedente para su estrategia en todo el continente.

Hutchison y el resto del sector temen que la decisión de Vestager suponga la ruptura definitiva con la doctrina del anterior comisario de Competencia, Joaquín Almunia. El español autorizó fusiones similares a la de O2 y Three en varios países, a condición de que las empresas fusionadas permitieran la entrada de otros competidores, aunque fueran operadores virtuales (los que no disponen de red propia y alquilan la de otros).

Pero Vestager se ha desmarcado de esa doctrina. Nada más asumir el cargo (noviembre de 2014) ya frustró la fusión de las filiales danesas de TeliaSonera y Telenor, aunque en aquel caso no llegó a vetar la operación porque las empresas renunciaron a la vista de las duras condiciones exigidas por la comisaria.

En el caso de O2, Hutchison ha regateado durante varios meses con la comisaria para intentar salvar una operación valorada en 10.250 millones de libras (unos 12.950 millones de euros) y que supondría la reducción de cuatro a tres del número de operadores móviles de red en el mercado de Reino Unido. Pero la compañía china no ha logrado convencer a Vestager. Y aunque el plazo para adoptar una decisión no expira hasta el 19 de mayo, la Comisión parece decidida a consumar el veto cuanto antes.

La fusión termina así, aunque las compañías podrán impugnar la decisión ante el Tribunal de Justicia europea, un recurso que suele tardar años y que nunca llega a tiempo para resucitar la operación.

Aun así, es posible que se produzca algún recurso porque, según fuentes del sector, la industria teme que el cambio de doctrina de Almunia a Vestager derive en un mercado con estructuras diferentes en cada país en función del momento en que se inició la consolidación.

Almunia (responsable de Competencia entre 2010 y 2014) autorizó con condiciones fusiones que rebajó el número de operadores de cuatro a tres en Austria, Irlanda y Alemania. En estos últimos dos países, las transacciones afectaron a Telefónica. En Irlanda el grupo español vendió su filial a Hutchison, mientras que en Alemania cerró la compra de E-Plus, filial en el país de KPN.

Vestager, en cambio, impidió esa rebaja en Dinamarca (a TeliaSonera y Telenor) y ahora en Reino Unido. En el aire queda también una operación similar a la de O2 en Italia, con las filiales de Vimpelcom y la propia Hutchison. Dos varas de medir para operaciones casi idénticas.

Fuerte interferencia política en el proceso

El presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete, criticó la pasada semana las interferencias políticas que se han puesto de manifiesto ante la decisión de la Comisión Europea sobre la venta de O2 a Hutchison. El directivo, que aseguró que el debate sobre el Brexit ha contaminado el ambiente, recordó que Bruselas aprobó en el pasado operaciones similares en países como Alemania, Austria e Irlanda.

Pallete, además, explicó que las propuestas que presentadas por Hutchison no tienen precedentes. Según fuentes del sector, el grupo asiático ha estado trabajando con intensidad para tratar de convencer a la CE.

Entre sus propuestas, Hutchison se ha comprometido a ceder hasta un 30% de la capacidad de red a compañías de banda ancha como Sky y Virgin Media.

Además, el grupo asiático se comprometió a congelar los precios durante cinco años, invertir 5.000 millones de libras y a vender el 50% del capital del OMV Tesco Mobile, propiedad en la actualidad de O2.

La dirección de Telefónica maneja distintos escenarios

Telefónica está muy atenta ante el futuro de O2. La compañía, que ha insistido en que la filial británica es un activo de gran valor que ha continuado creciendo, maneja otros planes para mejorar su flexibilidad financiera en el caso de que la venta a Hutchison no se materialice finalmente.

Su director financiero, Ángel Vilá, explicó la pasada semana que la compañía está analizando distintas desinversiones de activos no estratégicos junto a participaciones minoritarias en otras empresas. Ahora bien, dejó claro que Telefónica no tiene prisas.

Con respecto a O2, Telefónica no descarta una venta parcial, una venta total, una salida a Bolsa o una solución mediante fusiones o adquisiciones. Distintos analistas han señalado el interés por O2 de grupos de banda ancha como Virgin, controlado por Liberty, o Sky. Estas compañías quieren reforzar su posición en el segmento del móvil para hacer frente a BT, que acaba de cerrar la compra de EE, primer grupo británico de telefonía móvil.

Otra de las alternativas de la teleco pasa por la salida a Bolsa de Telxius, su filial de infraestructuras que agrupa torres de telefonía móvil y cables submarinos. Esta división, que en 2015 registró unos ingresos de 680 millones de euros con un beneficio operativo antes de depreciaciones y amortizaciones (oibda) de 300 millones, podría alcanzar un valor por encima de los 5.000 millones.

Además, la teleco podría vender sus participaciones en BBVA y China Unicom (un 0,69% y un 2,5% del capital, respectivamente), que en su conjunto suman cerca de 900 millones de euros.

Telefónica también contempla la alternativa de emitir híbridos en el caso de que la operación de O2 no se apruebe. En este caso, la agencia Moody’s cree que la operadora tiene potencial para emitir estos productos por un importe de hasta 5.000 millones de euros. Eso sí, Ángel Vilá descartó la opción de emitir papel que pudiera tener efectos dilutivos.

De igual forma, Telefónica maneja la opción de recurrir en 2016 y 2017 al scrip dividend dentro de la retribución al accionista. De hecho, en el orden del día de la junta de accionistas del próximo 12 de mayo figura este punto. De igual forma, el pasado viernes, la operadora insistió en su compromiso de abonar un dividendo de 0,75 euros por acción este año.

El banco de inversión UBS señaló recientemente que, con la alternativa del scrip dividend, la operadora podría reducir el efectivo destinado a dividendo hasta 0,40 euros por título, lo que supondría un desembolso máximo de 3.400 millones de euros anuales.

La intención final pasa por reducir la deuda neta, que a la conclusión del primer trimestre se situó en 50.213 millones de euros. Telefónica, no obstante, confirmó ante los inversores su objetivo de reducir el ratio de apalancamiento por debajo de 2,35 veces el oibda, frente a las 3,02 veces con que cerró el mes de marzo. La teleco precisó que el ratio, considerando el cierre de la venta de O2, se situaría en 2,52 veces.

La empresa no ha dejado de defender su capacidad de financiación. Telefónica, que en caso de no cerrarse la venta de O2 pasaría a disponer de la caja de su filial británica, cuenta en la actualidad con una liquidez superior a 19.900 millones de euros, según destacó su presidente, José María Álvarez-Pallete.