Los inversores aceleran la venta de bonos por las perspectivas de tipos e inflación al alza
Los rendimientos de la deuda de EE UU viven su peor sesión desde octubre y los títulos a 10 años superan el 4%


El ataque de EE UU e Israel contra Irán ha sacudido los cimientos de los mercados. No solo ha trastocado las previsiones macroeconómicas, sino que también ha enfriado las expectativas de recortes de tipos. Los inversores que hasta ahora habían logrado sobreponerse a las sacudidas de la renta fija y a las amenazas imperialistas de Donald Trump ya no encuentran motivos para mantener el tono positivo. Con los precios energéticos disparándose y reavivando los temores inflacionistas, los gestores aceleran la venta de acciones y bonos. La renta fija, que el año pasado recuperó su papel de activo refugio gracias a su histórica correlación negativa con la renta variable, sucumbe esta vez con fuerza ante la presión.
Mientras las rentabilidades de los bonos repuntan, sus precios caen. Los descensos son generalizados, pero cobran especial protagonismo en el mercado estadounidense, afectando por igual a los vencimientos cortos y largos. Las tasas elevadas presionan al alza la deuda a corto plazo, mientras que las expectativas de inflación se reflejan en las referencias a largo plazo. El resultado es un incremento generalizado de las rentabilidades, que suben en torno a diez puntos básicos en la mayoría de los plazos, su peor sesión desde octubre: la deuda con vencimiento en 2035 supera el 4%, mientras la referencia a 30 años alcanza el 4,7% y el bono a dos años se situó en torno al 3,5%.
Hasta hace poco, el exceso de oferta ayudaba a contener el crudo, facilitando que los bancos centrales avanzaran hacia su objetivo del 2%. Ese equilibrio, consolidado en la zona euro, se mantenía más delicado en EE UU, donde los precios todavía no han alcanzado la meta. Un repunte prolongado del petróleo podría intensificar la presión sobre la inflación y poner en entredicho las expectativas de recortes de tipos, ese soporte que hasta ahora había sostenido a los mercados. Los futuros sobre los fondos federales ya reflejan esa cautela: antes de los ataques, se esperaba que los tipos bajaran en junio; ahora, las probabilidades apenas superan el 40%.
Como se comprobó el año pasado, los gobiernos son especialmente sensibles al aumento de los costes de financiación. El mercado estadounidense, además de lidiar con las expectativas de tipos más altos, ha visto cómo los ataques a la independencia de la Reserva Federal erosionaban la percepción de calidad de su deuda y debilitaban al dólar. A ello se suma la reciente decisión de la Corte Suprema de declarar ilegal el uso de poderes de emergencia para imponer los aranceles recíprocos anunciados por Donald Trump, un fallo que añade presión sobre los desequilibrios fiscales de la primera economía del planeta.
La renta fija de la zona euro, que en el último año y medio se había consolidado como una opción más atractiva que la estadounidense, tampoco escapa al castigo. Los vencimientos a corto plazo sufren más, con subidas que rondan los nueve puntos básicos. En el sur de Europa, el bono italiano a dos años escala al 2,25% y el español al 2,21%, mientras que, en el centro de Europa, considerados refugios tradicionales, el alemán con vencimiento en 2028 alcanza el 2,08% y el francés empata con el español en el 2,21%.
“Europa es donde las consecuencias macroeconómicas se han visto más duramente afectadas, y el momento no podría ser peor. La eurozona finalmente estaba saliendo de su largo período de estancamiento, con indicios de recuperación. El repunte de los tipos y la escalada del crudo reavivan la sombra de la incertidumbre”, destacan los analistas de ING. Los expertos del banco holandés subrayan que el BCE se enfrenta a un dilema: la inflación de los servicios sigue siendo persistente y un shock petrolero podría empujar al alza la inflación general, mientras que las perspectivas de crecimiento se deterioran bajo el peso combinado de aranceles, incertidumbre geopolítica y encarecimiento de la energía.
Con la inflación algo más controlada en la zona euro y las expectativas de crecimiento al alza, el mercado anticipaba un año de transición para el BCE. De momento es pronto para reaccionar, pero los analistas recuerdan que, tras el episodio inflacionario ligado a la guerra de Ucrania, la institución se encuentra ahora mucho más alerta. Este lunes, Pierre Wunsch, miembro del Consejo de Gobierno del BCE, subrayó que es necesario mirar más allá del corto plazo. Para que una eventual subida de tipos se materialice, la economía de la eurozona tendría que demostrar una resiliencia clara y sostenida.