Escapadas

Sagres, lo más alejado del Algarve

Ritmo tranquilo y ambiente surfero en la Costa Vicentina lusitana.

Faro de San Vicente.
Faro de San Vicente.

En su día había sido el último atisbo de tierra conocido. Más allá de este cabo al sudoeste del Algarve, no había más que leyendas de monstruos marinos y del océano que solo conducía hacia el abismo. El cabo de San Vicente, en el municipio de Vila do Bispo, siempre ha sido un lugar de culto, un lugar emblemático.

La carretera que bordea la costa rugosa hacia poniente termina aquí, justo en el faro. Atraviesa un paisaje austero, barrido por el viento y abrasado por el sol; de suaves colinas y pequeños matorrales, con acantilados que parecen cortados a cuchillo y que se alternan con playas de gran oleaje. Se trata del Parque Natural del Suroeste Alentejano y Costa Vicentina, de más de 110 kilómetros de extensión y de los mejor conservados de Europa.

El turismo aquí en el Algarve, a medida que se avanza hacia el oeste, va perdiendo peso. Las grandes acumulaciones de ingleses y nórdicos que asedian Albufeira, Faro o Portimão van desapareciendo según nos adentramos en la Costa Vicentina.

Surfista en la playa de Tonel.
Surfista en la playa de Tonel.

La localidad de Sagres, una villa de tan solo 2.000 habitantes, se encuentra en medio de naturaleza salvaje y se mantiene al margen del turismo de masas. Un pueblo de ambiente curioso, mezcla de tradición pesquera, espíritu hippy y su atractivo surfero. Es un destino idóneo para pasar unos días distendidos en familia, con un entorno natural que invita a practicar un sinfín de actividades deportivas.

No se puede dejar Sagres sin recorrer los caminos, apenas sin explorar, de la reserva natural de la Costa Vicentina. En ella se conservan más de cien especies de plantas endémicas exclusivas de esta zona además de diversas especies animales.

Alquile una bici en Sagres o simplemente adéntrese en una ruta improvisada de trekking por este Parque Natural hasta el faro de San Vicente. Algunas agencias de la zona ofertan rutas guiadas por la reserva, a caballo o con avistamiento de aves como la garza blanca, el águila de Bonelli o el grajo de pico rojo. Si lo suyo son las emociones fuertes, también puede sobrevolar en parapente la costa rocosa, la villa de Sagres o el faro de San Vicente.

Guía para el viajero

Cómo ir. Sagres se ubica en el extremo suroeste del Algarve, en Portugal. La mejor forma de llegar es volando hasta Faro (Algarve) y conducir una hora y media hasta este pueblo. También se puede optar por coger un vuelo a Lisboa, que se encuentra a tres horas por carretera de Sagres. Desde ambas ciudades se puede llegar en tren (www.cp.pt).

Dónde dormir. En primera línea de la playa que lleva su mismo nombre está el Martinhal Sagres Beach Family Resort Hotel. Un cinco estrellas con todas las comodidades formado por pequeñas villas individuales que se integran perfectamente en el medio natural que lo rodea. Cuenta con spa, guardería, gimnasio, varias piscinas y una buena oferta de actividades deportivas. Sus dos restaurantes, As Dunas y O Terraço, son muy buenas elecciones si se quiere disfrutar de la gastronomía regional.

Dónde comer. El restaurante Mar a Vista es conocido por su excelente marisco y pescado recién traído de la lonja. El Vila Velha, en cambio, opta por una cocina más internacional o vegetariana. El restaurante Sitio do Forno, en Carrapateira, destaca por su localización en lo alto de un acantilado con vistas al mar.

Aquí no podían faltar las actividades marítimas. La pesca es más que una tradición, por ello la puede practicar en todas sus variantes: en alta mar, submarina o a pie de roca. Las aguas claras de la Costa Vicentina se prestan para iniciarse en el buceo. También son habituales los paseos en barco para contemplar la puesta de sol y los delfines.

Otra buena razón para visitar Sagres son sus playas; de hecho, es popular por ser uno de los lugares del sur de Europa más venerados por los surfistas. La playa de Mareta, de ambiente familiar, está en el mismo pueblo. Es la más resguardada del viento y el mar suele estar en calma. Tonel es una de las mejores para hacer surf de todo Portugal. Se localiza en la salida del pueblo rumbo al faro.

Desde el aparcamiento apenas se divisa la playa, escondida entre acantilados, por lo que sorprende aún más cuando se llega abajo después de descender la empinada cuesta. El viento aquí sopla con fuerza y las olas son de un tamaño considerable, lo que hace que esté plagada de surfistas todo el año y que el visitante deba plantearse el baño con precaución.

A un par de kilómetros en dirección al faro de San Vicente se encuentra Beliche. La única pega de esta playa es que también hay que bajar una cuesta, aún más grande y pronunciada que la anterior. Sin embargo, el esfuerzo tiene su recompensa. Larga y calmada, de arena fina, sin demasiadas olas y con un agua transparente, aunque un tanto fría. Los pescadores lanzan sus anzuelos al atardecer y los nudistas se sienten como en casa.

Sagres es, ante todo, un pueblo apacible, de ritmo lento, como anestesiado por el sol y la brisa marina. Un lugar perfecto para venir en familia o con amigos; para atreverse con el surf, explorar la Costa Vicentina, visitar el mítico faro, tomarse una cerveza (marca Sagres o no) en un pub de surferos y comerse una cataplana de pescado y marisco en la terraza de un restaurante.