Antiguas bodegas familiares conviven en armonía con proyectos jóvenes e innovadores

Un paseo entre viñedos atlánticos

El viento marino mece y mima los campos de vides alrededor de Lisboa dando lugar a vinos de larga tradición, un carácter singular y gran calidad.

Bodega del Palacio de Pombal.
Bodega del Palacio de Pombal. Cinco Días

Abrazada, malcriada y, en ocasiones, vapuleada por el Atlántico –sufrió un tsunami a mediados del siglo XVIII–, Lisboa es de esas ciudades en las que se respira olor a mar y sal. La inspiración marinera pulula por su historia, desde su puerto conquistaría medio mundo; se siente en sus calles, se saborea en su gastronomía y se degusta a pequeños sorbos en su vinos, los grandes desconocidos de la agenda turística de la capital portuguesa.

Como una vieja dama en el arte de la seducción, Lisboa deja al visitante que descubra poco a poco sus secretos. Ni sus caldos ni sus bodegas son a priori el motivo de una primera cita con el viajero. El señuelo está lanzado en el mismísimo Terreiro do Paso (plaza del Comercio), imponente, majestuosa y parada obligada. Desde el mirador del Arco de Triunfo da Rua Augusta se divisa una increíble panorámica.

  • Primera cata

Vinos frescos y muy peculiares para maridar con todo tipo de platos y postres

Allí, en el antiguo Palácio da Bolsa, está ViniPortugal, que gestiona y promueve los vinos de Portugal. Entre recorrido y recorrido por los barrios –la Baixa, el Chiado, Alfama o el Barrio Alto–; la arquitectura de la ciudad –imprescindibles el Castillo de San Jorge, la catedral, los Jerónimos y la Torre de Belem–, y los museos (si viaja con niños no se pierda el Lisboa Story Center, un paseo interactivo por la historia), le recomendamos hacer un alto en ViniPortugal para una primera incursión en los vinos de la región o de cualquier otra del país.

Portugal cuenta con más 350 clases de uva y, por supuesto, sus vinos van más allá de los famosos Oporto y Vinho Verde. En ViniPortugal podrá realizar catas a muy buen precio, la copa, y mejor ambiente con servicio e información impecables.

Con el mar al lado, Lisboa produce unos vinos de gran calidad con mayor grado de acidez, suaves, afrutados y ligeros, pero también tremendamente potentes y con personalidad propia, como el moscatel de Setúbal o el generoso de Carcavelos. ¿Listo para acompañarnos por nuestra ruta enoturística?

  • En familia
Horácio Simões
La bodega de la familia Horácio Simões, que se remonta a 1910.

A 40 kilómetros al sur y atravesando el famosos puente colgante 25 de Abril, llegará a Palmela, en el estuario de Setúbal. Famosa por sus viñedos, su castillo y sus excepcionales paisajes que forman el Parque Natural de la Sierra Arrábida y la Reserva del Estuario del Sado. Allí, en la Quinta do Anjo, se localiza la Casa Agrícola Horácio Simões.

Una bodega familiar, que va por su tercera generación, data de 1910 y sigue elaborando sus vinos de forma artesanal en sus propios lagares. Allí se producen dos variedades regionales de tinto y blanco y tres DO (Moscatel de Setúbal, Moscatel Roxo y Tinto Palmela).

No deje de probar el Moscatel Roxo –nada que ver con los nuestros, recuerda mucho más a un brandi que a un vino dulce–. Está elaborado con una rara variedad de uva, moscatel roxo, que solo se da en esta región, intenso en su color, un precioso ambar, y en su aroma, complejo y elegante en el que predominan las notas frutales y a miel.

La bodega se puede visitar, previa reserva, y organiza catas desde 10 euros por persona y otras actividades enoturísticas como paseos en barco.

Merece la pena tomar tanquilamente un moscatel roxo acompañado de unos bolinchos (pasteles) de canela caseros mientras contempla algunos recuerdos, como fotos, objetos personales, aperos de labranza antiguos o carteles taurinos del fundador Horácio Santos Simões y charla animadamente de vinos con alguno de los herederos.

En la misma zona encontramos otra bodega familiar (cuarta generación) también centenaria, Venancio da Costa Lima (1914, Venanciodacostalima.pt). Entre sus premiados vinos podemos destacar un rosado joven, elegante y con un intenso perfume a frutos silvestres. Ideal como aperitivo o para acompañar pescados y mariscos, y también su singular moscatel, considerado entre los mejores del mundo.

AdegaMae
Instalaciones de la joven bodega AdegaMae.

La bodega ofrece catas, visitas guiadas, previa reserva, y maridajes con productos regionales, como el exquisito Quejio de Azeitao, similar en sabor y textura a la Torta del Casar. En la legendaria Manteigarias Silva (1890) –en la Rua Dom Antão de Almada, 1– se lo preparan para que pueda viajar con él y no se lo requisen en la aduana (Manteigariasilva.pt).

  • A pie de playa

Al norte de Lisboa y a una media hora está Torres Vedras, famosa por sus viñedos y por sus proyectos de turismo sostenible. Allí se localiza la joven e innovadora bodega AdegaMae (2012), premio al diseño arquitectónico y empresa del año en 2015. Enclavada en la Quinta de Archeira, próxima al Atlántico, se caracteriza por producir unos vinos muy originales, marcados por una refrescante acidez natural y una gran mineralización. A pesar de su juventud, la calidad, especialmente en los blancos, han convertido a AdegaMae en un referente.

La bodega organiza actividades y eventos pioneros alrededor del mundo del vino como catas a pie de playa. Una experiencia sensorial que no se debe perder frente a las espectaculares olas atlánticas de Santa Cruz, famosa por su belleza natural.

Puede contratar rutas en todoterreno hasta el mismo arenal y otras actividades, incluso con niños, en Rotas do Oeste.

Oeiras
Vista de los viñedos de Oeiras.

Uno de sus vinos, Dory, lleva el nombre en honor de las pequeñas y antiguas embarcaciones que utilizaban los portugueses para la pesca del bacalao.

Su degustación, así como la de otros pescados y mariscos recién salidos del mar, puede probarse en el magnífico y precioso restaurante de la bodega en la misma playa. Aunque solo fuera por el entorno, es una experiencia difícilmente olvidable y que no se debe perder.

  • Como un marqués

Pegada también a Lisboa, pero yendo hacia el oeste, está Oeiras cuya relación con el vino se remonta al siglo XIV. Un generoso que los marineros llevaban como oro en paño no solo para animar las travesías, sino porque el caldo protegía contra el escorbuto. El buen vino de Carcavelos fue perdiendo caché en beneficio del Oporto y no sería hasta el siglo XVIII cuando el gran benefactor de Lisboa, el marqués de Pombal, reactivara su producción en los viñedos de su palacio de Oeiras. Un delicioso capricho.

Hoy la vendimia sigue siendo manual. El palacio y jardines del marqués de Pombal son un notable y encantador conjunto patrimonial, restaurado en parte, en el que se siente el esplendor y la decadencia de una época pasada.

Recórralo sin prisa y trasládese a otro tiempo, lleno de lujo y elegancia. El palacio conserva las bodegas originales.

El generoso de Carcavelos DO sigue siendo un tesoro poco conocido, de enorme calidad, se produce de forma artesanal, con métodos tradicionales, y permanece diez años en barrica de roble, del que adquiere su bonito color dorado, una fragancia de aromas poco común y un sabor intenso y largo, para no olvidarse de él. Más información en Cm-oeiras.pt.