Impacto de la liberalización en el sector energético y de telecomunicaciones

La luz en México: distribución estatal, seguridad privada

El sector eléctrico y de hidrocarburos abre oportunidades a las empresas extranjeras.

Un código de conducta obliga a reguladores y regulados a actuar con transparencia.

Vista de El Zócalo, la plaza principal de Ciudad de México.
Vista de El Zócalo, la plaza principal de Ciudad de México.

México está en pleno proceso de liberalización del mercado energético y de telecomunicaciones, y aunque siempre ha recibido mucha inversión extranjera, especialmente española, las posibilidades se multiplican con la nueva regulación.

Benjamín Torres-Barrón, socio de Baker & McKenzie para energía, minas e infraestructuras en México, explica que antes de la liberalización del sistema eléctrico y de los hidrocarburos, la participación de las empresas privadas estaba “muy restringida a ciertas actividades dentro de la cadena”, mientras que ahora se abre a todas las áreas.

“Muchas empresas españolas, como Iberdrola, Abengoa, Acciona y Enel, ya tenían presencia allí”, pero ahora tendrán más oportunidades. En concreto, la modificación constitucional ha terminado con la exclusividad de las empresas estatales, como Pemex (hidrocarburos) y la Comisión Federal de Electricidad.

Dentro del área de petroquímica, “podrán participar en el refino, la exploración y la explotación de forma directa, sin que sus trabajos tengan que estar catalogados como contratos de servicios.” La transmisión y distribución de electricidad sigue siendo pública, “pero se pueden subcontratar el mantenimiento, la seguridad y otros servicios a empresas privadas”.

El Gobierno quiere promover las asociaciones público-privadas

 Además se acaba de liberalizar el sector de las telecomunicaciones, “donde se permite la inversión extranjera al 100%”. El cambio se ha producido porque el Gobierno mexicano “se ha dado cuenta de que la necesidad de inversión en energía es muy importante, y el presupuesto público no es suficiente para cubrir todas estas necesidades. Pemex no cuenta ni con la tecnología ni con los recursos financieros necesarios para mantener la producción de crudo”, explica.

  • Competencia

Las empresas, lógicamente, deberán cumplir ciertos requisitos, como garantizar la competencia. “En sectores como el marítimo tiene que haber participación de empresas mexicanas y hace falta apoyarse en embarcaciones y plataformas del país”. Las sociedades navieras solo pueden tener un 49% de inversión extranjera, “pero siempre hay maneras de estructurar el accionariado para proteger a los extranjeros y que puedan tener el control del negocio”, asegura.

También hay restricciones en el sector inmobiliario, especialmente en zonas restringidas, como las costeras. “Hay que constituir una sociedad mexicana con capital extranjero o comprar la propiedad a través de un fideicomiso”, abunda.

Las nuevas reglamentaciones son “claras, transparentes y amigables”, resalta. Además, se ha promulgado un código de conducta para las autoridades reguladoras -incluida la nueva agencia ambiental, la ASEA- y las empresas paraestatales. “La norma regula la interacción entre la autoridad reguladora y los regulados. Tiene que haber una comunicación muy transparente entre ellos, y todo el contenido de sus reuniones debe ser público. Ya no se puede invitar a comer u otra serie de actividades que hasta ahora se consideraban normales”, advierte.

Lo que se busca con estos códigos es “mitigar o evitar los conflictos de interés, la percepción de favoritismo”, añade. Eso incluye, “desde luego”, a las empresas extranjeras. “Un error de las empresas que han estado haciendo negocios en México es que piensen que pueden seguir haciéndolo igual. Hay que actualizarse, adaptarse a los cambios”, mantiene.

El Gobierno quiere estimular las asociaciones público-privadas, los public-private-partnerships. “Ya existe una regulación relativamente reciente, de hace unos años, y a nivel local, hay Estados mexicanos con leyes especializadas”, indica.

  • Renovables sin subvenciones

La presencia de empresas españolas en las energías renovables ha sido amplia. Benjamín Torres-Barrón señala que, “aprendiendo de experiencias como la española, se ha evitado subvencionarlas. Simplemente se están dando certificados de energía limpia para promoverlas un poco”. Los certificados funcionan de forma similar a los créditos de carbono y se pueden canjear por dinero.

Sigue habiendo muchas oportunidades de inversión en la energía eólica y la solar, destaca, con muchos proyectos fructíferos en estos sectores.