Tribuna

La Banca en la sombra sale de la oscuridad

El término Banca en la Sombra vio la luz en 2007 para describir parte del proceso de intermediación financiera llevado a cabo fuera del sistema de banca comercial. Conlleva la intermediación crediticia no bancaria y abarca la financiación mayorista a través de los mercados de capitales (como ciertos tipos de fondos de inversión y vehículos de titulización, así como transacciones de financiación de títulos) y canales de financiación alternativos.
Sus connotaciones negativas provienen de la función compleja, opaca y casi sin regular de las actividades de financiación durante la crisis financiera de 2008. La banca en la sombra estuvo considerada como una fuente de riesgo sistémico que necesitaba contención.
Siete años después, el debate ha cambiado dramáticamente: con la financiación tradicional bancaria tan limitada por los requerimientos regulatorios de capital y liquidez tan exigentes, el foco sobre este tipo de financiación ha evolucionado de la contención de riesgos a permitir que los mercados de capitales ayuden a impulsar el crecimiento económico.
En este contexto, un estudio reciente de CFA Institute sobre la banca en la sombra, sugiere que el crédito no bancario en forma de financiación a través de los mercados financieros puede proporcionar una solución potencial para resucitar la economía real al canalizar capital hacia empresas productivas.
Sin embargo, para consolidar la banca en la sombra, es necesario incrementar la estandarización y simplificación de las estructuras de emisión, a la vez que se aumente la transparencia de una forma generalizada, para proteger los intereses de los inversores.
El alcance de la regulación relacionada con la financiación a través de los mercados de capitales ya es lo suficientemente amplia. En la Unión Europea y en Estados Unidos, la regulación de los fondos de inversión comercializados a los inversores particulares es minuciosa, mientras que se han establecidos nuevas reglas para los fondos monetarios (entre otras cosas). En este contexto, el término banca en la sombra es algo equívoco y no debería relacionarse con actividades no reguladas.
Por el contrario, existen otras partes del sistema de la banca en la sombra que sí que están sin regular, tales como la financiación peer-to-peer (de persona a persona), micro finanzas, préstamos originados a través de trust, y otros canales de financiación alternativos, y es en este campo donde los riesgos a la protección del inversor tienen más probabilidades de surgir.
El interés renovado de la banca en la sombra coincide con la iniciativa de la Comisión Europea para establecer una Unión de los Mercados de Capitales (CMU por sus siglas en inglés). El objetivo de la CMU es abordar las barreras a los flujos de capitales en Europa y diversificar las fuentes de financiación para las empresas.
La iniciativa surge en un entorno de crecimiento económico débil, así como políticas acomodativas simultáneas por parte de los bancos centrales. Con la financiación bancaria limitada, la expansión de las fuentes de capital disponibles a las empresas europeas es más importante que nunca.
En este contexto, la banca en la sombra puede jugar una función doble de desbloqueo de los mercados de capitales y de mejora en la conexión de los inversores con las necesidades de financiación de la economía.
Para entender los beneficios de la banca en la sombra, la clase política debe abordar la fragmentación que existe en productos y mercados dentro del mundo de la titulización, a través de la incentivación de unas estructuras de emisión estandarizadas y simples, así como la implementación de un marco robusto en cuanto a la utilización de garantías asociadas con este tipo de transacciones.
Al hacerlo, la banca en la sombra puede satisfacer varias de las necesidades del inversor y promover el funcionamiento eficiente del sistema financiero.

Rhodri Preece / Luis Buceta son Director y Miembro de CFA Society Spain