Máquinas que pueden decidir como un consejero delegado

Inteligencia artificial: ¿Puede un robot sustituir a un directivo?

Los avances en inteligencia artificial empiezan a cambiar la forma en que se toman las decisiones dentro de una empresa. Cada vez se analizan más datos en menos tiempo.

Inteligencia artificial: ¿Puede un robot sustituir a un directivo?

El 15 de marzo de 2016 puede pasar a la historia como una fecha clave para la inteligencia artificial. Ese día, el ordenador desarrollado por Google, AlphaGo, y el surcoreano Lee Se-Dol, terminaban su serie de cinco partidas al juego del go, una modalidad de gran tradición en Asia y cuya dificultad, dicen, es muy superior a la del ajedrez, incluida para una máquina. El resultado final fue incontestable: AlphaGo venció por 4-1 a su rival humano, siendo la primera vez que un ordenador vence en la historia de este juego.
Un hito que demuestra el nivel de desarrollo que ha alcanzado la inteligencia artificial. Una tecnología que, en el día a día y a un nivel básico, se puede apreciar, por ejemplo, en páginas webs que recomiendan adquirir determinados productos en base a las compras realizadas con anterioridad, y que, más pronto que tarde, llegará a las carreteras en forma de automóviles de conducción autónoma. Sin embargo, su aplicación va más allá.

Los avances en computación ya permiten analizar e interpretar grandes cantidades de datos en muy poco tiempo

El aprendizaje automático (machine learning, en su traducción al inglés), es una rama de la inteligencia artificial que permite al ordenador, a través de complejos algoritmos, procesar enormes cantidades de datos, aprender de ellos, y sacar conclusiones como, por ejemplo, predicciones: “Para recomendar contenidos que sean relevantes para la persona, optimizar sistemas logísticos si tienes que encargar productos nuevos, puedes predecir la demanda... A nivel de industrias, en casi todas se podrá utilizar, si no se está utilizando ya”, afirma Nuria Oliver, directora científica en Telefonica I+D. “Gracias a la existencia del big data, y a una capacidad de computación cada vez más grande, se están produciendo avances muy grandes en el campo de la inteligencia artificial, porque son algoritmos que necesitan datos para aprender, y mucha computación. Eso ya lo tenemos, y ahora estamos siendos testigos de grandes hitos en este ámbito. Es un área candente”.

Oliver fue una de las conferenciantes invitadas al congreso Papis Connect, que reunió en Valencia a expertos y profesionales del área de la inteligencia artificial. Allí, la plataforma PreSeries, participada por Telefónica y Big ML, presentó una máquina capaz de seleccionar, entre cinco startups, cuál de ellas tiene más posibilidades de éxito y, por tanto, cuál es mejor para recibir inversión. “Tiene acceso a una cantidad de información que a un humano le resultaría muy difícil procesar”, explica el presidente de PreSeries, Francisco José Martín. Pero, ¿puede una máquina llegar a tomar decisiones estratégicas, por ejemplo, en una compañía? “¿Cuántos directivos en España pueden llegar al nivel que puede tener un jugador de go?”, se pregunta Martínez. “Pocos, seguro. Si un algoritmo puede ganar a un humano en este juego, imagina lo bien que lo pueden hacer tomando decisiones”, continúa el presidente de PreSeries, que acota, eso sí, los campos en los que una máquina puede bastarse en solitario: “Si la decisión es lanzar una campaña de marketing, o implementar un producto, son cosas que alguien va a tener que definir y trabajar. Pero asuntos que sean automatizables, como poner un precio, o realizar una orden de compra, son tareas que una máquina puede hacer. Y es muy fácil medir el impacto de sus decisiones”.

Nuria Oliver cree que, “dependiendo de la complejidad de la decisión y del impacto que vaya a tener en el mundo real, tendremos situaciones en que esté totalmente delegada la toma de la decisión a un algoritmo. Llegará el caso en que los programas tomen las decisiones porque sean cosas que pueden automatizase.” Sin embargo, apuesta por un sistema híbrido, en el que el algoritmo sea el que analice los datos y presente las conclusiones, y sea el humano el que tenga la última palabra. Oliver argumenta que, todavía, una persona puede aportar habilidades que una máquina no tiene. “Va a ser cada vez más necesaria una simbiosis entre los algoritmos que nos ayuden a sacar partido y a entender los datos, y los humanos, que podemos incluir una noción de contexto, o factores no numéricos. En definitiva, que la inteligencia artificial sea un input más en la toma de decisiones”.

Por su parte, el director del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial del CSIC, Ramón López de Mántaras, destaca del aprendizaje automático su utilidad predictiva, que puede ser muy apreciada en sectores como el del retail: “Las posibilidades son inmensas. Desde el punto de vista empresarial, para maximizar beneficios, hasta predecir pandemias a nivel gubernamental”. Detalla que, incluso una pequeña empresa podría aplicar esta tecnología, ya que “no tienes que invertir en hardware sofisticado ni casi en software. Sí en gente que tenga unos conocimientos de inteligencia artificial para explotar todo su potencial”. Precisamente, respecto al papel humano, López de Mántaras es más contundente: “Cuando sea económicamente y socialmente perjudicial hacer funcionar un software autónomo, no hay que permitirlo. Yo estoy en contra de dar autonomía completa a las máquinas”. Por ejemplo, en un departamento de recursos humanos. “Se están utilizando programas con los que filtran el 90% de los currículums, y el otro 10% ya los analiza una persona. Creo que es un error enorme porque estás incidiendo en el futuro de personas”.

  • Empleos

Según el Foro Económico Mundial, los avances en inteligencia artificial provocarán la desaparición de cinco millones de empleos hasta 2020

El investigador apoya la introducción de estas tecnologías, pero como un elemento más en la toma de decisiones. “La decisión final tiene que ser la del humano. Si un directivo se limita a hacer caso a la máquina, entonces no es necesario”. En el trasfondo del debate está el informe que el Foro Económico Mundial publicó el pasado mes de enero. En él, se calcula que, en los próximos cinco años, se destruirán cerca de cinco millones de empleos en todo el mundo debido al creciente uso, por parte de las empresas, de la inteligencia artificial. Incluso, entre algunas de las propuestas presentadas en Papis Connect, se incluía la de un subsidio universal, ante la falta de empleos.

“Hay trabajos para los que no se van a necesitar personas”, explica Francisco José Martín, de PreSeries. “Para vender pólizas de seguros, quitas cinco puestos de trabajo y tienes un ordenador que va a tomar las decisiones mucho mas rápidas y eficientes. Los call centers, también van a desaparecer. Es un proceso que poco a poco va a ir creciendo”. Argumenta que el impacto económico, que van a tener las herramientas de inteligencia artificial para las empresas, hará que estas se inclinen, cada vez más, por adoptarlas, y quedará en el tejado de los gobiernos y los trabajadores decidir qué rumbo tomar.

“La mitad de los puestos de trabajo puede desaparecer en 30 años”, calcula Ramón López de Mántaras, que se pregunta si, como sucedió con la informática, esa destrucción va a hacer que se creen otro tipo de empleos. No es optimista. “La informática creó muchos puestos de trabajo en los últimos 50 años, y antes nadie trabajaba en ello. Es bueno, y está relacionado con el progreso. Ahora hay sociólogos y economistas que dicen que en esta nueva revolución no está tan claro que vaya a suceder lo mismo. Todo trabajo en que el contacto humano sea imprescindible, será de los últimos en desaparecer, o aquellos en los que la creatividad humana tenga un papel”.

El ‘go’, un juego de extrema dificultad

Lee Se-dol, a la derecha, el mejor jugador de go del mundo, comienza la partida que le enfentó a la máquina AlphaGo, desarrollada por Google, y que por primera vez en la historia batió a un ser humano en una partida de esta modalidad. reuters
Lee Se-dol, a la derecha, el mejor jugador de go del mundo, comienza la partida que le enfentó a la máquina AlphaGo, desarrollada por Google, y que por primera vez en la historia batió a un ser humano en una partida de esta modalidad. reuters

“Jugar al go era uno de los retos de la inteligencia artificial, porque era mucho más complejo que el ajedrez”, afirma Nuria Oliver, directora científica de I+D en Telefónica. Para comprender lo que supuso la victoria de AlphaGo, desarrollada por Google, al surcoreano Lee Se-Dol, basta decir que la primera vez que un ordenador ganó a un humano al ajedrez fue hace justo 20 años.

Lo hizo Deep Blue, un superordenador creado por IBM que venció a una leyenda de este deporte como el ruso Gary Kasparov. Se dice que el go es el juego de estrategia más antiguo del mundo. Se desarrolla sobre un tablero que, en el caso de la partida ganada por Alpha Go, tenía unas dimensiones de 19 cuadrados por 19. El jugador que compite con fichas negras cuenta con 181 piedras y comienza la partida, por las 180 blancas. El objetivo es que las fichas de un color rodeen en mayor número a las contrarias. Una partida puede llegar a alcanzar una duración de 90 minutos.

De ahí, surge otra cuestión a la que todavía hay que dar respuesta: la seguridad. Quién controla a las máquinas. “Cuanto más relevante sea la función que desempeñe la máquina, más controles habrá que poner para proteger su seguridad. Por ejemplo, poner otra máquina. Se está produciendo ese momento  en el tiempo en que esto es accesible. Y el número de personas que pueden estar inventando algo a la vez, es increíble”, cree Francisco José Martín. “¿Quién controla al controlador?”, se cuestiona López de Mántaras. “Es un bucle complicado. Hay cuestiones sobre las que no se presta atención, y habrá que hacerlo tarde o temprano”.