Lo probamos: túnel de viento

Aprendiendo a volar en una jaula de cristal

El corazón no se acelera tanto como en una caída libre, pero ofrece mayor juego para hacer piruetas

Para los principiantes, la experiencia del túnel de viento resulta descafeinada en comparación con la caída libre. Para los expertos, en cambio, ofrece grandes posibilidades para practicar piruetas.
Para los principiantes, la experiencia del túnel de viento resulta descafeinada en comparación con la caída libre. Para los expertos, en cambio, ofrece grandes posibilidades para practicar piruetas.

La sensación de volar es difícilmente descriptible para quienes no la hayan experimentado. La tecnología hace posible que no sea necesario tirarse de un avión para hacerse una idea de lo que es flotar en el aire. Esta semana se inaugurará en la localidad madrileña de Las Rozas el mayor túnel de viento de Europa, Madrid Fly. Se trata de un gran tubo de 4,6 metros de ancho y 18,5 de alto, ocho de ellos acristalados, en el que fluye aire del suelo al techo a velocidades de entre 180 y 300 km/h.

La mayor ventaja de los túneles de viento es que el vuelo se produce en un entorno controlado. Eso permite que los instructores sujeten a los principiantes, les corrijan la postura o les saquen del tubo con mucha facilidad en caso de ser necesario. El inconveniente es que, precisamente por el hecho de estar encerrado en una jaula y de no ver cómo se acerca el suelo, la dosis de adrenalina liberada es mucho menor que en una caída libre.

Pero merece la pena probarlo. Las turbinas –y la ayuda de los instructores– pueden hacer que el usuario se eleve a unos 10 metros. Puede servir como una toma de contacto con la experiencia de volar para quienes planeen lanzarse desde un avión.

Lo primero es recibir unas breves clases teóricas a manos de los instructores. Aunque servirá de poco la primera vez que se pruebe.
Lo primero es recibir unas breves clases teóricas a manos de los instructores. Aunque servirá de poco la primera vez que se pruebe.

La sesión empieza con una breve explicación teórica de la postura que hay que adoptar en el túnel para mantener la estabilidad. El instructor enseña también tres o cuatro gestos para comunicarse dentro del tubo, ya que la velocidad del aire hace que hablar (o gritar) no sirva de nada. Solo queda ajustarse el mono, los tapones para los oídos y las gafas y dar el salto.

Los vuelos duran poco más de un minuto y se compran por rondas. Dos sesiones cuestan 58 euros para un adulto y 39 para niños a partir de los cinco años. Esa es otra de las ventajas del túnel: la regulación de la potencia del tubo y su alta seguridad lo hacen compatible para todos los públicos, exceptuando embarazadas y personas que se hayan dislocado un hombro recientemente.

Seis años de trabajo y seis millones de euros han hecho falta para que la ingeniería KeelWit Technology y la constructora Edysa, ambas españolas, desarrollasen y patentasen su túnel de viento. La compañía puesta en marcha por el campeón de paracaidismo Alberto Fuertes espera captar 50.000 visitantes durante este año. Este simulador de caída libre desarmará a los que esgriman como excusa el vértigo.