Editorial

Un respiro en el sector financiero

El sector financiero ha logrado que el Banco de España retrase hasta finales de año la entrada en vigor de la circular que regula el nuevo cálculo de provisiones que las entidades deben adoptar. La circular en cuestión modifica la norma 4/2004, cuya aplicación el supervisor pensaba poner en marcha en junio, una fecha que la banca considera precipitada. La razón es que el texto no solo es de una elevada complejidad, sino que exige también un desarrollo tecnológico para poder aplicarlo sobre el terreno. El objetivo de la circular es modificar la metodología del sistema de cálculo de las provisiones y adaptarla a las normas internacionales de información financiera adoptadas por los reglamentos de la Unión Europea, pero dos años antes de que se aplique en el resto de Europa. Para ello, la norma introduce un periodo transitorio de exactamente dos años. Las nuevas directrices del Banco de España no son un mero maquillaje, sino que suponen un giro radical del sistema de cálculo de provisiones, por lo que la petición de las entidades financieras parece razonable, más aún cuando el calendario previsto adelanta notablemente su aplicación. También hay diferencia de opiniones sobre el impacto que pueda tener en algunas entidades, aunque en general se considera que este será similar a los cálculos que ya ha realizado la banca. No en vano, lo que se modifica es la metodología, no el grueso de las provisiones. El texto afecta a aspectos como el régimen de gobernanza, la concesión de operaciones y modificaciones de condiciones, la clasificación de operaciones en función del riesgo de crédito, la estimación de coberturas, las garantías y tasaciones y los adjudicados.

La decisión de retrasar una norma de esta naturaleza parece razonable, especialmente si se tiene en cuenta el enorme esfuerzo que ha realizado en materia de provisiones y dotaciones el sector bancario español con el objetivo de sanear y recapitalizar sus balances, gravemente deteriorados por el peso de activos tóxicos. La suma de esos esfuerzos equivale a un tercio del Producto Interior Bruto (PIB) del país, una cantidad que ha supuesto un ejercicio notable para el sector y que se suma a las dificultades del entorno económico actual. La banca se mueve hoy en una coyuntura que aúna tipos de interés muy bajos, una normativa regulatoria más severa y la necesidad de abordar la revolución tecnológica. Una apuesta, esta última, que está obligando al sector a realizar fuertes inversiones para posicionarse en una carrera en la que la competencia es feroz. La conjunción de todas esas variables ha estrechado los márgenes de negocio del sector financiero, lo que hace todavía más oportuna la decisión del Banco de España dar un poco de oxígeno