Los socios europeos no quieren que se retrase la consulta más allá del verano

La UE ayuda a Cameron a intentar ganar su referéndum sobre el Brexit

El presidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk (i-d), el primer ministro británico, David Cameron, y su homólogo griego, Alexis Tsipras, conversan al inicio de la cumbre de líderes de la Unión Europea (UE) en Bruselas, Bélgica, hoy.
El presidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk (i-d), el primer ministro británico, David Cameron, y su homólogo griego, Alexis Tsipras, conversan al inicio de la cumbre de líderes de la Unión Europea (UE) en Bruselas, Bélgica, hoy. EFE

Las negociaciones se reanudarán este viernes y todas las partes parecen decididas a alcanzar un acuerdo para que David Cameron pueda convocar su referéndum a finales de junio. Si las negociaciones se prolongaran, el calendario electoral británico obligaría a convocar la consulta después del verano o, incluso, en 2017, hipótesis que nadie desea porque ese año hay elecciones en Francia y Alemania. “Si hace falta, negociaremos todo el fin de semana para cerrar el acuerdo”, se comprometió esta tarde el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.

El ambiente en Bruselas, sin embargo, no anticipaba un choque de tal magnitud. Cameron, el gran protagonista de la primera cumbre europea de 2016, desembarcó en pie de guerra aun a sabiendas de que no le esperaba ningún contrincante.

“Voy a dar la batalla por Gran Bretaña”, aseguró en tono bélico el primer ministro del Reino Unido momentos antes de iniciar las negociaciones con sus socios europeos sobre el pacto que le permitirá defender el Sí a la UE en el referéndum que espera convocar a finales de junio.

“Si me ofrecen un buen acuerdo, lo cogeré; pero no aceptaré nada que no colme nuestras necesidades”, desafió el líder de los conservadores británicos, consciente de la deuda que tiene con los euroescépticos de su partido que le auparon al poder.

Pero en Bruselas nadie parece dispuesto a recoger el guante. Todo lo contrario. La canciller alemana, Angela Merkel, se erigió una vez más en la líder de facto del Consejo Europeo y proclamó antes de sentarse a la mesa de negociación que ”estamos dispuestos a hacer con gusto todo lo que sea necesario para que el Reino Unido siga siendo parte de la UE”. La presidenta letona, Dalia Gribauskaité, resumía la situación con una gota de cinismo: “cada uno hará su drama y luego cerraremos el acuerdo”.

El proyecto de acuerdo elaborado por el presidente del Consejo, Donald Tusk, ofrece a Londres cuatro concesiones: la posibilidad de plantear objeciones a las iniciativas de la zona euro, aunque no de vetarlas; la promesa de mejorar la competitividad y reducir la normativa comunitaria; la posibilidad de frenar la tramitación de una directiva si lo piden el 55% de los parlamentos nacionales de la UE; y la potestad de recortar los complementos salariales de los trabajadores europeos durante los primeros cuatro años de contrato en Reino Unido.

Letra pequeña

Los técnicos depuraban esta noche la letra pequeñas de las cuatro ofertas. Londres exige garantías de que las promesas se cumplirán una vez pasado el referéndum, sobre todo, en cuanto a la discriminación laboral, porque requiere reformar varios reglamentos europeos y la tramitación se prevé muy complicada.

La inquietud de otros socios es que las concesiones a Londres se conviertan en el inicio de un desmantelamiento de las normas que garantizan en Europa la libre circulación y el establecimiento de personas y trabajadores.

El presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, alertó contra el peligro “de que se abra una caja de Pandora en la que otros Estados miembros empiecen a desplegar una lista de cambios a los Tratados por la puerta de atrás”.

El riesgo es evidente porque, para empezar, los cambios ofrecidos al Reino Unido estarán disponibles para todos los socios. Varios países de Europa del Este temen que los recortes a las ayudas de los trabajadores inmigrantes que introducirá Cameron se repitan en países como España o Italia, donde trabajan miles de rumanos, búlgaros o polacos. Fuentes españolas aseguran que Madrid “no se plantea discriminar a ningún trabajador europeo porque está en contra por principio”.

El perfil bajo de un Rajoy en funciones

España llegó hoy a la cumbre europea sin disimular demasiado su disgusto con las concesiones ofrecidas a Londres para intentar garantizar la victoria del Sí a la UE en el próximo referéndum. Sin embargo, la delegación española, encabezada por el presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, prefirió amoldarse a la voluntad general de dar por bueno el proyecto de acuerdo, incluso a la parte que permitirá a Londres discriminar a los trabajadores europeos en función de su país de origen. “Si nadie levanta la voz, no vamos a encabezar nosotros la protesta”, justificaban fuentes españolas su aparente pasividad. En la delegación española también se recordaba que en muchas materias, como en servicios financieros, España tiene más coincidencias con Reino Unido que con algunos socios de la zona euro, como Francia o Alemania. No en vano, el mayor banco de España, Santander, solo tiene el 8% de sus activos en la llamada unión bancaria (zona euro sin contar a España) y el 32% en el resto de la UE, según datos del instituto de estudios Bruegel.

Rajoy también invocó la estrecha relación económica para justificar su apoyo a las reclamaciones de Cameron. “Reino Unido es el primer destino de la inversión española, nuestro tercer socio comercial, por detrás de Francia y Alemania, y el primer emisor de turistas hacia España de todo el mundo”, señaló Rajoy a su llegada al Parlamento Europeo para reunirse con los eurodiputados españoles del Partido Popular. Rajoy parecía más preocupado por imponer el cierre de filas entre sus correligionarios, de cara a la investidura en Madrid, que por oponerse a las medidas discriminatorias que Londres estaba a punto de arrancar.