Editorial

Un control fiable para salvar el diésel

El Parlamento Europeo renunció ayer a vetar las nuevas normas europeas sobre control de emisiones contaminantes para la industria automovilística, acusadas por sus críticos de ser demasiado relajadas. La decisión despeja el camino para la entrada en vigor de la nueva directiva, salvo que el gobierno francés confirme su anunciada intención de intentar impedirlo, lo cual parece poco probable.
El acuerdo incluye las nuevas pruebas de homologación de motores diésel, que a partir de 2020 deberán hacerse de manera exclusiva en condiciones de tráfico real y no en laboratorio como hasta ahora.
El nuevo sistema será mucho más exigente para el sector porque impedirá que los fabricantes tuneen el vehículo para cumplir con el límite establecido (80 miligramos de nitrógeno de óxido por kilómetro) y obtener unos rendimientos que fuera del laboratorio resultan irrepetibles. La Comisión Europea calcula que la contaminación real de los motores en Europa llega a multiplicar por cinco el nivel declarado oficialmente.
Las pruebas en carretera intentarán reducir esa desviación, pero ofreciendo cierto margen de error a los fabricantes. La CE proponía una desviación transitoria del 60% y otra permanente del 20%, pero los ministerios de Industria decidieron doblar esos márgenes, lo que provocó la fracasada revuelta de los eurodiputados.
La industria automovilística celebró ayer el final de la saga institucional y confía en que las nuevas normas clarifiquen la situación. La patronal europea (ACEA) califica las pruebas en carretera como todo un reto pero se muestra dispuesta a llevarlas a cabo tan pronto como entre en vigor la normativa.
El control más riguroso de las emisiones ayudará así a recuperar la confianza del consumidor, dañada tras el reciente caso Volkswagen. La industria debe pasar esa página cuanto antes y recuperar la imagen del diésel, un combustible que copa el 50% del mercado automovilístico europeo y en el que los fabricantes del Viejo Continente son líderes indiscutibles.
Europa no se puede permitir la pérdida de credibilidad en un sector clave, y menos en medio de una negociación con Washington para un acuerdo comercial que, entre otras cosas, aspira a impulsar la entrada de fabricantes europeos en el mercado automovilístico estadounidense.
Las pruebas en carretera deben contribuir a despejar cualquier duda sobre los estándares tecnológicos y medioambientales de la industria europea, además de redundar en la salud de todo el continente porque no hay que olvidar que, según la CE, la contaminación causa más de 400.00 muertes prematuras al año y un coste sanitario de hasta 940.0000 millones de euros al año.