Editorial

Coches menos contaminantes y más seguros

Cuando termine este año, la edad media del parque automovilístico español rondará los doce años, uno de los más vetustos de Europa, tras haber avanzado durante la crisis desde una media de ocho años. Este abultado envejecimiento de los automóviles tiene diversas causas, no todas ellas relacionadas con la crisis. Además de la prolongación de la vida útil de los coches por parte de los particulares ante el deterioro de las expectativas económicas durante los últimos siete u ocho años, hay que tener en cuenta el cambio de los hábitos de consumo de las generaciones más jóvenes, que en muchos casos supone la renuncia al coche como instrumento de movilidad. Entre ambas circunstancias han provocado que las ventas de vehículos en el país sean muy sensiblemente inferiores a las de los últimos años de la década de los ochenta y noventa, pese a que la fuerza laboral es hoy mucho más elevada, con 18 millones de ocupados.

Pero lo cierto es que esta involuntaria prolongación de la vida de los automóviles los convierte en mucho menos seguros y en mucho más contaminantes. Además del deterioro de las condiciones de emisión y de seguridad propios del envejecimiento, los turismos montados hoy disponen de características mucho más depuradas para filtrar la emisión de gases contaminantes, y de sistemas de seguridad de los ocupantes mucho más contrastados. Y ambos conceptos, la seguridad individual y colectiva y el grado de emisiones, deben ser reforzados.

Se debe recordar para tener una idea de los diferenciales de seguridad que la edad media de los vehículos afectados por siniestros con víctimas mortales el año pasado era de 14 años. Y para ilustrar los diferentes grados de contaminación de los coches basta conocer que un vehículo nuevo consume un 30% menos de combustible y emite un 95% menos de partículas que uno antiguo.

El Gobierno, a través de la Dirección General de Tráfico, y la asociación de vendedores de automóviles (Gamvam) han elaborado un ambicioso plan que pretende llevar la vida media de los automóviles que circulen por el país en 2020 a los siete años, prácticamente el mismo nivel de antes de la crisis. Entre las medidas, habrá incentivos a la renovación del parque y sustitución por coches más ecológicos, como ya se ha practicado en el pasado con sucesivos planes PIVE o Renove. Pero también se vigilarán prácticas tales como que en talleres ilegales se manipulan cuentakilómetros, se revenden ilegalmente coches o se reparan sin las garantías de homologación. Los conductores deben concienciarse de que la mejora de los estándares de consumo con motores más ecológicos supone un notable ahorro para los bolsillos; pero que la seguridad, no tiene precio.