El Foco

Un día cualquiera en el siglo XXII

En qué trabajas?” Es una pregunta que casi todos hemos hecho o nos han hecho en algún momento. A menudo lo usamos como una fórmula sencilla para empezar una conversación o buscar algún punto en común con alguien.

Pero ¿qué ocurre si la gente no entiende cuál es nuestro trabajo? Creo que eso es lo que pasaría si habláramos con alguien del siglo XIX y le intentáramos explicar cómo es la vida laboral en 2016. Del mismo modo, probablemente a nosotros nos costaría mucho comprender cómo sería un día normal en el siglo XXII.

Esta sencilla prueba nos demuestra lo mucho que han cambiado la economía y la sociedad en los últimos 200 años, lo que indica el nivel de transformación que queda por venir.

Según nuestro último informe sobre movilidad, ahora mismo hay alrededor de 7.000 millones de líneas móviles en todo el mundo, y en 2021 el 90% de la población dispondrá de redes de banda ancha móvil. Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) están dando paso a una era radicalmente nueva. Si en su momento se tardaron 100 años en conectar 1.000 millones de lugares, solo se han necesitado 25 para conectar a 5.000 millones de personas. Ahora no solo se conectan lugares y personas, sino también cosas: de hecho, prevemos que haya 26.000 millones de dispositivos conectados en 2020.

La era industrial, en que la ventaja competitiva de una compañía se basaba principalmente en escala, propiedad y concentración, está siendo rápidamente sustituida por la sociedad conectada, en la que la gente utiliza la conectividad como punto de partida para nuevas formas de innovar, colaborar y relacionarse.

Esto explica por qué una empresa de hostelería que no posee ni una sola habitación individual tiene ahora mayor valor de mercado que cualquier cadena hotelera multinacional. La transformación digital se produce a través de las industrias: en televisión, por ejemplo, donde una encuesta propia demuestra que más del 50% de los consumidores ven contenido de vídeo bajo demanda al menos una vez al día.

Una pregunta frecuente es qué supone todo esto para nuestro trabajo. Es probable que muchos de los empleos actuales se vean afectados por procesos automatizados. Pero si nos remitimos a nuestro ejemplo con el empleado del siglo XIX, está claro que, más que no hacer nada en absoluto, sencillamente haremos cosas diferentes. Así es la naturaleza de la transformación en cada época: a medida que avanza la tecnología, la productividad económica y el empleo evolucionan también. Esto es tan cierto hoy como lo era al principio de la era industrial hace dos siglos. Y también está la consideración adicional del efecto multiplicador, según el cual cada nuevo puesto de trabajo de alta tecnología puede crear cinco empleos más fuera de la industria tecnológica.

Por supuesto quedan retos por resolver. Por ejemplo: ¿cómo se pueden aprovechar las posibilidades positivas de las TIC? ¿Qué capacidades necesitan las personas, las empresas, los gobiernos? ¿Cómo puede la legislación apoyar la innovación defendiendo al mismo tiempo los derechos de los individuos?

Encontrar buenas respuestas a estas preguntas requiere de un diálogo entre las partes interesadas. Nadie puede resolverlas por sí mismo. Creo firmemente que cuando las compañías, políticos y sociedad civil adquieran compromisos mutuos, como han hecho estos días durante la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos, podremos desarrollar acciones efectivas e integradoras que hagan llegar a todos las ventajas de las TIC.

En los políticos, el nivel de sensibilización sobre el potencial a largo plazo de las TIC podría ser incluso mayor. El compromiso con planes nacionales de banda ancha y los acuerdos para una cooperación interministerial pueden marcar la diferencia, y se deberían acelerar allí donde sea posible. Los entornos regulatorios deben apoyar tanto la digitalización de las industrias ya asentadas como el desarrollo de los sectores emergentes. Adicionalmente, se puede hacer más para fomentar las habilidades digitales tanto de los propios gobiernos como de los ciudadanos. Al democratizar la educación y llevar la educación a todos, las TIC pueden ayudar a generar talento para la economía digital.

Para las compañías, la prioridad es cambiar antes de que otros lo hagan por ti. Las nuevas tecnologías implican nuevas reglas, y los ganadores serán aquellas empresas que integren de forma activa las TIC en la propia estructura de su negocio. Pregúntese esto más allá de hacer más eficaces sus procesos: ¿Cómo puede la tecnología transformar mi modelo de negocio y convertirse en una fuerza impulsora de la innovación continua, la sostenibilidad y la creación de valor?

Y como individuos, es esencial que asumamos el potencial de transformación de las TIC y participemos activamente en las posibilidades que generan. Esto significa implicar más a las partes interesadas, mejorar los productos y las infraestructuras y explorar nuevos ámbitos de emprendimiento, desarrollo social y creatividad intelectual.

Personas, políticos y compañías necesitan también aprovechar el potencial de las TIC para abordar algunos de los retos más urgentes del mundo actual, como el cambio climático o la aminoración de la pobreza. Nuestro reciente informe en esta área, realizado junto con el Earth Institute de la Universidad de Columbia, indica que las TIC pueden ayudar a alcanzar más rápidamente los Objetivos del Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas.

Creo que las TIC pueden aportar una influencia positiva y transformadora si se aplican de manera innovadora, responsable y colaboradora. En nuestra visión sobre la sociedad conectada, cada persona y cada industria está llamada a alcanzar su máximo potencial. Y solo podremos hacer realidad esta visión si colaboramos con toda la comunidad.

Quizá el nivel de ruptura actual no tenga precedentes, pero las cosas nunca volverán a moverse tan lentamente como antes. Trabajando juntos podemos generar impactos positivos a escala global, a más velocidad y con mayor impacto que nunca.

Hans Vestberg es Presidente y CEO de Ericsson