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Hace falta una unión bancaria viable

Los gobiernos de los países de la zona euro no han logrado poner en marcha una unión bancaria completa y eficaz pese a los esfuerzos del presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi. Una divisa común viable exige un sistema bancario común viable.

Tal sistema, guiado por el BCE, es esencial para el fortalecimiento de los bancos, que no han hecho y no están haciendo una contribución suficiente a la expansión económica. El crecimiento del PIB en los 19 países de la zona del euro fue de solo el 0,3% en el tercer trimestre de 2015. Se trata de un fracaso en la política económica de la zona euro.

En Londres en julio de 2012 –cuando Draghi se comprometió a hacer “lo que fuera necesario” para preservar el euro– le pregunté al presidente del BCE acerca de sus expectativas sobre una unión bancaria. Draghi subrayó que era vital para asegurar el euro y para el crecimiento de la región. Dijo que esperaba que la Comisión Europea tuviera listo el proyecto unos meses después y que las decisiones finales para establecer la unión bancaria se adoptaran en 2013.

Estamos a comienzos de 2016 y la unión bancaria sigue siendo en gran medida una tarea en proceso. La autoridad de control se ha consolidado hasta un cierto punto en manos del BCE para que finalmente existan tests de estrés bancarios significativos, como el de octubre de 2014. Se ha avanzado en la resolución, a pesar de los problemas recientes con cuatro pequeños bancos en Italia, así como con entidades en Portugal.

Con más autoridad, el BCE podría abordar algunas de las debilidades del del sector bancario de la zona euro

Pero no ha habido ningún progreso en un pilar clave de la unión bancaria: el seguro de depósitos. Desde hace unos meses, el Ministerio de Finanzas alemán ha distribuido un documento entre los funcionarios de la Unión Europea que detalla las objeciones a una protección de los depósitos bancarios en toda la zona euro. Berlín parece mantenerse firme en que sus ciudadanos no deberían contribuir a un fondo central que podría tener que ser utilizado para apoyar a depositantes de bancos de fuera de Alemania. Se está usando un lenguaje firme para sugerir que el BCE tiene que limitarse a la política monetaria y no extender aún más su mandato al sector bancario.

Uno está obligado a llegar a la conclusión de que el mandato del BCE sigue siendo demasiado estrecho. Con más autoridad se podrían abordar algunas de las debilidades de muchas partes del sector bancario de la zona euro. Después de todo, en la zona euro los bancos dominan con alrededor del 75%. Su buen estado es crucial para el crecimiento, pero las entidades de la región están frenando las actividades de banca de inversión, recortando su personal y en plena reestructuración.

Mario Draghi debe desear que el BCE disfrute de los mismos poderes de gran alcance que tiene la Reserva Federal. La Fed tiene un enorme poder sobre los bancos. Comparte parte de esa autoridad con muchas agencias federales y estatales, pero es el poder central. Y, en consecuencia, se movió tan rápido como pudo tras la crisis financiera de 2008/09 para garantizar que los bancos recapitalizados, desapalancados y reestructurados cumplían con altos estándares garantizados a través de pruebas de estrés dirigidas por la Fed. Además, la Reserva Federal ha trabajado con el Tesoro de Estados Unidos y otras agencias para establecer el tipo de enfoque de resolución bancaria que hace que sea menos probable que haya en el futuro grandes rescates bancarios estatales.

La Corporación Federal de Seguro de Depósitos estadounidense, en colaboración con la Reserva Federal, ha encontrado en repetidas ocasiones la forma de garantizar que los depositantes de los bancos débiles y aquellos con posibilidad de quebrar no sufrieran pérdidas. Se han dispuesto fusiones de forma hábil. Los bancos han asumido los costes con el paso del tiempo. Es difícil imaginar un sistema de resolución viable en la zona euro sin acuerdos similares.

En los últimos dos años, he sostenido públicamente que nos dirigimos hacia tiempos peligrosos dado que las políticas sobre los tipos de interés de la Reserva Federal y otros bancos centrales clave, incluyendo por supuesto al BCE, empiezan a divergir. Con la decisión de la Fed del mes pasado de elevar los tipos, la era de la divergencia está ahora crudamente sobre nosotros. Esto inevitablemente planteará desafíos adicionales a las perspectivas del euro y serán aún más difíciles debido a la incapacidad de los líderes europeos para crear una fuerte unión bancaria y otorgar al BCE el mandato que requiere del euro.