Editorial

Empleo, renta, inflación y demanda

La crisis contrajo un 7% el PIB y más de un 20% el empleo, con una pérdida acumulada de más de tres millones y medio de ocupados de 2008 a finales de 2013. En paralelo, la renta de los agentes privados, su aportación impositiva al Estado y el comportamiento de la demanda interna mostraron descensos coherentes con la caída del empleo, hasta el punto que la recuperación de la economía quedó en manos de la demanda exterior. Una consistente devaluación interna de los costes en la industria manufacturera logró recomponer la actividad, hasta el punto de que en los tres últimos años las cuentas corrientes de la economía española han dado la vuelta, y de un déficit descomunal hasta 2009 se ha pasado a un superávit por tercer año consecutivo, y con superávit comercial de bienes si se exceptúa el intercambio energético. Gráficamente, la cuota exportadora de la economía española, que era del 22% del PIB en 2008, ha pasado en 2015 al 33% del PIB.

Pero en 2015, la fortaleza de la demanda interna ha sido la que ha sostenido el crecimiento, con la contribución de varias circunstancias, que han funcionado casi todas ellas como elementos multiplicadores del resto. Avance del consumo, creación de empleo, bajada de los precios de los carburantes y descensos de la imposición personal, así como un reforzamiento de las expectativas sobre la marcha venidera de la economía. En 2014, ya con creación de empleo significativa por vez primera en un año natural completo tras la crisis, la renta disponible real de los hogares se incrementó más de tres puntos porcentuales, con la ayuda de unos precios en tasas negativas y gracias a que el avance de los salarios fue muy limitado. En 2015 el ejercicio se ha repetido, con una mejora de los salarios nominales del 0,74% en los convenios, que con una inflación media negativa (0,5% anual) y un tirón del empleo del 3,2% (datos de la Seguridad Social) han propiciado que la renta real disponible de los hogares se haya incrementado un 4,4%.

Este avance es el que está detrás de la demanda interna y del propio crecimiento. Al menos en los años transcurridos de recuperación de la economía se ha mantenido la disciplina de los precios tanto en el mercado exterior como en el interior, dado que los costes siguen controlados. De mantenerse en la misma dinámica un par de años más, los niveles de producción agregada previos a la crisis se habrán recuperado, como ya lo ha hecho el consumo doméstico. Y solo será cuestión de prolongar el ejercicio para que también lo hagan los niveles de ocupación, que estaban en el entorno de los 20 millones de empleados en 2007. Por tanto, el control de los costes y de los precios es la mejor garantía de recuperación de los niveles de riqueza agregados, y en manos está de los agentes económicos. Si el contexto político proporciona estabilidad y los acontecimientos externos ayudan, tanto mejor.