Por 150.000 millones de euros

Pfizer compra Allergan y crea la mayor farmacéutica

Caja de Viagra, medicamento fabricado por Pfizer.
Caja de Viagra, medicamento fabricado por Pfizer. REUTERS

Tras varias semanas de negociaciones, el laboratorio estadounidense Pfizer, fabricante de Viagra, y su homólogo irlandés Allergan, responsable de Botox, cerraron ayer el acuerdo para su fusión en una operación valorada en 160.000 millones de dólares (150.000 millones de euros), 10.000 millones más de lo previsto. La empresa resultante dará lugar al mayor grupo farmacéutico del mundo, con una capitalización bursatil de unos 300.000 millones de dólares (282.000 millones de euros). Además, la fusión se coloca como la segunda mayor operación corporativa de la historia, después de que la operadora alemana Mannesmann se hiciera con Vodafone en 1999 por 172.000 millones de dólares.

El fabricante de Viagra ocupa actualmente el segundo puesto entre las farmacéuticas estadounidenses, con un valor de mercado de unos 218.000 millones de dólares (204.891 millones de euros), mientras que Allergan alcanza los 113.000 millones de dólares (99.626 millones de euros). Una compañía combinada desbancaría a la empresa del sector sanitario de mayor capitalización mundial, Johnson & Johnson, con un valor de mercado de 277.000 millones de dólares (260.418 millones de euros).

La combinación de Pfizer y Allergan creará una empresa líder en la industria con el poder para investigar, descubrir y proveer de más medicinas y terapias a un mayor número de personas en todo el mundo”, afirmó en un comunicado Ian Read, presidente y consejero delegado de Pfizer. Read será el encargado de dirigir la nueva firma, como presidente y consejero delegado, mientras que Brent Saunders, consejero delegado de Allergan, será su segundo, ocupando el cargo de director de operaciones.

Según los términos del acuerdo, por los que Allergan, compañía de menor tamaño, adquirirá Pfizer, los accionistas de la primera recibirán 11,3 títulos del nuevo grupo por cada uno de los que posean de Allergan, mientras que los de Pfizer obtendrán una acción por cada una de las que tengan en la compañía estadounidense. Dado el precio de cierre de mercado el pasado viernes, 32,18 dólares, Pfizer tendrá que abonar 363,3 dólares por cada acción de Allergan. Esto supone una prima de más del 30% respecto a su valor del 28 de octubre, cuando los títulos de ambas empresas se vieron afectados por los rumores de una posible operación. Los accionistas de la farmacéutica americana podrán elegir si prefieren recibir el dinero en efectivo o los títulos de la compañía combinada, siempre que el monto a pagar no sea inferior a 6.000 millones de dólares (5.641 millones de euros) ni superior a 12.000 millones (11.278 millones de euros).

Concluida la operación, prevista para mediados de 2016, los accionistas de Pfizer mantendrán un 56% de la empresa combinada, que mantendrá el nombre de Pfizer, y los de Allergan, un 44%. La nueva empresa generará, según las previsiones de las fusionadas, un flujo de caja libre anual de en torno a 25.000 millones de dólares (23.500 millones de euros) en 2018. Además, la operación dejará a la estadounidense unas sinergias de más de 2.000 millones de dólares.

Para el cierre de la fusión es necesaria la aprobación de las autoridades de Estados Unidos y la Unión Europea y de los accionistas de ambas compañías. Allergan ha de finalizar también el proceso de venta de su negocio de genéricos a Teva Pharmaceuticals, que se espera termine en el primer trimestre del próximo año.

La empresa combinada, que cotizará en la Bolsa estadounidense, tendrá su domicilio fiscal en Irlanda, donde estarán ubicadas sus oficinas principales. Esto permitirá a Pfizer reducir considerablemente su factura fiscal, según informa The Wall Street Journal. Al establecer su domicilio fiscal en Dublín, el impuesto de sociedades que abonará pasará a ser del 12,5%, frente al rango de entre el 15% y el 39% actual.

EE UU trata de acabar con la “inversión fiscal”

El cierre de las negociaciones entre ambas farmacéuticas ha podido adelantarse después de que el Tesoro de EE UU anunciara la puesta en marcha de nuevas reglas para evitar acuerdos de inversión con fines fiscales. De hecho, la semana pasada, el propio secretario del organismo, Jack Lew, reconocía que “las compañías estadounidenses actualmente se están aprovechando de un entorno que las permite cambiar su residencia para evitar pagar impuestos en EE UU sin realizar cambios significativos en sus operaciones”.

Ambas empresas ya se han visto involucradas anteriormente en operaciones de “inversión fiscal”. En 2014, Pfizer trató de hacerse con la británica AstraZeneca, pero cesó después de que esta rechazara varias ofertas, entre otros motivos, por el enfoque puramente fiscal de la operación, que evitaría a la estadounidense repatriar gran parte de la liquidez que atesoraba y ahorrarse así el pago de los impuestos.

Ese mismo año, la estadounidense intentó también comprar Actavis, laboratorio de Reino Unido que entonces dirigía Brent Saunders, y que acabó fusionándose meses más tarde con Allergan, inicialmente con sede en territorio americano.

Pero para conocer las raíces del fabricante del Botox hay que remontarse a la creación de la propia Actavis. En 2012, la farmacéutica estadounidense Watson se hizo con la también americana Actavis, tomando el nombre de esta última. Un año después, adquirieron la irlandesa Warner Chillcot, trasladando su sede a la isla europea para reducir el importe de los impuestos a pagar. Finalmente, hace un año, la nueva Actavis adquirió la estadounidense Allergan, tomando su nombre, pero manteniendo el domicilio fiscal en Irlanda.

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