Editorial

El petróleo condiciona la inversión industrial

La globalización de la economía provoca que no haya día sin que una mariposa proyecte su suave aleteo desde un punto caliente del mundo al resto del planeta. Los inversores saben, la ciudadanía avisada conoce bien que las economías locales tienen un comportamiento no del todo autónomo, porque su movimiento de rotación está a su vez envuelto en otro de traslación global, que agita tanto los acontecimientos felices como los perniciosos. Las controlables bandas de fluctuación de las economías domésticas experimentan cada cierto tiempo agitaciones violentas por causas ajenas, pero que condicionan su desempeño inevitablemente. Los fuertes movimientos de los precios de las materias primas, del petróleo fundamentalmente, han puesto a prueba a todas las economías con alta dependencia energética, aunque en algunos casos, como el de la española, suponga en parte una mejora muy notable de la renta disponible de los agentes privados. Pero lo que es inevitable es el giro que la inversión en el mundo ha experimentado con el desplome del precio del crudo, y arrastradas por él, del resto de materias primas.

Los productores han recortado drásticamente sus ingresos y las compañías extractoras, refinadoras y vendedoras han ajustado severamente sus planes industriales, y no parece que tales cambios vayan a ser coyunturales. Nadie apuesta por un repunte de los precios en el medio plazo. Poco importan ahora las causas del derrumbe de los precios del oro negro desde los 120 dólares a los 50 actuales en solo 12 meses; la atención está en las estimaciones sobre su recuperación o su estabilización en los próximos años. El descenso tan brusco tiene explicaciones poliédricas, porque no es posible que una sola causa haya debilitado tanto la industria petrolera. La aportación fundamental la ha puesto la producción llevada al límite en el petróleo a profundidades desconocidas y con técnicas nuevas, que hace que sobre crudo en el mercado (no menos de dos millones de barriles/día). Pero algo habrá tenido que ver la persistencia de los productores sindicados en la OPEP en mantener las cuotas para obligar a los ajenos a abandonar el negocio y recuperar así cuota de mercado. Y algo habrá tenido de ver también la caída de la demanda de países emergentes, China sobre todo, y la intención de EE UU de dar un toque de atención a Rusia por el conflicto del Este europeo.

Los expertos más optimistas manejan un repunte de unos 20 dólares por barril, hasta los 70, en el mejor de los casos a 12 meses vista, y su estabilización en tales niveles. Está prácticamente descartado recuperar los cien dólares, entre otras cosas porque habrá nuevas entradas de productores de monocultivo petrolero en el mercado con fuerza, como Irán, Irak y Libia, y por el efecto contractivo en el consumo que puede tener una subida del precio por el efecto que en las divisas suponga un fortalecimiento del dólar con la subida de tipos en Estados Unidos. Este escenario para la economía española es muy positivo, puesto que garantiza una temporada larga de precios bajos en la energía y, por tanto, un mayor margen de renta disponible que puede sostener las previsiones de avance del consumo que las autoridades manejan hasta ahora, y que puede sostener el crecimiento del PIB claramente por encima del 3%.

Pero para los inversores industriales ha cambiado el paradigma. Todas las empresas energéticas volcadas en el crudo han modificado sus estrategias industriales y los planes de remuneración a sus socios en el capital. Solo con un crudo por encima de los 60 o 70 dólares por barril y de manera estable podrán mantener los retornos que proporcionaban a los accionistas y no hay que descartar una nueva oleada de operaciones corporativas para afrontar con más holgura una nueva etapa con petróleo barato. Pero fuera del espectro del crudo y del resto de las materias primas (oro, hierro, cobre, etc.), las oportunidades de inversión en el mundo siguen centrándose en compañías industriales, sobre todo en Europa. Los costes tendrán, han tenido ya, un importante descenso por el consumo energético que seguirá reflejándose en sus cuentas de resultados, aunque la menor demanda de los emergentes pueda contrarrestar en parte esta mejora de sus números. Únicamente los valores tecnológicos en EE UU y los bancarios en Italia figuran también entre los preferidos.

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