Editorial

Fórmulas de retiro más polivalentes

El punto crítico en el que está el sistema de pensiones español no es diferente del que experimentan el resto de modelos de protección de Europa. Su naturaleza pública común, la vertiginosa ganancia de esperanza de vida que agrava los problemas demográficos por la pasividad de las tasas de natalidad más bajas del mundo, y los problemas de crecimiento económico ante la competencia atosigante de las economías emergentes, los coloca a todos en estado de revisión permanente para poder prolongar su existencia. El modelo español tiene características incluso agravantes, que solo pueden ser superadas con nuevas reformas en los ingresos y en los pagos. Además de financiarse con una economía más volátil de lo normal por el alto componente coyuntural de algunas de sus actividades (turismo, construcción, agricultura), tendrá que absorber un shock de gasto muy poderoso con la incorporación como pasivos, en los próximos 20 años, de las cohortes de nacidos con el baby boom de la España emergente de 1960 a 1976. Y hoy por hoy no tiene resortes que absorban ambas embestidas de manera no traumática. El presidente del Gobierno ha advertido que la de la Seguridad Social será la gran reforma económica de la próxima legislatura, que deberá ser atendida sea quien sea quien ocupe la Moncloa. Pero la mejor manera de que la sociedad encaje una revisión restrictiva de los mecanismos de protección de la vejez es cebar instrumentos alternativos que proporcionen una parte de la renta esperada por los ciudadanos.

La fórmula tradicional es el ahorro de toda la vida, en cualquiera de sus manifestaciones. Los fondos de pensiones reglados por la normativa solo son uno de esos mecanismos, cuya penetración en el mercado ha sido lenta tanto por defecto de renta en los últimos años como por la desconfianza en el sistema bancario. Pero en los últimos años su presencia en el mercado ha crecido y ya hay patrimonio embolsado por una cuantía similar al coste de las pensiones públicas en un ejercicio. Han perdido atractivo fiscal con la última reforma, pero han ganado flexibilidad en el rescate, hasta el punto de que pueden utilizarse indistintamente como fondos de jubilación o de prejubilación.

La norma posibilita ahora una desgravación más limitada que antes, solo por 8.000 euros anuales, deducibles como antes en la base imposible. Pero si hasta ahora su rescate solo podía realizarse en el momento de la jubilación o eventualmente antes en caso de enfermedad grave o desempleo de larga duración, ahora podrá hacerse a los diez años de comenzar a capitalizarlo, siempre para las aportaciones hechas desde 2015 y que tengan ya una antigüedad de diez años; esto es, los primeros rescates parciales podrán efectuarse desde enero de 2025.

Esta modalidad de rescate flexible es un buen argumento para constituir fondos destinados a complementar la renta que pueda proporcionar el sistema público, que necesariamente tendrá que moderar los retornos que da a los cotizantes. Pero los particulares deben seguir teniendo en cuenta una buena serie de preceptos antes de contratar un fondo de retiro, ya que no son todos iguales, aunque la publicidad bancaria los pinte a todos como si fuesen de primer nivel. Elegir un fondo no puede hacerse a ciegas, puesto que aunque existe la posibilidad de rotar de gestor sin coste, hay que pensar que el dinero está cautivo, aunque generando una cierta plusvalía, durante al menos diez años.

Cada nuevo partícipe debe medir sus propias fuerzas antes de tomar la decisión, para hacerlo con sus propios medios o consultar con un asesor profesional, o con su propia oficina bancaria. Pero si da el paso de forma individual debe analizar primero su propia tolerancia al riesgo, que en buena parte debe estar ligado a su edad, para apostar por fondos intensivos en renta variable si aún tiene menos de 50 años, y concentrarse en fondos monetarios o construidos mayoritariamente con renta fija si ha superado esa barrera. Debe comprobar entre los fondos de la familia que identifique como ideal qué desempeño histórico ha ofrecido a los partícipes, sea en fondos de pensiones o en otros productos de largo plazo. Y no puede descuidar ningún tipo de coste aparejado a la gestión de su dinero, que en muchos casos no se justifica con el desempeño devuelto. Y por último, vigilancia regular.

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