Tribuna

La crisis de los ricos

La caída del petróleo, desde junio de 2014, supera el 50% y hace recordar los descensos de 1986 y 2008, después de conjugarse casi todos los factores que podían propiciar un desplome, tales como: el choque de oferta producido por los hidrocarburos no convencionales, la desaceleración de los emergentes, la decisión de la OPEP de defender su cuota de mercado, la fortaleza del dólar o el acuerdo nuclear con Irán.

El descenso de los precios del petróleo está haciendo mella en países que pudieron capear la crisis económica mundial de hace unos años, incluso, en algunos productores desarrollados como Noruega y Canadá. El país escandinavo es el segundo productor de crudo de Europa (1.895.000 barriles diarios) y el séptimo de gas a nivel mundial. El sector de los hidrocarburos es vital para su economía y explica un 22% del PIB y el 67% de las exportaciones.

No obstante, la exposición de Noruega a las materias primas va más allá, pues el resto de sus grandes partidas exportadoras son completadas por: el pescado y sus derivados (6,5%), el aluminio (1,9%) y el níquel (1%). El país es vulnerable a los descensos de los precios de los productos básicos y la fortaleza de sus estructuras institucionales y económicas, junto a la favorable situación de sus principales socios comerciales (Reino Unido, Alemania…), no es ni será suficiente para mantener a flote su economía.

El PIB noruego ha pasado de crecer un 0,9% trimestral, a finales de 2014, a caer un -0,1% en el segundo trimestre de este año y, seguramente, crezca por debajo del 1% en 2015. La actual coyuntura ha conseguido lo que no pudo hacer la Gran Recesión y la tasa de desempleo supera el 4% frente al 3,6% alcanzado en el momento álgido de la crisis. El desplome de los hidrocarburos pasa factura y, por ejemplo, la petrolera estatal Statoil ha recortado 20.000 puestos de trabajo. Ante esta situación y con el fin de estimular la economía, el Norges Bank ha recortado los tipos de interés hasta sus mínimos históricos (0,75%).

Canadá es otro ejemplo de economía que pudo capear la crisis financiera pero que sufre el bajo precio del petróleo, entrando en recesión por segunda vez en seis años. El crecimiento de Estados Unidos, su mayor socio comercial, no ha sido suficiente para mantener el avance de la actividad del quinto mayor productor de petróleo del mundo (4.292 millones de barriles diarios) en 2014.

Las materias primas han supuesto un empuje extra para Canadá en los últimos años y han pasado de representar un 7,9% del PIB en la década de los noventa a un 9,5% entre el año 2000 y 2010. En la actualidad, solo el petróleo y el gas natural representan un 10% del PIB y una cuarta parte de las exportaciones y la inversión privada, pero el freno en este ámbito ya es visible. Por ejemplo, los altos costes de perforación en Alberta, la provincia petrolera por excelencia, han ocasionado la paralización de proyectos y el aumento de pozos huérfanos, pasando de 164 en 2014 a 704 en 2015.

El freno de los hidrocarburos también pasa factura al sector de la vivienda y al consumo de los hogares, aunque preocupan más las consecuencias de su bonanza en el pasado. Los recursos extras provenientes del petróleo llevaron a descuidar otras facetas de la economía y la productividad total de los factores pasó de crecer a un ritmo medio del 0,3%, a finales del siglo pasado, a permanecer estancada en la primera década del nuevo siglo. El máximo exponente de esta situación es el sector manufacturero, cuya productividad ha caído y, con ello, su competitividad, limitando la capacidad para aprovecharse del crecimiento de Estados Unidos.

Más allá del crudo, el descenso de los precios de las materias primas se ha sentido en otras economías menos dependientes del petróleo, como Australia. En este país, las exportaciones de petróleo suponen el 10% del total, teniendo más peso otras como el hierro (22%) o el carbón (18%) y que le hacen más dependiente del ciclo de China y de los países del sudeste asiático.

La demanda china estimuló el crecimiento de las exportaciones de minerales, impulsando el sector extractivo y, con ello, el mercado laboral y el conjunto de la economía australiana. Sin embargo, la desaceleración de los emergentes y, en especial, de China, su mayor socio comercial (29% de las exportaciones), así como la ralentización de Japón (20%) han acabado pasando factura a Australia.

Los efectos ya son visibles y el PIB australiano, en el segundo trimestre de 2015, registraba un avance del 0,2% trimestral y el desempleo aumenta hasta el 6,2%. El deterioro económico es real y los riesgos son a la baja; coyuntura que ha obligado a la Reserva Federal de Australia a actuar para tratar de estimular la economía, rebajando los tipos hasta el 2%.

El impacto del pinchazo de las materias primas en las economías productoras es cada vez más acusado. El FMI estima una merma de un punto porcentual del crecimiento de dichas economías entre 2015 y 2017, elevándolo a 2,2 puntos para los países más dependientes del crudo; cifras extrapolables a naciones desarrolladas como Noruega, Canadá o Australia. En la actualidad, las herramientas para mitigar esta situación son mayores, pero los tiempos de bonanza auspiciados por los ingresos extras de las materias primas relegaron las reformas estructurales creando puntos débiles y obligando a tomar medidas más contundentes y rápidas para hacer frente a los desafíos existentes.

Mariano Valderrama es Economista de Intermoney.

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