Editorial

Directivos preparados para el futuro

El congreso anual de la Confederación Española de Directivos y Ejecutivos (CEDE), que se inauguró ayer en La Coruña con la presencia del rey Felipe VI, el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoó, y la ministra de Fomento, Ana Pastor, entre otras autoridades, ha puesto sobre la mesa la necesidad de que la clase empresarial española apueste por nuevos códigos de valores corporativos que permitan ir aún “más allá” de lo que constituye la función natural de su actividad: obtener legítimos resultados económicos. Bajo el lema Valores del directivo para una agenda global, el congreso de CEDE ha reunido a más de 1.500 ejecutivos, entre ellos, a los líderes de las grandes empresas, para analizar cuáles son los cambios y las exigencias corporativas que demanda un mundo cada vez más globalizado e interconectado.

El Rey destacó con acierto “el buen hacer, la competencia profesional y la ejemplaridad” de los ejecutivos españoles como un capital para la sociedad “basado en el trabajo bien hecho”. Como recordó Isidro Fainé, presidente de CEDE, las empresas españolas han corregido ya buena parte de los desequilibrios arrastrados desde la crisis y han demostrado sobre el terreno su capacidad de adaptación al cambio de ciclo. Pese a ello, los retos son todavía grandes. “Las perspectivas del mercado laboral han mejorado, pero todos queremos que el ritmo de recuperación sea mucho mayor”, resumió Fainé.

Para lograr este objetivo, al que debe contribuir no solo la empresa, sino también gobiernos e instituciones, es necesario diseñar una estrategia que permita aunar dos factores perfectamente conciliables: un crecimiento económico sólido y potente y una cultura empresarial basada en “la integridad, la honradez y la laboriosidad”.

Se trata de una apuesta ambiciosa y, al tiempo, irrenunciable si España quiere jugar un papel relevante en los mercados y en el comercio mundial. Entre las tareas que hay que llevar a cabo para alcanzar ese objetivo destaca mejorar la innovación y la digitalización de nuestra economía, así como aumentar el músculo y la internacionalización de las pymes. No en vano nos hallamos inmersos ya en una revolución tecnológica de tal calibre que cambiará drásticamente los paradigmas actuales de la actividad empresarial, el consumo y las relaciones comerciales. Se trata de una metamorfosis vertiginosa que vendrá acompañada de profundísimas transformaciones sociales, políticas y culturales que los directivos deberán afrontar con decisión, rigor y valentía. Esa agenda demanda unos líderes capaces de contar con una visión de carácter global, innovadora e íntegra del negocio que les permita adelantarse a los movimientos y mantener la competitividad en un mundo en constante cambio.

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