El alza del empleo y los salarios con un IPC en negativo elevan la capacidad de gasto un 4,2%

Menos IPC, más renta y más consumo

Las ventas minoristas ya llevan en positivo más de un año seguido, reflejo de la mejora de la demanda

La rebaja de los precios de la electricidad y los carburantes volvió a acelerar la senda descendente de la inflación

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Como diría el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, España continúa siendo un país sin inflación. Los precios de consumo registraron un descenso de cinco décimas en septiembre, hasta situar su tasa anual en el -0,9%, según el indicador adelantado del IPC publicado ayer por el Instituto Nacional de Estadística (INE). La causa de este nuevo descenso hay que buscarla en el abaratamiento de los carburantes y la electricidad y no en la debilidad del consumo, como ocurría a mediados de 2013, cuando la inflación comenzó a registrar tasas negativas en España, algo inaudito en la historia económica reciente.

Si el próximo 14 de octubre se confirma la cifra publicada, el IPC llevará dos años seguidos con tasas por debajo del 1% y el de este mes de septiembre habrá sido el mayor descenso en dicho periodo de los últimos cinco años. Además, la inflación media de lo que va de año (de enero a septiembre) alcanza el -0,55%, lo que hace casi imposible que se cumpla la previsión del Gobierno de que el IPC finalice el año en tasas positivas, aunque muy próximas a cero.

¿Por qué los precios continúan registrando valores negativos? Y lo más importante: ¿Qué consecuencias tiene este anormal nivel de precios bajos en la economía doméstica? El consenso de los analistas y el Gobierno coinciden en que la explicación a esta aceleración en la caída de los precios se encuentra, casi en exclusiva, en el comportamiento que ha tenido el petróleo en el último año.

Así, mientras en septiembre de 2014 el barril de crudo Brent (de referencia en Europa) se pagaba a un promedio de 94 dólares, en la actualidad cotiza en el entorno de los 48 dólares, prácticamente la mitad. Por este motivo, fuentes de Economía sostienen ahora que la evolución futura del IPC dependerá en gran medida de cómo evolucione el petróleo. Sin embargo, en estos dos años de inflación inusualmente baja, esto no siempre fue así.

De hecho, si se compara cómo ha evolucionado el IPC con uno de los indicadores que mejor mide el pulso del consumo de los hogares, como es el índice de comercio al por menor, se puede comprobar cómo los precios comenzaron a registrar tasas negativas cuando las ventas llevaban ya muchos meses contabilizando descenso tras descenso.

Más empleo y salarios

Los precios iniciaron su senda bajista como reflejo de la extrema debilidad de la demanda, pero ahora, en cambio, ese entorno de costes energéticos moderados ha logrado mantener la inflación bajo control. Y si un petróleo barato beneficia a un país como España, muy dependiente del oro negro, un entorno de precios en descenso eleva la capacidad de gasto de los hogares y mantiene bajo control los costes de las empresas. Se trata de una de las mejores noticias posibles para consolidar la recuperación de la actividad y el empleo.

Además, gracias a este IPC en negativo, el aumento de la renta disponible de las familias, que logró recomponerse el año pasado después de siete ejercicios de constantes caídas, asciende al 4,21%. Esta cifra resulta de sumar el incremento registrado por el empleo, que según la Encuesta de Población Activa (EPA) creció el 2,96% anual en el segundo trimestre y el alza salarial media firmada en convenio, del 0,7%; y aplicarle a ese resultado del 3,66% la inflación media anual, que es del -0,55%. Ese 3,66% menos el IPC promedio es lo que da como resultado una mejora de la renta disponible del 4,21%.

Esta notable mejora de la capacidad de gasto de las familias (el año pasado por estas fechas la renta disponible se había incrementado un 1,5%) es lo que explica que las ventas del comercio minorista corregidos los efectos estacionales y de calendario subieran el 3,1% en agosto respecto al mismo mes de 2014, con lo que el sector encadenó trece meses consecutivos al alza, según los datos también publicados ayer por el INE. Por tipos de establecimientos, los mayores incrementos de ventas correspondieron a las gasolineras y grandes superficies, mientras que el equipamiento para el hogar encabezó la mejora en la clasificación por productos.

Otro de los datos que resaltó ayer Estadística es que en agosto, el mes más fuerte del verano, el empleo en la distribución al por menor creció el 1,1% y sumó quince meses en positivo, apoyado sobre todo por el pequeño comercio y los grandes formatos. En el acumulado desde enero, las ventas subieron el 3,3% y el empleo el 0,9%.

En términos desestacionalizados, la cifra de negocio de las grandes superficies repuntó en agosto el 5,2%, lo que representa el mayor incremento en diez años. Asimismo, el comercio minorista elevó su cifra de negocio en todas las autonomías, salvo en Asturias, donde la facturación disminuyó el 0,8%. Los mayores avances correspondieron a la Comunidad Valenciana (6,1%), Madrid (6%) y Cantabria (5,7%), mientras que la menor subida se localizó en Murcia (0,5%). En cuanto al empleo, creció el 0,4% en estaciones de servicio, el 1,6% en empresas unilocalizadas, el 1,2% en grandes cadenas y el 2% en las grandes superficies.

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