Editorial

Las intenciones reales de China con el yuan

El Banco Popular de China, que así se llama el banco central del gigante asiático, ha devaluado por dos veces su divisa (el yuan o renminbi) con un simple cambio del abanico de fluctuación de la moneda contra el dólar estadounidense. En solo dos sesiones el billete chino ha perdido casi un 4% de su valor y ha mejorado notablemente la posición competitiva de la economía china frente a las grandes economías de la OCDE, especialmente EE UU y Europa. Porque tal recomposición está detrás de esta decisión solo explicada a medias en un país donde la transparencia financiera es comparable con la libertad política de la que goza la población china.

El Banco Popular de China asegura que el cambio en el mecanismo cambiario “dará lugar a fluctuaciones significativas a corto plazo, pero después de un periodo de adaptación la tasa de referencia [tipo de cambio en torno al cual se limita la oscilación del 2%] y la del mercado interbancario de divisas convergerán en una zona relativamente estable”. El verdadero riesgo, y a lo mejor la verdadera intención china, está en mover cada día por la presión de mercado el eje de cotización, tal como hizo el miércoles tras anunciar el martes que el de ese día sería el único movimiento.

Hay que recordar que el tipo de cambio no es libre en China, lo que quiere decir que no refleja el estado de ánimo ni los fundamentales de su economía, y que si el mercado empuja al yuan a un valor inferior respecto al resto de las divisas es porque considera que está apreciado, y buscará, a medio plazo, si las autoridades monetarias chinas lo permiten, su valor de equilibrio. Las exportaciones del gigante asiático han descendido un 8% hasta junio de este año, lo que refleja el estado de la oferta y la demanda en el país, y a poco que se abre la mano, la tendencia es bajista.

La cuestión del millón está en saber cuánto debería bajar, y no parece fácil de resolver mientras el Banco Popular de China siga manejando con mano de hierro el tipo de cambio, la oferta de dinero y su precio. Un banco que tiene que combatir también la creciente salida de capitales, que encuentra ahora dos justificaciones para dejar tierras asiáticas y regresar al territorio dólar: la pérdida de valor de la divisa china y la probable subida de tipos de interés en Estados Unidos. El FMI, que ve positiva la flexibilización operada, considera que el tipo de equilibrio del yuan debería alcanzarse “en dos o tres años”, por estimar que deben evitarse los movimientos bruscos.

En todo caso, la divisa no puede ser el único aliviadero para la economía china. Tiene problemas en su estructura productiva, bancaria y de servicios que no se resuelven con una simple devaluación por intensa que sea. Las fortísimas bajadas de la Bolsa en las últimas semanas, apenas enjugadas con el intervencionismo propio de las autocracias, son la señal de que algo no funciona en la economía china. Debe aprovechar el margen que a sí misma se proporcione con una depreciación lenta y controlada del yuan, que afecta a medio mundo, para corregirlo.

Pero mientras que las autoridades chinas se resisten a hacer los ajustes intensos que precisa su economía, sus decisiones tienen un efecto directo de grandes dimensiones sobre el resto de las economías del planeta. La china es la segunda del mundo, y sus movimientos no dejan indemne a nadie. En primer lugar, las empresas del resto de países emergentes, las de EE UU o de Europa que comercian con China, verán reducida su capacidad de venta, puesto que la devaluación reduce la capacidad de compra de los agentes en China. Eso es lo que están reflejando en las dos últimas sesiones las Bolsas, con ajustes más intensos cuanto más intensivamente exportadora es la economía. Alemania y Francia han experimentado precisamente las mayores pérdidas, con caídas de más del 5% en la semana.

Y el seísmo cambiario está modificando también el mapa de los tipos de interés, hasta el punto de que el mercado especula ahora con un nuevo retraso en la subida del precio del dinero en EE UU, que también ha llegado a los tipos de la deuda a largo plazo, con una relajación adicional. Como todo está interconectado, puesto que en términos económicos y financieros la tierra es plana, los movimientos en China, especialmente los cambiarios, deberían ser consensuados a nivel de G7 para evitar una recaída en la recuperación económica mundial.

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