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Basta de golpear al euro

Ben Bernanke es el ultimo destacado economista en juzgar negativamente a la zona euro. Como nuevo miembro distinguido de la Brookings Institution, las quejas del ex presidente de la Reserva Federal de EE UU son financieras. Considera que la zona está sufriendo porque sus políticas monetarias y fiscales son muy tímidas. Se están haciendo esfuerzos inadecuados para recuperar la confianza en el sistema bancario, dice.

Bernanke está haciendo demasiado grande un acuerdo de diferencias modestas. Los europeos podrían hablar más sobre austeridad, pero, como los americanos, sufrieron importantes déficit públicos después de la crisis de 2008. Ambos déficit han caído desde entonces, aunque a un ritmo más lento en la zona euro. Los dos enfoques de la política monetaria también son similares. Al principio los americanos fueron más agresivos, pero ahora casi no hay diferencia.

El análisis de Bernanke falla en la principal causa de la dolorosa y lenta recuperación de la zona euro: la profunda y enraizada asimetría del mercado laboral. Durante y después de la crisis, los empresarios europeos redujeron las plantillas porque creyeron que tenían que hacerlo. La tasa de desempleo creció desde el 7,2% de principios de 2008 al 12,1% de abril de 2013. Al moderarse la crisis, los empresarios se negaron a crear nuevos puestos, a veces desalentados por la regulación intrusiva, los altos impuestos laborales y los caros beneficios. El desempleo ha caído solo al 11,1%.

Muchos economistas usan la profunda recesión y la lenta recuperación para atacar a la moneda única europea

Muchos de los compañeros economistas de Bernanke a ambos lados del Atlántico usan la profunda recesión y la lenta recuperación para atacar a la moneda única europea. Argumentan que las diferentes situaciones económicas de los Estados miembros y las políticas fiscales no pueden ser unidas con la política monetaria del BCE. El caos griego, dicen, es un síntoma de ello.

El ex presidente de la Fed no es tan radical. Pero es indudable que el acuerdo del euro solo puede tener éxito si los Gobiernos están dispuestos a auxiliarse entre ellos o a permitir algunos incumplimientos soberanos, aunque, en principio, no se permita ninguna de las dos. El dinero del Gobierno ya cruza fronteras por medio de fondos de la UE y de subsidios y pagos más indirectos. Para los incumplimientos, el valor real de la deuda griega ya ha sido reducido por medios de términos más generosos.

Aunque la economía de la eurozona continúe esforzándose por crear empleos o promover innovaciones, el euro puede sobrevivir o prosperar. Solo hace falta que Europa esté unida política y culturalmente para apoyarlo con una coherente política fiscal y monetaria.

La mayoría de los votantes son optimistas con respecto a la moneda única. Tras una larga recesión y una pobre recuperación, los partidos que abocan por abandonar nunca han logrado más de un cuarto de los votos en un país. Incluso en Grecia, una gran mayoría confía más en las reglas europeas que en los políticos nacionales. Tal pensamiento es razonable, pues la dependencia monetaria tiene ventajas significativas. Con el euro, el Gobierno de Atenas no puede pedir prestado de forma incontrolada, como lo haría con un renovado dracma. Sin embargo, tiene que calmar a los inversores haciendo cambios en política económica.

Grecia no esta sola. A pesar de los excesos en el mercado del crédito y los limites de la soberanía fiscal y monetaria nacional, la disciplina fiscal y experiencia compartida que vino con la dependencia monetaria ha sido buena para las economías de Francia, España e Italia. Y lo que es más importante, el proyecto del euro respalda los aspectos más positivos de la unidad europea, como la creación de una conciencia regional o la moderación de los nacionalismos.

Desde la II Guerra Mundial, Europa ha dado pasos determinantes hacia la verdadera comunidad, superando pruebas y errores. El diseño inadecuado del euro es el último. Los líderes europeos intentar ahora cavar los cimientos adecuados para soportar el edificio monetario existente.

Bernanke puede estar en lo cierto con respecto a que el fracaso en la planificación del euro ha tenido un coste en la región en PIB y empleos. Pero las pérdidas son un pequeño precio a pagar por una recompensa final, económica y cultural, que una exitosa moneda transnacional puede traer.

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