Editorial

Grecia precisa algo más que prórrogas

El mejor resultado posible de la recta final en la que han entrado las negociaciones entre Europa y el Gobierno griego, que culminarán en la semana, es una nueva prórroga de seis meses del programa de rescate aplicado desde 2010, y todo parece indicar que a cambio de pocas concesiones por parte de Atenas. La última propuesta enviada por el Ejecutivo de Tsipras contiene las bases para lograr desbloquear la situación, pero en un entorno de urgencia financiera en el que están atrapados tanto los griegos como su Gobierno, tanto sus socios como sus acreedores.

De producirse una prórroga, se trataría ya de la segunda desde que Alexis Tsipras ganó las elecciones con promesas de difícil cumplimiento. En cada una de ellas ha logrado pequeñas cesiones de sus socios que han supuesto balones de oxígeno para él. Pero ha llegado el momento de que el Gobierno griego admita que tiene muy pocas salidas más allá de cumplir las reglas que la UE ha establecido para todos los socios, al menos si quiere seguir protegida con el paraguas de la Unión Monetaria y su banco central. Que Grecia pague sus deudas es muy complicado; pero sí es urgente que haga las reformas que Europa le pide, y a las que se resiste, porque de ellas depende el crecimiento, y de él, la mejora del deteriorado nivel de vida de sus moradores.

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