Turismo en Croacia

Dubrovnik, escenario de mil batallas

‘Juego de tronos‘ y otras luchas reales han tenido lugar en esta ciudad que, impasible, hoy nos muestra su belleza.

Dubrovnik
Panorámica del puerto y de la ciudad de Dubrovnik. Thinkstock

Cuando al atardecer los grandes cruceros ponen rumbo a otras costas, Dubrovnik aparece de nuevo como el remanso de paz que un día fue, antes de la aparición de las miríadas de turistas. Es el mejor momento para conocerla, también a primera hora del día.

Erguida en lo alto de un promontorio y rodeada de las robustas murallas que emergen del mar, la llamada perla del Adriático, por su gran riqueza artística e histórica, ha dejado atrás, afortunadamente, los bombardeos que, a principios de los años noventa, amenazaron su patrimonio durante la guerra de los Balcanes, que terminó con la desintegración de Yugoslavia.

El escritor Bernard Shaw dijo que aquel que quiera ver el paraíso en la Tierra “tiene que venir a Dubrovnik”. Y algo de razón tenía el premio nobel irlandés, porque no hay duda de que Dubrovnik, desde 1979 patrimonio mundial de la Unesco, es una de las ciudades más bellas de Europa.

Situada en el extremo sur de la región de Dalmacia, en la costa balcánica del Adriático que actualmente pertenece a Croacia, la antigua capital de la república independiente de Ragusa (entre los siglos XIII y XIX), codiciada por venecianos y otomanos, supo mantener su independencia frente a sus ataques y pronto prosperó gracias a su vocación comercial.

La antigua Ragusa es una pequeña urbe medieval que atrapa al viajero

Hoy es una pequeña ciudad medieval que milagrosamente conserva intactos algunos de los vestigios más importantes de un intenso pasado. Entre otros, la muralla del siglo XII, con más de dos kilómetros de longitud, 25 de altura y seis de grosor, con bastiones y torreones que, si antaño defendían la urbe, ahora atraen a todo tipo de visitantes, y que ha sido escenario de Desembarco del Rey, de Juego de tronos.

Edificada sobre un gran peñasco a los pies del monte Srd, abierta al Adriático, rodeada de aguas cristalinas y rocas, las magníficas vistas sobre los acantilados y los tejados de terracota de Dubrovnik dibujan una estampa inolvidable para el visitante.

Es necesario más de un día para disfrutarla y apreciar su belleza con tranquilidad: la puerta Pile, las murallas, los monasterios franciscano y dominico, el palacio Sponza, la fuente de Onofrio, las iglesias, el ambiente de las estrechas callejuelas o el palacio del Rector (cuenta la leyenda que el reloj colgado en sus paredes marca la hora exacta, las 17.45, en que la República de Ragusa se rindió a Napoleón).

Una excelente idea es subir al adarve de la muralla y caminar para tener una primera impresión. La puerta de Pile, la principal de las cuatro entradas a la ciudad vieja, y su puente de piedra son el mejor punto para comenzar; después solo hay que caminar y descubrir los más de mil años de historia de Dubrovnik porque, a cada paso, encontraremos algo interesante que ver.

La calle principal, Stradun, es una larga calzada que atraviesa toda la ciudad, uniendo la puerta Pile con la puerta Ploce. Stradun es el eje principal, la calle más ancha y transitada y la más comercial, con tiendas, bares y restaurantes. Aquí también se encuentran muchos de los edificios más importantes, como el monasterio de Santo Domingo o la fuente de Onofrio, y es el escenario de todas las celebraciones populares de Dubrovnik, desde fiestas a procesiones.

La Stradun dividía la ciudad en dos: el sur estaba ocupado por la nobleza y en el norte era donde vivían las familias humildes y donde estaba localizado el barrio judío; hoy puede visitarse la sinagoga, una de las más antiguas de Europa.

Dubrovnik
Stradun, la calle principal.

En Dubrovnik también es posible ir a la playa de la propia ciudad, aunque no es la mejor de la zona. Por eso vale la pena coger un barco y desplazarse a alguno de los islotes cercanos, como Lokrum, catalogado como parque nacional y paraíso nudista.

El Festival de Verano, del 10 de julio al 25 de agosto, se celebra en un escenario excepcional, el Monasterio Franciscano, con representaciones teatrales, danza, conciertos de música clásica y bailes tradicionales.

Las noches de Dubrovnik son mágicas; tampoco defrauda la gastronomía: en esta urbe costera no se debe obviar la bouzara, un exquisito guiso con cigalas.

Iberia acaba de reanudar su vuelo directo Madrid-Dubrovnik, operativo hasta el 28 de septiembre, con cuatro salidas a la semana. Precios a partir de 427 euros ida y vuelta.

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