La negociación continúa

Atenas se resiste a aceptar la propuesta de Bruselas

Guindos cree que habrá acuerdo porque “en la zona euro se puede entrar pero no se puede salir”.

Atenas asegura que pagará mañana al FMI 300 millones de euros.

El Gobierno de Grecia considera que no puede aceptar un acuerdo económico a cambio de reformas en los términos que planteó anoche el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, al primer ministro heleno, Alexis Tsipras, según ha asegurado el viceministro de Transporte Marítimo del país, Thodoris Dritsas. Eso sí, las negociaciones continúa. 

Dritsas ha dicho que Atenas no se “rendiría” ante las demandas de sus acreedores internacionales en las negociaciones. “Lo que parece haber sido discutido y propuesto por Juncker durante su reunión con el primer ministro griego está por debajo de las expectativas en todos los sentidos”, ha afirmado, en declaraciones a una televisión griega. “Si se confirman las informaciones, obviamente, no podemos aceptarlos”, ha añadido.

Y eso que parecía que las aguas habían vuelto a su cauce. El cruce de ultimátums entre Berlín (el lunes) y Atenas (el martes) había estado a punto de provocar el descarrilamiento de las negociaciones sobre el rescate de Grecia este miércoles. La intervención in extremis del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, que convocó a Bruselas al primer ministro griego, Alexis Tsipras, permitió mantener vivos los contactos y la esperanza de lograr un principio de acuerdo esta semana, aunque el pacto se retrase todavía varios días o semanas.

Piketty: “la reestructuración de la deuda griega es inevitable”

El economista francés, Thomas Piketty, señaló ayer en Bruselas que la crisis griega “no es un problema técnico sino un asunto político” y que, a su juicio, “no tiene sentido pagar la deuda a base de décadas de superávits fiscales”. Piketty fue el invitado de honor del grupo Socialista europeo, que celebró su foro anual sobre Economía Progresista. El autor de El Capital en el siglo XXI señaló que “la reestructuración de la deuda griega, como la de otros países europeos, es inevitable”. El eurodiputado Gianni Pitella, líder de los socialistas europeos, advirtió que sin un un acuerdo con Grecia “se desencadenará una feroz especulación que dañará al euro y a Europa”.

Tras una reunión de cuatro horas, a la que también asistió el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, todas las partes se mostraron dispuestas a seguir negociando y a evitar un impago por parte de Grecia, al menos de momento.

Tsipras aseguró tras la cita, al filo de las doce y media de la noche, que "se puede alcanzar un acuerdo en los próximos días" y que se habían aproximado posturas en cuanto al ajuste fiscal. También se mostró dispuesto a pagar este viernes su próximo plazo al FMI, de 300 millones de euros. "No se preocupen", sonrió a la prensa.

Aun así, y a pesar del rechazo expresado por Berlín, el primer ministro griego se aferró a su propuesta de negociación, que calificó como "la única realista".

Juncker no compareció tras la cita y Dijsselbloem se marchó rápidamente hacia el hotel, perseguido por la prensa, sin hacer otro comentario que el de "ha sido una buena reunión". Los participantes, sin embargo, no pudieron disimular la tensión de un encuentro cuya principal utilidad fue evitar una ruptura definitiva.

A última hora del martes, Juncker había cursado “una invitación personal” al primer ministro griego para reunirse en Bruselas e intentar reconducir las negociaciones. “Los dos son políticos que valoran mucho el contacto personal”, señaló el portavoz de Juncker para justificar la cita y la ausencia del resto de miembros de la troika (BCE y FMI), cuya presencia hubiera tensado aún más la cuerda.

Tsipras había llegado extremadamente serio a la cita en el edificio Berlaymont, sede de la Comisión Europea. Y ni siquiera un inveterado bromista como Juncker se atrevió a intentar relajar la situación con alguna guasa. Pero la refriega comenzó incluso antes del encuentro. Desde Atenas, Tsipras acusó a sus acreedores de hacer oídos sordos a su última propuesta, presentada como alternativa al ultimátum lanzado el lunes por la noche desde Berlín por la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, François Hollande.

La oferta de los acreedores, presentada como ultimátum, pasaría por liberar parte del rescate este mismo mes (Grecia tiene vencimientos de deuda con el FMI por valor de 1.500 millones de euros) a cambio de nuevos recortes presupuestarios y de reformas en pensiones.

El primer ministro griego rechazó la oferta y ayer pidió a los acreedores que dejen de negar la realidad y acepten su contrapropuesta para “poner fin a los escenarios catastróficos como el Grexit [salida del país del euro]”. Grecia ha amagado con no atender su próximo vencimiento con el FMI (300 millones de euros el viernes) si no se alcanza un acuerdo político sobre su propuesta.

La respuesta a las quejas de Tsipras llegó desde Berlín, donde el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, enfrió las expectativas de compromiso. “No tengo noticias de que haya habido ningún cambio sustancial”, señaló Schäuble tras conocer la lista de reformas presentada por Atenas como su última oferta.

La advertencia de Schäuble parecía también dirigida hacia Juncker, a quien algunas capitales, entre ellas Berlín, acusan de generar falsas expectativas sobre la posibilidad de un acuerdo y de alentar las demandas de Tsipras.

El primer ministro griego, confiado en las promesas de pacto aireadas desde hace semanas por Bruselas, ha ido endureciendo su retórica a medida que se acerca el final del rescate (30 de junio) sin que los socios de la zona euro liberen ni un sólo céntimo de la parte pendiente del rescate.

Tras el ultimátum del lunes de Berlín, Tsipras alude ya abiertamente a la posible ruptura del euro y considera que Europa se encuentra en una encrucijada en la que deberá elegir “entre una vía de escape de la crisis que evite la división o una estrategia de divide y vencerás”.

Los socios más duros recogieron ayer el guante y se negaron a descartar una salida de Grecia del euro. “No es el objetivo pero no se puede decir que [el Grexit] no sea una opción” advirtió el primer ministro holandés, Mark Rutte. Incluso el presidente del BCE, Mario Draghi, señaló en Fráncfort que “deseamos que Grecia siga en el euro, pero hace falta un acuerdo robusto (...) tanto en el diseño como en su cumplimiento”.

Los socios potencialmente más perjudicados por el contagio de una escisión del euro, como España, Italia o Portugal, expresaron, en cambio, su convencimiento de que el acuerdo con Atenas es posible. “La zona euro es un club donde se puede entrar pero no se puede salir”, señaló en París el ministro español de Economía, Luis de Guindos.

Un punto crítico

La mediación de Juncker intentó ayer calmar esta escalada retórica, que para algunos observadores el inevitable anticipo de un acuerdo y para otros, el síntoma de una deterioro de las negociaciones. La Comisión Europea se mostró ayer convencida de que ”hemos llegado a un punto crítico en el que conviene tender puentes para superar las diferencias que todavía existen.

La propuesta de la troika, esbozada el lunes en Berlín, reclama a Grecia un superávit fiscal del 1% de este año y del 2% el que viene, además del compromiso de reformar las pensiones (para combatir las jubilaciones anticipadas) y flexibilizar el mercado laboral.

Atenas sólo aspira a un superávit de entre el 0,5% y el 0,8% este año y del 1,5%, como mucho, en 2016. El gobierno de Tsipras no contempla una nueva reforma laboral y acepta reformar las pensiones pero no de manera inmediata ni con carácter retroactivo.

http://cincodias.com/cincodias/2015/06/03/mercados/1433356612_198455.html

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