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Las bestias que acechan a Grecia

Los ministros griegos amenazan con no pagar los préstamos del Fondo Monetario Internacional. Podrían estar gritando que viene el lobo, esperando que los acreedores cedan. Pero como el pastor de Esopo aprendió en la fábula, ir de farol es un juego peligroso. Hay una gran bestia ahí fuera: el Banco Central Europeo.

El FMI no es precisamente inofensivo, pero los dirigentes de la entidad crediticia internacional no quieren forzar a Grecia a salir de la zona euro. El primer ministro griego Alexis Tsipras y Yanis Varoufakis, su ministro de Finanzas, son igualmente reacios a asumir esa responsabilidad.

No pagar al FMI en junio tendría poco efecto directo inmediato, pero podría llevar al BCE a reducir su financiación a los bancos griegos, lo que aumentaría la probabilidad de una salida del euro.

Incluso si los líderes griegos están diciendo la verdad sobre la imposibilidad de pagar, puede que busquen terminar con algunos fondos y tal vez un par de concesiones en las demandas de austeridad de los acreedores.

Aun así, el pastor de la fábula apenas era un bribón ingenuo y los operadores políticos a veces juegan de forma más avanzada. Algunos líderes de Syriza quieren realmente abandonar el euro. Puede que para ellos un impago sea bienvenido porque una crisis podría radicalizar a la población, todavía pro euro en general.

Alternativamente, puede que Varoufakis esté probando algunos extremos de la teoría de juegos. Él sabe que Grecia recibirá el mejor trato posible de la zona euro cuando Europa se enfrente a la clara elección entre hacer concesiones a Grecia en los objetivos presupuestarios o las reformas y una salida aún más desagradable del euro. Esa situación podría plantearse en julio, cuando se supone que Grecia liquidará los bonos en poder del BCE.

Un FMI al que se le haya pagado podría ser un aliado si el BCE enseñara los colmillos. Puede que a Grecia aún le quede un mes –tal vez más– para regatear, hasta que el FMI no se atreva a declararle oficialmente en mora. A diferencia de la fábula, en este caso gritar que viene el lobo solo podría mantener al lobo en la puerta.

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