Editorial

Una industria que gane peso en la economía

El goteo de buenos datos macroeconómicos se ha convertido en una constante que ha marcado también el inicio del año. Si el miércoles se hacían públicos los datos récord de las exportaciones españolas, ayer el INE certificó que la recuperación ha llegado al sector servicios y la industria. Si el primero constituye ya un potente motor, el repunte de la industria resulta particularmente importante, porque se trata de un sector llamado a ganar cada vez más peso en el nuevo modelo productivo que España necesita diseñar para el futuro. Las ventas de la industria aumentaron casi un 6% anual el pasado mes de marzo, lo que representa el mejor registro desde abril de 2013 y encadena dos meses consecutivos de alzas en las cifras de negocio. A ello hay que sumar otro indicador positivo: el aumento de los nuevos pedidos, que revela un músculo industrial que trabaja a ritmo creciente y aporta cada vez más al proceso de recuperación de la economía española. Los bienes de equipo, los de consumo duradero, los de consumo no duradero y los bienes intermedios han sido los capítulos que más han crecido, frente a la energía, que ha visto recortadas sus ventas. En ese repunte de la actividad industrial destacan desde productos electrónicos, instrumentos de óptica, equipos fotográficos o muebles hasta deportes y juguetes, vehículos de motor, equipos informáticos o electrodomésticos. La metalurgia es otra actividad que ha tirado con fuerza en este primer trimestre del año en curso.

El principal destino de las ventas industriales es la zona euro, donde el crecimiento ha estado por encima del 13%. A ello hay que sumar otros mercados en el resto del mundo, que han crecido un 6%, y un repunte aunque inferior –del 3%– del mercado español. Este buen comportamiento de la industria se une al del sector servicios, con el comercio a la cabeza, que acumula ya 19 meses de aceleración y está creando empleo a un ritmo del 2,1% anual.

La mejora general que está experimentando la economía española se explica por una confluencia feliz de una serie de factores, entre los que destacan las reformas estructurales realizadas en los últimos años y otros elementos positivos de naturaleza coyuntural. Es el caso de la depreciación del euro, que ha aumentado notablemente la competitividad de las empresas españolas, los estímulos financieros puestos en marcha por el BCE y la recuperación del consumo y la inversión, que poco a poco fortalecen sus signos vitales. Pero el gran reto que tiene España es avanzar hacia un nuevo modelo productivo en el que no solo los servicios, sino especialmente la industria, ganen mayor peso y alimenten de forma sostenida un motor que en este momento tiene el viento a favor, pero que debe estar preparado también para empujar la economía y el empleo con el viento en contra.

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