La inquietante política de emigración en Hungría

La inquietante política de emigración en Hungría

Se empieza con los campos de trabajo y se acaba en los de exterminio. Europa conoce esa trágica deriva, pero el primer ministro húngaro y vicepresidente del Partido Popular Europeo, Viktor Orbán, parece haberla olvidado. O no.

Orbán ha puesto en marcha en Hungría, hasta el próximo 1 de julio, una consulta nacional como paso previo a una política de inmigración diseñada, según sus propias palabras, "para impedir que los emigrantes económicos socaven el trabajo y los medios de subsistencia de los húngaros".

El cuestionario es tan brutal y sesgado que, si no estuviera colgado en la web oficial del primer ministro húngaro, se podría pensar que es una manipulación para desprestigiarle. Pero la carta de presentación, firmada por Orbán, no deja dudas sobre su autoría ni sobre sus intenciones.

"Los emigrantes económicos cruzan ilegalmente las fronteras y, aunque se hacen pasar por refugiados, en realidad vienen para disfrutar de nuestro sistema de seguridad social y de las oportunidades de empleo que ofrecen nuestros países". advierte Orbán a sus conciudadanos, para que no rellenen el cuestionario sin ser conscientes de la amenaza que se cierne sobre Hungría.

El primer ministro añade que "dado que Bruselas no ha logrado afrontar de manera apropiada la inmigración, Hungría debe seguir su propio camino".

Antes de tomar esa nueva ruta, al margen de la UE, Orbán quiere escuchar la opinión de los húngaros, aunque les orienta por si acaso.

"Hay quien piensa que la mala gestión de Bruselas en el tema de la inmigración tiene algo que ver con el aumento del terrorismo ¿Está usted de acuerdo con este punto de vista?", dispara hacia la Comisión Europea la pregunta número 3.

"Hay quien piensa que los emigrantes económicos socavan el trabajo y los medios de subsistencia de los húngaros. ¿Está de acuerdo?", plantea la consulta, sólo una página después de que el primer ministro del país haya dado esa hipótesis por cierta.

"¿Apoyaría usted que el gobierno húngaro adoptase normas más estrictas sobre inmigración, a diferencia de la política relajada de Bruselas?", vuelve el cuestionario a descalificar la política sobre inmigración pactada por 28 gobiernos soberanos, entre ellos, el presidido por Orbán.

Pero las preguntas letalmente peligrosas llegan cuando el gobierno húngaro esboza sus planes para los inmigrantes, como bien ha alertado el diario The Guardian.

"¿Está usted de acuerdo con la idea de que los emigrantes económicos cubran por sí mismos los gastos asociados a su estancia en Hungría?".

El diario británico ha interpretado esa idea como la antesala de la apertura de campos de trabajo como medio para que unos inmigrantes sin recursos puedan resarcir al Estado húngaro.

La siniestra propuesta recuerda a los campos de trabajo que existieron en Alemania en los años 30, incluso antes de la llegada de Hitler al poder. La pensadora francesa Simone Weil los describió en los artículos escritos desde Alemania en 1932 y 1933.

"Los campos de concentración para jóvenes parados, donde se trabaja bajo disciplina militar y por una paga de soldado (Arbeitsdienst), reciben a aquellos que, estando sin recursos, prefieren ir allí en lugar de vagabundear miserablemente".

El trabajo en esos campos, en un principio, era voluntario. Pero Weil toma nota ya del temor que cunde entre los parados de que una posible victoria nacionalsocialista imponga el ingreso obligatorio.

Fue mucho peor. Hitler transformó los campos en lugares de encarcelamiento, explotación y exterminio de sus enemigos políticos (socialistas, comunistas, liberales...) y sociales, como judíos, homosexuales o gitanos.

El portavoz de Orbán se ha apresurado a negar cualquier vínculo entre el trabajo de los emigrantes para compensar el gasto que causan al Estado húngaro y los campos de concentración alemanes.

En su blog, con un inglés impecable que denota que él también ha sido emigrante en algún momento, el vocero de Orbán acusa a The Guardian de trazar falsos paralelismos y tergiversar el contenido de la encuesta nacional para dañar la reputación del primer ministro húngaro.

Pero tanto la carta de presentación de Orbán como el cuestionario evidencian el giro hacia la extrema derecha de un dirigente del Partido Popular Europeo, la formación mayoritaria en Europa a la que pertenecen Mariano Rajoy o Angela Merkel, Jean-Claude Juncker o Nicolas Sarkozy.

"Hungría no se comporta como país europeo. Hoy no entraría en la UE", ha señalado, vía twitter, Javier Solana, que era secretario general del Consejo Europeo en 2004, cuando la UE abrió las puertas a Hungría y al resto de países de Europa central y del Este.

El Tratado de la UE permite suspender el derecho de voto de un país si viola los derechos fundamentales. Y dispone de un mecanismo de alerta ante un riesgo grave de violación de las normas de convivencia del club.

Tanto el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, como el del Parlamento Europeo, Martin Schulz, ya han dado esta semana un severo toque de atención a Orbán. Pero dentro y fuera del PPE hay quien se muestra comprensivo con el gobierno húngaro y considera que su deriva sólo es una estrategia para frenar a otras formaciones mucho más extremistas, como Jobbik.

En la Alemania de los años 30, una parte de la burguesía también se mostró en un principio complaciente con los nacionalsocialistas, presunta vacuna contra un estallido revolucionario.

Simone Weil (1909-1943) no se dejo engañar. "Hitler significa la masacre organizada, la supresión de toda libertad y de toda cultura", escribió Weil en unos artículos recién reeditados. (Écrits sur l'Allemagne 1932-1933, Paris, Éditions Payot & Rivages, 2015).

Imagen: Viktor Orbán, primer ministro húngaro, en el Consejo Europeo extraordinario sobre inmigración, 23 de abril de 2015 (foto tomada de la web del Consejo Europeo).

Comentarios

Cuando la vacuna es más letal que la enfermedad.
El buenismo es una enfermedad letal, más letal que el presidente húngaro. La sociedad del "bienestar" está dando sus últimos latidos, aunque su agonía puede tardar décadas. Salarios de miseria, jóvenes sin futuro, Europa, especialmente el Sur, sufre un paro enorme y los contratos basura están por doquier, Alemania, Inglaterra, etc. Los inmigrantes ilegales, aun ritmo de más de 6000 por cada fin de semana ( ver últimas noticias ) trabajarán incluso por menos. Al Capital le interesa esta inmigración ilegal y si algún trabajador europea se queja siempre se le puede llamar "racista". Como decía un francés "Se aprovechan del esfuerzo de generaciones de nuestros antepasado", pero nada, seguir con el "buenismo", a ver que os pasa cuando vuestros vecinos sean africanos con abuelos caníbales, pero ya será tarde...
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