Contante y Sonante

Al BCE no le gustan los consejeros que ejercen gratis en un banco

Un directivo de banca recuerda que, en el último año, todas las entidades financieras españolas han cambiado a alguno o a varios miembros de sus consejos.

Al BCE no le gustan los consejeros que ejercen gratis en un banco

Todos los banqueros coinciden. La gobernanza de las entidades financieras se ha convertido en una verdadera obsesión para los supervisores. “Es tal la importancia que el Banco Central Europeo (BCE) da al gobierno corporativo de las firmas financieras que hace pasar ahora a cada nuevo consejero que se nombra en un banco por un exhaustivo control. Deben realizar una entrevista ante representantes del BCE que dura una hora y media aproximadamente”, recalca el consejero delegado de un destacado banco.

Otro directivo recuerda que, en el último año, todas las entidades financieras españolas han cambiado a alguno o a varios miembros de sus consejos. Es lo que se denomina la profesionalización de los consejos de administración. Y es que, según declara el supervisor, la buena gobernanza garantiza la supervivencia de los bancos más que su capitalización. Y sino que se lo digan a Banco Madrid, una de las entidades más solventes del país, que tras ser denunciada e intervenida por blanqueo de capitales se encuentra en proceso de liquidación.

Será por eso, por esta profesionalización de los consejos, por lo que el BCE reclama a todos los bancos que remuneren a los representantes de sus máximos órganos de gobierno. Hasta ahora había bancos, caso de Popular, que nunca habían pagado a sus consejeros, salvo a los ejecutivos, que percibían sueldos por estas funciones. En su última junta, celebrada el pasado 12 de abril, los accionistas de la entidad, sin embargo, tuvieron que aprobar el pago de un salario de 120.000 euros anuales para todos sus consejeros no ejecutivos para cumplir con las nuevas normas.

De esta forma, todos los representantes del consejo reciben un sueldo en función de las responsabilidades que tienen en las entidades. Llama la atención, de hecho, que ahora sea más complicado justificar por qué no se paga a un consejero que abrir la mano en su retribución.

BBVA firmó la semana pasada su entrada en el Proyecto Phoenix

En la junta de accionistas de CaixaBank, celebrada el jueves pasado, también se aprobó el pago de una remuneración a todos sus consejeros, medida que llamó la atención a un pequeño inversor, quien aprovechó el turno de intervenciones para quejarse ante la cúpula de la entidad de estos abonos. Pero la explicación del secretario de la entidad fue radical. Ahora todos los consejeros deben cobrar un sueldo, lo contrario hay que justificarlo, algo que es muy complicado. Tienen unas responsabilidades que necesitan ser retribuidas.

“La norma obliga a los bancos a remunerar a los consejeros, excepto que se recoja en los estatutos lo contrario. Por lo tanto, hay que pagar. Si no se retribuye a un consejero, debe registrarse en los estatutos del banco, lo mismo que las razones por las que se ha optado por no pagar”, explica el directivo de una institución financiera. “Es más complicado no pagar a un consejero, que hacerlo”, contestaba hace unos días el secretario del consejo de una importante entidad. Y es que parece que ahora ser consejero de una firma bancaria se ha convertido en una labor de alto riesgo. Si algo falla en un banco, es el consejo de administración en su conjunto el que debe responder, incluso en materia de política comercial.

Y hablando de consejos, BBVA nombró la semana pasada a los nuevos responsables del máximo órgano de gobierno de CatalunyaBanc, entidad que el jueves pasó definitivamente a la órbita de la entidad que preside Francisco González tras obtener las autorizaciones del BCE. Entonces, el nuevo consejero delegado, Xavier Queralt, hasta ese día director territorial de la entidad, y quien es la responsable en España y Portugal de BBVA, Cristina Partias, que ahora también es presidenta de CatalunyaCaixa (marca comercial de la entidad) aprovecharon para despejar por videoconferencia algunas dudas a la plantilla de CX. Anunciaron que la idea es mantener CatalunyaCaixa como una filial de BBVA y conservar su actual marca, por lo menos, inicialmente. Además, adelantaron, eso sí, que los servicios centrarles y empresas pasarían a BBVA, pero no explicaron aún el nuevo ajuste de oficinas y plantilla que llevará a cabo el banco en Cataluña tras esta compra. De momento, el banco debe resolver que hace con las únicas 43 oficinas de CX que tiene esta entidad fuera de Cataluña. CC OO, sindicato mayoritario en el banco, ha pedido que pasen a operar bajo la marca BBVA, medida que evitará más recorte de plantilla.

Donde se ha aprobado un nuevo ajuste de personal, aunque para nada traumático, ha sido en Ibercaja-Caja3. El pasado 15 de abril se acodó entre la entidad y solo entre CC OO y CSICA, que suman el 63% de su representación sindical, poner en marcha un plan de prejubilaciones que afectará a 350 empleados mayores de 58 años, aunque se puede abrir la mano a empleados de menor edad. Además, se cerrarán 65 oficinas de la antigua red de Caja3. Este es el tercer ajuste que sufre Caja3 tras haber recibido ayudas públicas.

BBVA, por cierto, ya ha firmado su incorporación al acuerdo de gestión del proyecto Phoenix, creado entre Santander, el banco que preside González, CaixaBank, Bankia, Popular y Sabadell para salvar a empresas endeudadas pero viables. El estreno de este plan y el salvamento de la primera empresa, GAM, estaba pendiente de la firma de BBVA, que había puesto como condición que Liberbank y Kutxa entrarán también en el salvamento de GAM, lo que al final se ha conseguido. Eso sí, varios banqueros critican este proyecto al que consideran casi un antojo del Gobierno, ya que los bancos han demostrado que pueden recapitalizar empresas sin necesidad de “hacer estos paripés”, y todos ponen como ejemplo Pescanova. Esta es una de las principales razones por las que el proyecto Phoenix nace descafeinado, ya que ahora se van a crear vehículos por cada empresa que se rescate, cuando inicialmente el plan pasaba por crear una especie de banco malo (un Sareb de empresas) para incluir las participaciones de las firmas elegidas para su salvación.

Normas