Editorial

Las dudas persiguen a las cuentas públicas

La primera estimación solvente sobre la evolución de la economía española en el arranque de 2014 confirma una nueva aceleración del crecimiento, hasta el 0,8% intertrimestral, compatible con un avance del 2,5% en los últimos doce meses. Se trata del último informe del Banco de España, que de paso revisa al alza las previsiones para el bienio conformado por 2015 y 2016: crecimiento del 2,8% este año (ocho décimas por encima de lo estimado hace tres meses), y del 2,7% para el año próximo. Esta mejora de las estimaciones está fundamentada en cuestiones coyunturales, como la bajada de impuestos, el abaratamiento del precio del petróleo y la caída generalizada de los precios, así como en una estructural, cual es la mejora de las condiciones de financiación para las empresas y las familias tras la ampliación de los programas de estímulo del Banco Central Europeo para la zona euro. Todo ello, además de la mejora de la renta de los hogares por el avance firme del empleo, han cambiado las expectativas de los agentes económicos y propiciarán que este año y el que viene se generen unos 450.000 nuevos puestos de trabajo en España.

Pero este escenario tan boyante de actividad económica no tiene su correlato lógico en la evolución de las cuentas públicas, aunque sí recuerda que la evolución hasta ahora del desequilibrio fiscal ha sido uno de los elementos que más ha contribuido a mejorar las condiciones de financiación del Estado, las empresas y los hogares. Para este citado bienio pronostica que el consumo público seguirá bajo control; pero advierte de los riesgos de incumplimiento de las cotas fiscales marcadas pese al tirón de la actividad, como consecuencia de la reforma impositiva tanto para las personas físicas como para las empresas. En 2015 el desfase entre ingresos y gastos públicos no debe superar el 4,3% del PIB, mientras que el Banco de España prevé un 4,5%, y para 2016 prevé un desequilibrio del 3,9%, cuando el programa de estabilidad y crecimiento recoge un compromiso del 2,8%, ya por debajo del férreo umbral del 3% marcado por las autoridades comunitarias.

Las dudas y advertencias del supervisor bancario están justificadas. Ya en 2014, cuyos datos se conocen hoy en detalle y serán enviados a Bruselas a renglón seguido, las regiones siguen muy alejadas de sus obligaciones de consolidación fiscal, y más lo estarán en 2015 teniendo como tienen por delante un año electoral, en el que el activador del gasto es automático. Si a ello se añade un escenario de complicada gobernabilidad territorial, con pactos postelectorales en muchas comunidades, y en la que las mayorías consecuentes con el rigor presupuestario pueden brillar por su ausencia, tenemos una tormenta perfecta contra la reducción necesaria del déficit, que podría agravarse más aún con una gobernabilidad también complicada a nivel nacional.

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