Editorial

Moderación salarial, con pacto o sin él

Nunca tantos esfuerzos para tan poco resultado. Cuatro meses llevan ya las cúpulas patronales y sindicales dándole vueltas a los términos en los que debe cerrarse un acuerdo salarial para este y los dos próximos años y las posiciones siguen enrocadas en detalles tan leves como si debe ser el 0,9% el incremento pactado para este año o si se puede llegar al 1%. Desde que la CEOE salvó su proceso electoral, primeros de diciembre pasado, sindicatos y patronal anunciaban el pacto para “la semana que viene”, y cuando el calendario está a punto de liquidar marzo, las empresas siguen esperando instrucciones para actualizar los sueldos de sus plantillas con efectos del primero de enero.

En paralelo, las compañías y sus comités han seguido cerrando convenios y aplicando aquello que es posible en la situación de incipiente recuperación en la que está la economía y la actividad empresarial. En los tres primeros meses del año, los convenios firmados recogen una subida salarial media del 0,67%, algo muy parecido a lo firmado para el año pasado y el anterior, y que ha sido la base fundamental para recuperar la actividad tanto en las compañías de pequeño tamaño como de grandes dimensiones. Cierto es que en los años pasados también había un acuerdo de moderación de salarios, pero más nominal que real, puesto que era la primera vez que se había plegado a las imposiciones de la realidad, que exigían estricto control de los costes para recuperar la competitividad perdida y salvar del cierre a infinidad de empresas. Las compañías y sus trabajadores se ceñían a lo posible, sin mirar los guarismos que el pacto cerrado entre las cúpulas recogían.

La situación actual no es diferente, y bien podrían avanzar los meses sin pacto y no por ello se pararía la vida de las empresas ni el cierre de convenios parciales para regular las relaciones industriales. Eso no quiere decir que el pacto no sea necesario. Supone una señal que proporciona una idea aproximada de cuál es la situación de la economía, aunque en la mayoría de los casos los gestores no precisan mirar la balizas del camino para saber dónde esta la meta.

Ahora es una parte de la patronal, la que representa a las empresas de pequeño tamaño, la que tiene un interés particular en no llegar al 1% en los avances salariales, por considerar que si se rompe esa barrera en una economía sin inflación, la espiral de costes está servida, por mucho que las compañías de gran tamaño puedan soportarla. No le falta razón para defender tal planteamiento en un entorno sin inflación que debe ser aprovechado para reforzar a marchas forzadas la competitividad de las empresas, que debe ser el norte de todo acuerdo, e incluso de su proceder en ausencia de tal pacto. Sin moderación salarial y de costes se complicará la recuperación de la economía, de las empresas y del empleo.

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