Planes para Semana Santa

Extremadura, una tierra para explorar

Patrimonio, espacios naturales únicos, gastronomía... Pocas regiones reúnen tanta y tan variada oferta turística como Extremadura

Paisaje típico de Extremadura.
Paisaje típico de Extremadura.

Es una región aún virgen (afortunadamente) para el gran turismo que, sin embargo, tiene mucho que ofrecer. Extremadura posee una gran variedad de escenarios, tanto monumentales –Mérida, Trujillo, Cáceres, Plasencia o Coria– como paisajísticos –el Parque Nacional de Monfragüe o los parques naturales de Cornalvo y Tajo Internacional– y gastronómicos.

El jamón ibérico alcanza en estas tierras su máxima expresión, un producto inseparable de la dehesa, el bosque de encinas y alcornoques que dibuja un paisaje único en el mundo y que da sombra y alimenta al cerdo ibérico. Más de un millón de hectáreas de dehesa se extienden por la comunidad, la cuarta parte del territorio.

Este año, además, la gastronomía es protagonista en Cáceres. Y para sorpresa de muchos, el paisaje extremeño es verde desde que llegan las primeras lluvias de otoño hasta la primavera; el verano es tórrido y el invierno, suave.

La huella romana

La dehesa es un paisaje único en el mundo

Extremadura puede presumir, sin ninguna duda, de tener un patrimonio romano de primer orden. Desde el teatro y el templo de Diana, en Mérida, o el puente de Alcántara, hasta la muralla de Coria, las termas de Alange o la Vía de la Plata, la red viaria que vertebraba el Imperio, la huella romana se extiende por toda la región.

El teatro de Mérida es quizá uno de los más importantes y mejor conservados del mundo. Su escenario, reconstruido en los años veinte del siglo pasado por el arqueólogo emeritense Maximiliano Macías, bajo la dirección del también arqueólogo José Ramón Mélida, es una auténtica joya arquitectónica. Aquí se celebra cada año en verano el Festival Internacional de Teatro Clásico. La primera obra que se representó, en 1933, fue Medea, protagonizada por Margarita Xirgú, y contó con la asistencia del entonces presidente de la República, Manuel Azaña.

Pasear por la ciudad es un continuo encuentro con vestigios de la época romana: el anfiteatro, que incomprensiblemente el ayuntamiento quiere convertir ahora en una pista de pádel; el templo de Diana, dedicado al culto imperial; el arco de Trajano, una monumental puerta de acceso al foro provincial; el puente sobre el río Guadiana, uno de los más grandes de la antigüedad... Y, por supuesto, el museo romano, de Rafael Moneo.

El templo de Diana en Mérida.
El templo de Diana en Mérida.

Otra obra maestra de la ingeniería romana es el puente de Alcántara sobre el río Tajo, próximo a la localidad cacereña del mismo nombre. Los romanos hicieron muchos puentes, pero este, uno de los más sobresalientes de los que quedan en el mundo, alcanza la perfección. Se eleva más de 70 metros sobre el cauce del río y tiene una longitud de 214 metros. “Este puente durará mientras dure el mundo”, reza la inscripción que lo corona. De momento, lleva en pie 2.000 años.

Una de las mejores muestras de muralla defensiva del periodo romano en España se encuentra en Coria, en el valle del río Alagón, también en Cáceres. Un paseo alrededor es una forma de descubrir esta ciudad monumental y su importancia histórica. Coria tiene pasado romano y árabe y en sus orígenes fue un poblado vetón.

Esta es solo una muestra de las raíces romanas de esta región... Y las excavaciones no cesan. Una de las últimas incorporaciones al patrimonio romano de Extremadura es el teatro de Medellín. Aunque se conocía su existencia desde hace décadas, los trabajos se iniciaron en 2007 y, para sorpresa de los arqueólogos, las gradas aparecieron casi intactas con más de 800 sillares en su posición original. Se ha abierto recientemente al público.

Buitres en Monfragüe.
Buitres en Monfragüe.

Espacios naturales
Extremadura es una región poco poblada, tiene algo más de un millón de habitantes. Esto le permite conservar espacios naturales únicos, salpicados de norte a sur y de este a oeste por bosques de castaños, robles y encinas.

Monfragüe se erige como uno de los mayores representantes del bosque mediterráneo. Entre su flora abundan las encinas y alcornocales, tan representativos en la zona. Este espacio protegido mantiene el equilibrio entre la atracción turística que supone un parque nacional de estas características y el respeto por el medio ambiente. Es un paraíso para los aficionados al avistamiento de aves de todo el mundo. La Feria Internacional de Turismo Ornitológico que se celebra todos los años se ha consolidado como un referente.

A lo largo de los diferentes recorridos hay miradores para observar la fauna autóctona: buitres leonados, halcón peregrino, águila perdicera, búho real, cigüeña negra...

El agua es parte fundamental del parque: el Tajo y su afluente, el Tiétar, lo atraviesan. En sus orillas se pueden apreciar ruiseñores, cormoranes, martines pescadores y otras especies.

Ubicado entre las comarcas de Las Villuercas, Los Ibores y La Jara, el Parque Geológico de Extremadura es el único geoparque de la región y uno de los ocho que existen en toda España. Comprende 19 municipios de las tres comarcas y es un emblema del turismo sostenible basado en la geoconservación. Su riqueza paleontológica es uno de los mayores atractivos de la zona.

Cerezos en flor
Es un espectáculo bellísimo. Un millón y medio de cerezos tiñen de blanco las laderas del valle en primavera, justo cuando empieza a desaparecer la nieve de las cumbres. Para ver la floración en su esplendor lo mejor es hacer un recorrido por los pueblos del valle del Jerte para disfrutar de diferentes perspectivas.

Plaza Mayor de Cáceres.
Plaza Mayor de Cáceres.

La previsión este año es que la floración se produzca hacia finales de marzo y los primeros 15 días de abril. Los pueblos de la zona organizan una serie de actividades que se inician con la llegada de la primavera el 21 de marzo y finalizan el 3 de mayo. Conviene evitar las aglomeraciones del fin de semana.

Cita gastronómica
Es un motivo más, eso sí, de mucho peso, para visitar Extremadura. La capitalidad de la gastronomía en 2015 convierte a la comunidad en el referente nacional del turismo gastronómico durante este año, con Cáceres como bandera, una ciudad que encierra un extraordinario centro histórico, un conjunto monumental en un excelente estado de conservación Patrimonio de la Humanidad desde 1986.

Con ingredientes como el jamón ibérico, los quesos, el pimentón, las cerezas, el aceite de oliva, la ternera, el cordero o el vino, Extremadura cuenta con ocho denominaciones de origen. Recetas heredadas de las culturas romana, árabe y judía se funden con los platos tradicionales. En la ciudad se puede disfrutar tanto de la gastronomía extremeña de toda la vida como de las propuestas más innovadoras en restaurantes de prestigio.

En el casco antiguo de Cáceres se encuentra un hito gastronómico, Atrio, con una bodega espectacular, considerada como una de las mejores colecciones del mundo, con 3.400 referencias de vino, fruto de la pasión y el afán de José Polo, uno de los propietarios. Con dos estrellas Michelin, el restaurante Atrio es un espacio elegante y sofisticado, cuidado hasta el mínimo detalle, con un delicioso hotel adherido a la cadena Relais & Chateaux. En la cocina, Toño Pérez, pionero de la alta gastronomía en Extremadura, ofrece una carta basada en los mejores productos de la tierra, en la que, naturalmente, destaca el cerdo ibérico.

Pero la oferta gastronómica cacereña no acaba ahí. También en el centro histórico, en un palacio del siglo XV, Torre de Sande, con un agradable jardín comedor, destaca por sus especialidades con cerdo ibérico y caza. Y en el centro neurálgico de la ciudad, cerca de la Plaza Mayor, otro restaurante, Madruelo, con una carta bien elaborada y muy compensada, es recomendable.

A lo largo del año se celebrarán decenas de iniciativas para mostrar el potencial gastronómico y la creatividad de los chefs de la ciudad: rutas temáticas de tapas, vinos, dulces, menús degustación...
Además, Cáceres destaca por su agenda cultural y de ocio durante todo el año. Para los aficionados al arte, el Centro de Artes Visuales Helga de Alvear es una visita imprescindible.

El manjar de la dehesa
A nadie sorprende que el jamón sea una de las razones para poner rumbo a Extremadura (¿a quién no le gusta este manjar?). Las comarcas del sur de Badajoz forman parte de la ruta en la que el jamón ibérico comparte protagonismo con la naturaleza. Es la manera ideal de adentrarse en la dehesa, un ecosistema tan único como productivo. Aquí, el rey es el cerdo.

Hay varias posibilidades. Una de ellas, la ruta del jamón de las sierras de Badajoz, es una excelente opción para descubrir todo un mundo de sensaciones ibéricas, con visita a secaderos y degustación de algunos de los mejores jamones del mundo, por supuesto, a la vez que se practica el senderismo o, si se desea, el cicloturismo por la extensa dehesa extremeña.

Esta ruta, que recorre 33 municipios de las comarcas del sur, algunos con valiosos patrimonios histórico-artísticos, parte de Azuaga hacia Fregenal de la Sierra, Fuentes de León, Higuera la Real, Jerez de los Caballeros, Llerena y Monesterio, entre otras localidades.

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