El Foco

¿Jóvenes sobradamente preparados?

Durante la próxima década, las oportunidades de empleo para los jóvenes mejorarán, pero las demandas de las empresas se concentrarán en ocupaciones que exigirán muchos años de estudio y elevadas competencias profesionales efectivas. Solo quienes las posean competirán por puestos a los que también optarán trabajadores del exterior.

La enorme tasa de paro juvenil y el ritmo de recuperación del empleo en 2014 ofrecen dos imágenes fuertemente contrastadas de la situación actual, pero deben ser tenidas en cuenta al valorar las perspectivas laborales de las nuevas generaciones. Un estudio de Lorenzo Serrano y Ángel Soler sobre formación y empleo de los jóvenes, recientemente publicado por la Fundación BBVA y el Ivie, ofrece un diagnóstico amplio, documentado y ponderado de las oportunidades y amenazas de la sociedad española en este ámbito.

Alejado de las simplificaciones de brocha gorda con las que con frecuencia se abordan los problemas importantes en este país, el análisis de estos investigadores ofrece buenas noticias para los jóvenes mejor formados, pero constata que otros muchos pueden tener serias dificultades de empleabilidad por carencias en su preparación. Reitera las advertencias de muchos analistas y observadores del caso español sobre los graves riesgos de exclusión que corren quienes solo tienen estudios elementales, pero señala que parte de los que cuentan con titulaciones medias y superiores pueden tener también problemas porque poseen menos competencias de las que cabría esperar por sus años de estudio.

Las oportunidades laborales de los jóvenes no dependen solo de la creación neta de empleo, sino también del relevo generacional en los puestos de trabajo. El crecimiento neto del empleo será importante de consolidarse aumentos de la ocupación como el de 2014 o el previsto para 2015. Pero las previsiones indican que habrá que sustituir a varios millones de trabajadores que se retirarán en la próxima década y ese será un yacimiento de empleo mucho mayor. Según las estimaciones de Cedefop (centro de la UE especializado en estas materias), el tejido productivo español cubrirá hasta 7,6 millones de vacantes por abandono de la actividad y una parte importante de las mismas serán ocupadas por las nuevas generaciones.

"Dependen también del relevo generacional en los puestos de trabajo”

Casi la mitad de esas vacantes serán ocupaciones altamente cualificadas: directivos y gerentes, técnicos y profesionales científicos e intelectuales, y personal técnico de apoyo. Las ocupaciones para técnicos y profesionales de apoyo serán, además, las que concentrarán la creación de empleo adicional esperada para los próximos diez años. Por tanto, los titulados superiores, profesionales y universitarios, que poseen la preparación para optar a esos puestos serán quienes disfrutarán del mayor número de oportunidades.

En las ocupaciones escasamente cualificadas también se habrá de cubrir un número importante de retiros, pero apenas habrá creación neta de empleo porque la automatización de muchas tareas está sustituyendo numerosos puestos de trabajo por un uso intensivo de tecnología. En consecuencia, la competencia por los empleos restantes de este tipo será mucho más intensa, dado el elevado número de candidatos con ese perfil.

La razón por la que las demandas de las empresas se orientarán sobre todo a cubrir ocupaciones que requieren altos niveles de formación es que el tejido productivo se desplaza paulatinamente hacia actividades más sofisticadas e intensivas en tecnología y las empresas necesitan gestionar situaciones crecientemente complejas. Para enfrentarse a ellas, el uso de capital humano es imprescindible y hemos de preguntarnos si disponemos de recursos humanos con los perfiles adecuados.

Hace algunos años, estuvo de moda resumir las mejoras educativas de la última generación refiriéndose a sus miembros como “jóvenes, aunque sobradamente preparados” (JASP). La cifras de sobrecualificación de muchas personas con estudios superiores que realizan trabajos para los que no se necesitaría esa formación parecen confirmar esa visión. Sin embargo, existen razones para cuestionar el exceso de cualificación de los jóvenes y, en un momento en el que la demanda de empleo cualificado previsiblemente va a repuntar, cabe preocuparse también por si la oferta de recursos humanos altamente cualificados es insuficiente.

La razón para tener dudas es que los resultados formativos de los años de estudio no han sido los esperados, y se adaptan mal a unas demandas del mercado de trabajo cada vez más exigentes. Según las evaluaciones internacionales, los niveles de comprensión lingüística y matemáticas de los españoles –incluidos los que poseen estudios superiores- son menores que los de otros países. Esto significa menor capacidad de enfrentarse a problemas laborales o cotidianos que requieren poseer destrezas a nivel alto. Tampoco es nuevo que las empresas advierten insuficiencias relevantes en idiomas, informática o habilidades como la comunicación oral o escrita.

La creciente complejidad tecnológica, organizativa, financiera y comercial hace que las empresas necesiten cada vez más trabajadores con elevadas cualificaciones. Según los datos de la encuesta Piaac, solo un 5% de los universitarios españoles alcanzan niveles altos o muy altos de competencias, mientras la media de los países de la OCDE se aproxima al 15%. Así pues, la calidad de los recursos humanos disponible no es la mejor y puede ser insuficiente para responder a una demanda de capital humano cada vez mayor. Si así fuera, en un mercado cada vez más abierto y en el que los trabajadores más cualificados son más móviles, los candidatos del exterior –españoles expatriados y extranjeros- acudirán a aprovechar las oportunidades y tendrán las mayores probabilidades de éxito.

La sobrecualificación es un desajuste preocupante porque impide aprovechar el esfuerzo privado y público realizado para adquirir formación, pero probablemente su importancia se ha exagerado: la mitad de los universitarios teóricamente sobrecualificados no tienen los niveles de comprensión lectora o de matemáticas que se esperan de un titulado superior. Esa situación es preocupante y no porque la formación no se adquiere de manera adecuada. Que los titulados no posean las competencias esperables de sus estudios también tiene consecuencias laborales porque su desempeño en los puestos para los que está teóricamente ajustado será peor -pues de facto está infracualificado- y la productividad de las empresas, menor.

España no puede ignorar estos riesgos si quiere aprovechar las ventajas de la recuperación. Debe prestar atención a la mejora de los resultados educativos pero también cubrir las carencias de muchos jóvenes que ya han salido del sistema educativo. Si no despliega políticas mucho más ambiciosas y rigurosas que las actuales, corre el riesgo de desaprovechar las oportunidades que representará la importante renovación laboral que tendrá lugar en la próxima década, perdiendo la ocasión que la misma representa para mejorar la productividad, una materia en la que seguimos muy alejados de los países de nuestro entorno.

 

Francisco Pérez es catedrático de Análisis Económico de la Universitat de València y director de Investigación del Ivie

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