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Japón, inmune a la cura monetaria

La economía de Japón ha salido de la recesión, pero su renqueante mercado de trabajo está limitando la recuperación. El producto interior bruto creció a una tasa interanual del 2,2% en los últimos tres meses del 2014, revirtiendo dos trimestres consecutivos de caída de la producción. Sin embargo, la recuperación fue más débil de lo esperado. Los economistas encuestados por Reuters habían pronosticado un crecimiento del 3,7%.

Un tercio de la expansión llegó gracias al aumento de las exportaciones netas. Por el contrario, la demanda interna –que se hundió después de que el gobierno elevara el impuesto sobre las ventas en abril del año pasado– sigue siendo débil. A pesar de un incremento del 60% en el programa de expansión cuantitativa del Banco de Japón en octubre, la inversión privada no residencial apenas creció.

Es poco probable que más impresión de yenes implique un crecimiento salarial más rápido

Gran parte de la culpa la tiene el fracturado mercado de trabajo de Japón. Desde que Shinzo Abe fue elegido primer ministro en diciembre de 2012, las filas de los trabajadores temporales y a tiempo parcial y los trabajadores con contratos a corto plazo han aumentado en más del 10%. Los empleos mejor remunerados a tiempo completo se han reducido en un 1%.

La reforma de las rígidas leyes laborales niponas debería dar a esos empleados no regulares mayor seguridad en el empleo, animándoles a exigir salarios más altos –y a gastar lo recaudado–. Sin embargo, las empresas seguirán resistiéndose al cambio y considerarán cualquier interferencia en las prácticas de contratación como una incursión en su rentabilidad.

Las acciones japonesas subieron tras el informe del PIB, ya que los inversores apostaron a que una recuperación más débil de lo esperado obligaría al Banco de Japón a poner en marcha un paquete de estímulo aún mayor. Pero es poco probable que más impresión de yenes implique un crecimiento salarial más rápido.

El informe del PIB es un recordatorio de que la débil recuperación se está volviendo inmune a la medicina monetaria. A menos que el mercado laboral de Japón mejore, el remedio podría perder toda su potencia.

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