Jorge Piñón, director interino del Centro Internacional de Política Energética de la Universidad de Texas en Austin

“Es posible ver el petróleo a 38 dólares a corto plazo”

El experto en política energética de la Universidad de Texas, Jorge Piñón.
El experto en política energética de la Universidad de Texas, Jorge Piñón.

Director del Programa de Energía y Medio Ambiente de la Universidad de Texas en Austin y director interino del Centro Internacional de Política Energética y Medioambiental, Jorge Piñón es, por su carrera de más de 30 años en el sector energético, uno de los máximos expertos mundiales de petróleo. Tras una conferencia sobre el impacto de la fracturación hidráulica en la producción de crudo, en el marco del 12 Encuentro del sector energético, organizado por el IESE, el analista acepta formular a Cinco Días sus hipótesis sobre el futuro de este mercado.

Pregunta. La primera pregunta es ineludible, dada la situación: ¿qué previsiones puede hacer sobre el precio del petróleo?

Respuesta. No comparto el optimismo de quien dice que pronto llegaremos a 80 dólares por barril. Puede que sea una posibilidad remota, pero a corto plazo, de aquí a septiembre, el barril de West Texas Intermediate podría llegar a 38 dólares. La sobreproducción mundial alcanza unos 1,5 millones de barriles diarios y hay una capacidad de almacenamiento nunca vista, no solo en tierra sino también en buques en alta mar. No podemos seguir en esta situación con un precio por barril de 50 dólares, algo tiene que pasar.

P. ¿Qué puede suceder?

R. Que Arabia Saudí recorte la producción en un millón de barriles diarios. Rusia no se da el lujo de cerrar el grifo, puesto que, aunque el barril se intercambiara a un precio aún más bajo, necesita mantener el flujo de caja. Por el contrario, Arabia Saudí podría permitírselo.

P. Sin embargo, sigue repitiendo que no lo va a hacer. Y la OPEP acaba de aumentar las previsiones de oferta de su crudo, mientras disminuye la de EE UU. ¿No cree que la estrategia de Arabia Saudí esté teniendo éxito?

R. No me gusta la palabra conspiración. De todas formas, estoy convencido de que en este momento en las trastiendas, allá donde uno puede tomarse un café tranquilo, está habiendo conversaciones sobre adónde van tanto EE UU como Rusia, Irán, Israel o Arabia Saudí. No sé cómo acabarán pero, prescindiendo de las tensiones geopolíticas, este es el panorama. Además, no hay que olvidar el otro cuerno del problema.

P. ¿Es decir?

R. Al fin y al cabo, ¿a quién vendemos estos 400 millones de barriles almacenados? El nuevo equilibrio del barril a largo plazo podría situarse en los 77 dólares de aquí a tres años, pero para alcanzar este número mágico hace falta la demanda. Las economías de los países emergentes como China, India o Brasil, sin embargo, ya no crecen a los niveles registrados en los últimos años.

P. ¿A qué países impacta, sobre todo, esta guerra de precios?

R. Los que más van a sufrir el desplome del precio del petróleo son Rusia, Venezuela, Nigeria, Angola, Ecuador, Irán y, tal vez, Irak. La estrategia de Arabia Saudí es más a largo plazo. En este momento padece el hecho de que, por la misma cantidad de crudo, ingresa la mitad, pero su objetivo es otro: mantener su participación en el mercado en los próximos cinco o diez años al mismo nivel que hoy.

P. Hemos escuchado muchos anuncios de desinversión por parte de las petroleras, debido a la falta de rentabilidad de unos proyectos en la actual coyuntura. ¿Qué nos espera?

R. Si yo fuera un inversor, estaría comprando acciones de las compañías, porque es ahora cuando van a tomar decisiones que, a lo mejor, han tardado años en tomar, como cerrar una planta ineficiente, transferir empleados o –y es una lástima– despedir a 5.000 trabajadores. Pero esto permite a las empresas reorganizarse, para operar de manera más eficaz cuando vuelva el equilibrio. De vez en cuando, necesitamos bofetadas como estas. Estoy convencido de que la compra de Talisman por Repsol no va a ser la única: en los próximos meses otras multinacionales van a adquirir empresas medianas.

P. ¿Y qué impacto tiene esta situación en EE UU?

R. No olvidemos que el precio bajo de la gasolina representa un ahorro de entre 750 y 1000 dólares al año para el consumidor americano. Es dinero que vuelve a impulsar el motor de la economía estadounidense. Y si hablamos de un recorte en la producción, hay que recordar que los pozos de esquisto, responsables del boom de EE UU, no pierden productividad una vez reabiertos, como sucede con las perforaciones convencionales, con lo cual es más fácil frenar la producción. Es verdad que en algunos condados del oeste de Texas las consecuencias van a ser muy duras, pero en general, puedo decir que estos niveles de precios benefician a EE UU más que le perjudican.

P. ¿Cree en la independencia energética de EE UU?

R. No suelo fijarme mucho en los estudios macroeconómicos a largo plazo, soy más realista y quiero ver qué pasará en los próximos diez años. No solo para EE UU, sino también para cualquier otro país, es fundamental tener un sistema energético abierto y flexible, para suministrar energía de diferentes puntos del mundo, donde sea más rentable o más oportuno. No es la independencia energética lo que estamos buscando, sino una infraestructura que nos permita importar y exportar. Lo estamos consiguiendo con el levantamiento de la prohibición de exportar crudo y la construcción del oleoducto de Keystone, que conectará Canadá y EEUU. De esta forma, adquirimos una seguridad energética muy ventajosa. Esto es lo realmente importante.

P. Más allá de las grandes compañías petroleras, ¿qué papel han tenido los pequeños empresarios en la llamada revolución de los no convencionales en EE UU?

R. Fue muy importante al principio de este proceso. Cuando estas compañías fueron a pedir financiación, el banco se la concedió, porque tenían un contrato con el propietario del terreno de la futura explotación. En EE UU el dueño de una finca es también titular de los derechos minerales, es decir de todo lo que se encuentra por debajo del suelo. Ahora, estos mismos empresarios son los que van a sufrir, porque deben devolver el préstamo al banco, pero ingresan mucho menos que antes. Allí está la oportunidad para las grandes petroleras como Repsol, BP o Cepsa, para sacar a las medianas de este problema y, al mismo tiempo, adquirir sus reservas por 50 dólares por barril en vez de 100.

P. ¿Es posible una revolución de no convencionales en Europa?

R. No, porque no se reconocen los derechos minerales y no estáis acostumbrados a las explotaciones petroleras, como sucede en Texas, California, Oklahoma, Colorado o las Dakotas. Yo creo que el problema en Europa es una cultura diferente, así como en Ohio, Pennsylvania y Nueva York, que son Estados más liberales y más sensibles a los costes sociales y medioambientales.

P. La fracturación hidráulica tiene detractores por sus impactos en el medioambiente. ¿Qué opina al respecto?

R. Cualquier explotación de los recursos naturales tiene sus desafíos ecológicos. El fracking también, pero la industria ha reducido mucho este impacto, por ejemplo en la utilización del agua. Pueden producirse temblores por la actividad de fracturación hidráulica, pero son muy localizados y sin daños físicos o materiales a las personas.

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