Tribuna

Draghi y Juncker, ante la coyuntura económica

El plan Juncker puede ser el complemento que necesita la expansión monetaria (QE), aprobada recientemente por el Banco Central Europeo (BCE), para hacer efectiva su finalidad. Con razón han advertido los directivos del BCE que el aumento de la circulación monetaria no conseguirá impulsar el crecimiento económico si no se toman medidas en la economía real.

Puede sorprender, a primera vista, que al afirmarse esta necesidad no se haya hecho ninguna mención del plan de inversiones elaborado por el nuevo presidente de la Comisión Europea (CE), pero esto puede deberse a la cautela con que están actuando los responsables del BCE para que sus novedosas decisiones no infrinjan lo establecido por los tratados europeos, al prohibir que la política monetaria pueda ser instrumentalizada por el poder político. Es la misma razón por la que se ha establecido que la compra de la deuda pública se realice en el mercado secundario.

Por otra parte, esa expansión monetaria que va a tener la eurozona puede facilitar, aunque de un modo indirecto, el problema financiero que tantas dificultades ha creado al plan comunitario de inversiones. Ya no tendrá que disculparse Juncker diciendo que la CE “no tiene una máquina de imprimir dinero”.

Desde que Juncker, en su presentación ante el Parlamento Europeo como nuevo presidente de la CE, en el mes de julio, prometiera un programa coyuntural para la eurozona, no había encontrado todavía de dónde podrían salir esos 315.000 millones de euros que llegó a suponer el gasto previsto para su programa de inversiones. Después de muchas negociaciones, se decidió crear un Fondo Europeo de Inversiones Estratégicas (EFSI) que partiría de 21.000 millones de euros de capital público comunitario como aval para movilizar inversiones públicas y privadas de los Estados miembros hasta llegar al volumen de inversiones fijado para el trienio 2015-2017.

Varios países, y entre ellos el nuestro, ya se habían ofrecido para esa colaboración, a pesar de las dificultades que tenían por su situación financiera. Y esto es precisamente lo que va a solucionar la expansión monetaria aprobada por el BCE, pues, desde el mes de marzo hasta por lo menos septiembre del 2016, se aumentará el volumen monetario en 1,5 billones de euros, de los que podrán participar con sus emisiones de deuda los países miembros en distintas cantidades, que para España alcanzarían hasta unos 162.000 millones de euros.

A esta colaboración de la política monetaria para facilitar la posible financiación de inversiones, sin saltarse las normas establecidas por los tratados, corresponderá por su parte el plan Juncker garantizando el empleo responsable de los nuevos recursos.

En las conclusiones del Consejo Europeo, celebrado el 23 y 24 de octubre, se decidió crear un grupo de trabajo dirigido por la Comisión y el BEI para definir una cartera de proyectos de interés europeo que pudieran realizarse a corto y medio plazo y que se presentaría en el Consejo Europeo del mes de diciembre. En este informe se trataría de concretar en qué proyectos de inversión se emplearían los recursos monetarios estimuladores de la coyuntura. Pues, como dijo la nueva comisaria de Presupuestos, Cristalina Georgieva, los proyectos que se han de financiar han de tener un claro valor añadido europeo para no malgastar el dinero público. El Consejo Europeo del 18 y 19 de diciembre ratificó la creación del EFSI, pero ha retrasado la aprobación del reglamento que ha de regular el Plan de Inversiones. El informe del grupo de trabajo, creado en octubre, recoge en 600 páginas los más de 2.000 proyectos de inversión presentados por los países miembros, entre los cuales los de España suponen un importe de 53.000 millones de euros. Pero hay que esperar a que se apruebe el reglamento mencionado para saber cuáles son los proyectos seleccionados para las primeras inversiones.

Esta es, por tanto, la colaboración con la que el plan Juncker podría corresponder a los recursos monetarios facilitados por la nueva política del BCE, tratando de garantizar que los estímulos monetarios encuentren los adecuados cauces en la economía real para que las dos instituciones, la política y la monetaria, consigan mejorar el decaído ciclo coyuntural en que se encuentra la economía europea.

Eugenio M. Recio es profesor honorario de Esade.