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La distorsión inducida por el BCE

Los planes de compra de bonos del presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi han dado una nueva oportunidad para el rally en la mayoría de los mercados de deuda de la zona euro. Pero también están distorsionando los mercados de formas insidiosas.

Un problema es que los inversores están evitando cualquier cosa que el BCE no vaya a comprar. Un ejemplo es la escasez de la demanda en las subastas de bonos que se encuentran fuera del rango de la madurez de dos a 30 años en las que el BCE tiene la intención de comprar.

Surgirá otra complicación una vez que se ponga en marcha la compra. A medida que el banco central se haga con deuda pública, la liquidez de un mercado ya irregular se deteriorará aún más. Esto ha sucedido en Japón, donde la compra de bonos del banco central ha alimentado una iliquidez tal que a veces un par de operaciones pueden causar grandes bandazos en la rentabilidad.

A medida que el banco central se haga con deuda pública, la liquidez del mercado se deteriorará

Los mercados de bonos de la periferia de la zona euro ya fueron vulnerables a los episodios de fuga de liquidez el año pasado, y bien pueden sufrir aún más. Pero incluso el mercado de deuda pública alemana es susceptible. Las compras del BCE pueden tener relativamente más impacto en la liquidez del mercado en los países donde la nueva emisión neta languidezca tras la compra del BCE. Es probable que Alemania sea el caso más extremo en este recuento.

La falta de liquidez podría verse exacerbada por la rentabilidad negativa ofrecida en bonos alemanes con vencimiento a cinco años o menos. Los analistas de JPMorgan aseguran que los participantes del mercado están menos dispuestos a operar con rendimientos negativos, y que por lo tanto el fenómeno tiende a deprimir los volúmenes de negociación y liquidez. Si es así, la falta de liquidez será más aguda a medida que la compra del BCE empuje la rentabilidad de los bonos de la zona por debajo de cero.

Por supuesto, el BCE tiene algunos límites autoimpuestos sobre sus compras de bonos para reducir al mínimo las posibles distorsiones del mercado. Pero como muestra Japón, no hay mercado de bonos, independientemente de su tamaño, que pueda funcionar normalmente cuando el banco central se convierte en un jugador tan dominante.