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El intento del BCE funciona

La expansión cuantitativa (QE, por sus siglas en inglés) debería acotar las grandes diferencias de crédito de la zona euro. El enorme abismo entre los tipos de financiación de los estados centrales como Alemania y las economías periféricas como Italia ha sido sin duda el mayor dolor de cabeza del bloque. La compra de bonos, anunciada oficialmente el 22 de enero, podría impulsar un deshielo que ya está en marcha.

Los costes de financiación de los países más débiles de la zona cayeron en 2014, impulsados por el recorte de tipos del Banco Central Europeo, la financiación bancaria barata a largo plazo y las compras de deuda del sector privado.

El compromiso del BCE de comprar 1,1 billones de euros en bonos hasta 2016 debería reforzar esta tendencia. Los diferenciales en los mercados de bonos probablemente caerán, al igual que se hundirán los rendimientos de la deuda pública de bajo riesgo. Como los inversores se verán empujados comprar bonos de deuda soberana o corporativos de más riesgo, las condiciones crediticias periféricas deberían mejorar.

Los costes de financiación de los países más débiles de la zona euro cayeron en 2014

Los bancos también están en una mejor situación. Aunque la revisión de calidad de los activos del BCE era inevitablemente imperfecta, los prestamistas están ahora, en general, menos limitados de capital. Mientras tanto, la compra de valores respaldados por activos por parte del banco central está ayudando al mercado de titulización. A medida que los prestamistas puedan cambiar los riesgos de sus balances, se sentirán más felices prestando. Si no extienden crédito, no ganarán casi nada con la deuda pública, y menos aún manteniendo el dinero en depósito (por los tipos negativos).

El eslabón perdido es la demanda de crédito de consumo, escasa durante la crisis. El deseo de financiación de empresas y hogares comenzó a remontar el año pasado, y las recientes encuestas sobre préstamos europeos apuntan a la mayor demanda desde 2007, según UniCredit. Si esta puede igualar a la oferta, las previsiones actuales de crecimiento, que el Fondo Monetario Internacional cifra en un 1,2%, podrían empezar a parecer pesimistas.