Blancos o rosados maridan desde entrantes a postres y frutas

Un cava para cada plato y en toda celebración

El espumoso catalán acompaña cada vez más el menú navideño y reina en los brindis

Al descorchar el cava hay que evitar que el espumoso se derrame para conservar todos sus aromas.
Al descorchar el cava hay que evitar que el espumoso se derrame para conservar todos sus aromas.

Cada Navidad y Nochevieja nos acompaña en comidas, cenas y brindis y es un convidado imprescindible en cualquier celebración que se precie; forma parte de recetas suculentas y las bodegas donde se aposenta se han convertido en destino seguro de los fanáticos del enoturismo.

Es el cava; para los maledicientes, el hermano pobre y sin glamour del champán francés. Nada más lejos de la realidad aunque, como en todo, hay clases y la calidad importa.

En el mundo se venden alrededor de 240 millones de botellas de cava; de ellas, 160 millones –el 66,6%– se destinan a la exportación y se distribuyen en 120 países, según datos del Consejo Regulador del Cava. Freixenet y Codorníu son las marcas más famosas.

Alemania, Reino Unido, Bélgica, Estados Unidos y Japón son los principales clientes del espumoso español, y solo en estos dos últimos se importan más botellas de champán que de cava.

Y es que la producción del cava ya no es exclusiva de Cataluña, sino que algunas zonas de La Rioja y la localidad extremeña de Almendralejo suman sus variedades a esta denominación de origen, como recoge el Institut del Cava, que agrupa a productores del Penedès, Barcelona, Gerona y La Rioja.

El cava es un vino delicado que no debe limitarse a coronar los brindis de comidas y cenas, sino que puede acompañar cada plato en perfecto maridaje. Solo hay que saber elegir.

Los cavas se clasifican según su contenido en azúcares: desde brut nature –entre 0 y 3 gramos por litro– al dulce –más de 50 gramos por litro–. Entre uno y otro, la diversidad es amplia, en función de los azúcares añadidos: extra brut, brut, extra seco, seco y semiseco.

Blanco o rosado, el cava es un espumoso con aromas diferentes que lo convierten en un vino muy versátil que permite acompañar desde mariscos, pescados, asados o postres. Un brut es ideal para degustar con aperitivos tan diferentes como canapés, ostras, jamón, quesos o frutos secos.

Para mariscos, pescados y arroces, atrévase con un cava brut o brut reserva, afrutado, con un punto de acidez estimulante y fresco. Para carnes, asados, caza o platos muy condimentados y laboriosos pruebe un cava brut nature gran reserva, con más cuerpo y amplitud para acompañar este tipo de menús más consistentes. Para repostería elija un cava semiseco o dulce, de cierta edad, que será un complemento ideal de los postres por unir suavidad y frescor.

Las frutas combinan perfectamente con cavas blancos o rosados. Los rosados tienen la particularidad de que solo se elaboran con un tipo de uva tinta, trepat. Otras variedades tintas, como garnacha tinta, monastrell o pinot noir, se utilizan en la producción de blancos, aunque las más conocidas son macabeo, xarel.lo y parellada. Para la elaboración del champán solo se utilizan tres variedades de uvas: pinot noir, pinot meunier y chardonnay. Pruebe, compare y brinde.

Azúcar, uvas, paciencia y degustación

Un viñedo en el Penedès.
Un viñedo en el Penedès.

El contenido de azúcar, el tiempo de crianza o los tipos de uvas son los criterios que se utilizan para clasificar los cavas. Su elaboración dura un mínimo de nueve meses desde el tiraje (todas las acciones que se realizan para embotellar el vino) hasta el degüelle (eliminación de los sedimentos producidos en la segunda fermentación o la fermentación en botella, cuando el vino crea las burbujas).

Un cava es crianza (9 meses), reserva (más de 15 meses) y gran reserva (desde 30 meses). Por el tipo de uva, los cavas pueden ser: macabeo (viura), xarel.lo o parellada, que se consideran las tres variedades principales del espumoso catalán.

Temperatura, descorche y copas

Un cava para cada plato y en toda celebración

El cava debe servirse entre 5ºC y 8ºC de temperatura. Los jóvenes y ligeros son los que se sirven más fríos. Al enfriar el espumoso debe evitarse el congelador, para no comprometer sus cualidades ante un cambio brusco de temperatura.

Al descorchar la botella, hágalo con suavidad, evite la espuma y que se derrame. No llene más de dos tercios de la copa para no perder la temperatura óptima.

El tipo de copas más adecuado para degustar este delicado vino es la de cristal fino y transparente, aflautada o en forma de tulipa. Huya de la copa ancha, ya que los aromas se diluyen rápidamente.